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Las
víctimas de un juego peligroso
Una
guerra de silbadores dejó a Daniel postrado en una cama de
hospital durante un mes y medio. La fricción de unas mechas
recién compradas para la elaboración de productos
pirotécnicos provocó la chispa que cambió la
vida de Alejandra. Tan sólo dos ejemplos de las decenas de
víctimas que cada año quedan marcadas para siempre
por el mundo que rodea a la pólvora.
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Nombre: Alejandra Yamileth González.
Edad: Nueve años.
Estudios: Cursaba el Segundo Grado de Educación Básica
antes del accidente.
Heridas: Tiene quemaduras en la cara, brazos, piernas y pies
por un incendio en su hogar.
Tratamiento: Permaneció dos meses ingresada en el Bloom.
De grande: La niña quiere ser doctora de niños. |
Quiero ser doctora
A sus nueve años, Alejandra Yamileth González sabe
lo que es el dolor de los tratamientos para quemaduras.
Esta menor sufrió daños de tercer grado en piernas,
brazos y cara, cuando quedó atrapada en un incendio que se
desató en su casa a mediados de año.
Al preguntarle si todavía le viene a la memoria lo que sucedió
aquel 11 de julio, Alejandra menciona que el siniestro fue un día
jueves.
Recuerdo que estaba dormida, sentí que me quemaba la
planta del pie y luego la pierna, explicó la infante.
El sueño de Alejandra fue interrumpido por la furia de un
incendio que se desató en su casa, que le provocó
graves heridas a ella y a su familia.
Durante siete años, la necesidad de subsistir hizo que los
González trabajarán de forma clandestina para una
cohetería no identificada. Su labor consistía en la
envoltura de la mecha que se utiliza para los cohetes.
Era la manera de obtener el sustento diario. Su propio hogar, ubicado
en el Barrio San Sebastián de Ciudad Delgado, era, también,
su lugar de trabajo.
La noche del suceso, los González habían recibido
un gran cargamento de mecha. A eso de las 11:00 p.m., Edgar, el
hermano mayor de Alejandra , decidió moverla del lugar donde
la habían guardado.
Al parecer, las mechas se rozaron entre sí, y eso desató
que todas agarraran fuego, y así se produjo el incendio,
dijo Blanca Nohemí, la madre de los menores.
Hoy, la niña asiste cada ocho días a las terapias
de recuperación en el Hospital Bloom.
Con ese duro pasado y el dolor y la picazón que sufre en
las partes afectadas, esta valiente niña no pierde el sueño
de ser doctora cuando sea grande.
Por el momento espera la llegada de Santa Claus. Para que
me regale ropa, ya que la que tenía se me quemó,
relató Alejandra.
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