Turismo
 
Inicio del Sitio Lunes 22 de Diciembre
 

 

 
 

Las víctimas de un juego peligroso

Una guerra de silbadores dejó a Daniel postrado en una cama de hospital durante un mes y medio. La fricción de unas mechas recién compradas para la elaboración de productos pirotécnicos provocó la chispa que cambió la vida de Alejandra. Tan sólo dos ejemplos de las decenas de víctimas que cada año quedan marcadas para siempre por el mundo que rodea a la pólvora.

Erick Rodríguez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Nombre: Alejandra Yamileth González.
Edad: Nueve años.
Estudios: Cursaba el Segundo Grado de Educación Básica antes del accidente.
Heridas: Tiene quemaduras en la cara, brazos, piernas y pies por un incendio en su hogar.
Tratamiento: Permaneció dos meses ingresada en el Bloom.
De grande: La niña quiere ser doctora de niños.

“Quiero ser doctora”

A sus nueve años, Alejandra Yamileth González sabe lo que es el dolor de los tratamientos para quemaduras.

Esta menor sufrió daños de tercer grado en piernas, brazos y cara, cuando quedó atrapada en un incendio que se desató en su casa a mediados de año.

Al preguntarle si todavía le viene a la memoria lo que sucedió aquel 11 de julio, Alejandra menciona que el siniestro fue un día jueves.

“Recuerdo que estaba dormida, sentí que me quemaba la planta del pie y luego la pierna”, explicó la infante.

El sueño de Alejandra fue interrumpido por la furia de un incendio que se desató en su casa, que le provocó graves heridas a ella y a su familia.

Durante siete años, la necesidad de subsistir hizo que los González trabajarán de forma clandestina para una cohetería no identificada. Su labor consistía en la envoltura de la mecha que se utiliza para los cohetes.

Era la manera de obtener el sustento diario. Su propio hogar, ubicado en el Barrio San Sebastián de Ciudad Delgado, era, también, su lugar de trabajo.

Lea además

 

Habrá 13 mil ventas de pólvora en el país
Unos 345 bomberos permanecen en emergencia desde el 15 de diciembre, como parte del plan de contingencia preparado para Navidad y el Año Nuevo.

La noche del suceso, los González habían recibido un gran cargamento de mecha. A eso de las 11:00 p.m., Edgar, el hermano mayor de Alejandra , decidió moverla del lugar donde la habían guardado.

“Al parecer, las mechas se rozaron entre sí, y eso desató que todas agarraran fuego, y así se produjo el incendio”, dijo Blanca Nohemí, la madre de los menores.

Hoy, la niña asiste cada ocho días a las terapias de recuperación en el Hospital Bloom.

Con ese duro pasado y el dolor y la picazón que sufre en las partes afectadas, esta valiente niña no pierde el sueño de ser doctora cuando sea grande.

Por el momento espera la llegada de Santa Claus. “Para que me regale ropa, ya que la que tenía se me quemó”, relató Alejandra.

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal