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Al final se hizo justicia

Juventud Independiente se recuperó y se impuso a San Martín.

Tomás Romero
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Anticipado. Arango y Alvarado, de San Martín, evitan que Cedillos contacte con el balón. Foto: EDH

Más que recuperación milagrosa fue un acto de justicia. Municipal San Martín se puso en ventaja con un penalti dudoso, pero cayó con un gol que bien puso asegurarle el trabajo a Jhon Castillo, delantero de Juventud Independiente.

Y es que durante casi todo el partido, Castillo fue víctima de los insultos de su público, que pedía su cambio y le recordaba que estaba amenazado por su bajo rendimiento. Todo quedó en el olvido, su equipo ganó 2-1.

El por qué de lo anterior era obvio. Deambulaba de un lado a otro en el área rival pero no encontraba el balón. En los 90 minutos tuvo tres oportunidades, una se la desvió el portero debutante Claudio Cina, otra la estrelló en el travezaño con tan buena fortuna que le regresó para anotar en su tercer intento. Corría el minuto 85 y el público que hacía un minuto lo odiaba, parecía dispuesto a levantarle un monumento: era el 2-1 para el equipo de San Juan Opico.

El juego careció de técnica, y si bien el portero de Juventud Independiente, David Martínez intentaba abrir por lo laterales, después un pelotazo en busca de Alejandro Domínguez era la salida del equipo. San Martín no presentó más opciones que sus individualidades.

Se robó el show


El partido estaba abierto para cualquiera. Un ir y venir improductivo pero que mantenía atentos a los fanáticos. El marcador seguía en blanco pero a los 63 minutos surgió un penalti.

El balón regresaba de rebotar en el ángulo izquierdo cuando se escuchó el silbato de Mauricio Humberto Martínez. La sanción fue reclamada por Juventud Independiente, pero igual, fue cobrada por Franco Rodríguez, quien puso el 1-0 para San Martín.

Minutos después, una supuesta mano en el área de San Martín fue reclamada por los jugadores visitantes, así como muchos errores de apreciación, en lo que sancionaba a favor del infractor.

Pero por supuesto, lo más evidente fue un codazo de Guillermo Rivera, en el minuto 87 sobre Castillo, en un momento en el que San Martín era presa de la desesperación. A los 80, Vicente Gamero había igualado el marcador con un tanto de cabeza, y cinco minutos después, Castillo puso el 2-1.
Rivera no fue amonestado, pero al final, el central se llevó a nueve con amarilla y a tres con roja.

 

 

 

 

 


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