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La fiesta no paró hasta el amanecer

FAS celebró durante todo el viaje de regreso a Santa Ana.

JORGE CARBAJAL
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Memorable. El plantel tigrillo posa con el trofeo y afición, en la típica foto con la que se rompe el protocolo. Foto: EDH/Arturo Silva

Los aficionados de Águila ya se habían ido, pero los de FAS seguían ahí, afuera de los camerinos del estadio Cuscatlán, en espera de ver desfilar a sus héroes hacia el bus de la alegría.
Protegidos por una valla humana, construida por miembros de la Policía Nacional Civil, los nuevos campeones nacionales abordaron el enorme vehículo rojo rumbo a su querida Santa Ana.

Pero antes de llegar a su destino los esperaba un rito de fe, y mucha interacción con los aficionados de hueso duro, quienes seguían celebrando el sufrido triunfo de la tarde de ayer domingo.
“Si ya no falta nadie nos vamos”, dijo el chofer del autobús, cerró la puerta y arrancó.

Pero mientras algunos de los jugadores pedían el refrigerio para recuperar energías, y algunos de ellos ya disfrutaban de un emparedado de jamón y una soda, el capitán del equipo, el veterano William Osorio, les recordó de la promesa.

“Bueno yo me quedó ahí en la esquina. ¿Quiénes más van conmigo?, dijo Osorio, mientras buscaba la puerta, en compañía de su hijo William”.
La pregunta tuvo eco y rapidamente fue respondida por el preparador físico del equipo, el colombiano Carlos Villareal.

“Voy contigo”, dijo, a la vez que tomó la Copa Pílsener, que minutos antes habían recibido y bajó.
Detrás de él siguieron bajando

los demás miembros del equipo, con excepción del hondureño William Reyes (lesionado), del portero Luis Castro, del auxiliar Nelson Ancheta y de otros miembros del cuerpo técnico, quienes prefirieron continuar en el bus.

“Me gustaría ir, pero voy con mi hijo. Él es mi cábala”, dijó el entrenador, meintras era entrevistado por un periodista.
Los jugadores habían hecho la promesa de irse corriendo hasta la Básilica de Guadalupe, unos 2.5 kilómetros adelante.

Los aficionados que se percataron del acontecimiento trataron de seguirlos, pero no todos aguantaron la prueba.

Al llegar a la iglesia -estaba cerrada- algunos levantaron sus manos en agradecimiento y otros, como el auxiliar Villareal, el volante Cristian Álvarez, y el delantero Emerson Umaña, se arrodillaron a las puertas del lugar santo.

Luego de esa parada obligada, y de intercambiar palabras con algunos aficionados que los habían seguido hasta el lugar, continuaron la marcha triunfal, rumbo a la ciudad morena. Al occidente del país.

Un poco de todo. Luego de los actos de premiación, los jugadores de FAS tuvieron tiempo para comer, hablar por teléfono con la familia y también para cumplir promesas.

 

 

 

 

 

 


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