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La
fiesta no paró hasta el amanecer
FAS
celebró durante todo el viaje de regreso a Santa Ana.
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| Memorable. El plantel tigrillo posa con
el trofeo y afición, en la típica foto con la
que se rompe el protocolo. Foto: EDH/Arturo
Silva |
Los aficionados de Águila ya se habían ido, pero
los de FAS seguían ahí, afuera de los camerinos del
estadio Cuscatlán, en espera de ver desfilar a sus héroes
hacia el bus de la alegría.
Protegidos por una valla humana, construida por miembros de la Policía
Nacional Civil, los nuevos campeones nacionales abordaron el enorme
vehículo rojo rumbo a su querida Santa Ana.
Pero antes de llegar a su destino los esperaba un rito de fe, y
mucha interacción con los aficionados de hueso duro, quienes
seguían celebrando el sufrido triunfo de la tarde de ayer
domingo.
Si ya no falta nadie nos vamos, dijo el chofer del autobús,
cerró la puerta y arrancó.
Pero mientras algunos de los jugadores pedían el refrigerio
para recuperar energías, y algunos de ellos ya disfrutaban
de un emparedado de jamón y una soda, el capitán del
equipo, el veterano William Osorio, les recordó de la promesa.
Bueno yo me quedó ahí en la esquina. ¿Quiénes
más van conmigo?, dijo Osorio, mientras buscaba la puerta,
en compañía de su hijo William.
La pregunta tuvo eco y rapidamente fue respondida por el preparador
físico del equipo, el colombiano Carlos Villareal.
Voy contigo, dijo, a la vez que tomó la Copa
Pílsener, que minutos antes habían recibido y bajó.
Detrás de él siguieron bajando
los demás miembros del equipo, con excepción del hondureño
William Reyes (lesionado), del portero Luis Castro, del auxiliar
Nelson Ancheta y de otros miembros del cuerpo técnico, quienes
prefirieron continuar en el bus.
Me gustaría ir, pero voy con mi hijo. Él es
mi cábala, dijó el entrenador, meintras era
entrevistado por un periodista.
Los jugadores habían hecho la promesa de irse corriendo hasta
la Básilica de Guadalupe, unos 2.5 kilómetros adelante.
Los aficionados que se percataron del acontecimiento trataron de
seguirlos, pero no todos aguantaron la prueba.
Al llegar a la iglesia -estaba cerrada- algunos levantaron sus manos
en agradecimiento y otros, como el auxiliar Villareal, el volante
Cristian Álvarez, y el delantero Emerson Umaña, se
arrodillaron a las puertas del lugar santo.
Luego de esa parada obligada, y de intercambiar palabras con algunos
aficionados que los habían seguido hasta el lugar, continuaron
la marcha triunfal, rumbo a la ciudad morena. Al occidente del país.
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Un
poco de todo. Luego de los actos de premiación, los
jugadores de FAS tuvieron tiempo para comer, hablar por teléfono
con la familia y también para cumplir promesas.
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