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El
reloj de Firpo paró a la mitad
Águila
aprovechó las circunstancias.
Era casi un relojito suizo. La zona media de Firpo funcionaba con
esa exactitud.
Santos Cabrera arrancaba desde atrás y daba la salida. Héctor
Canjura era el comodín que se movía por toda la cancha
y, cuando recibía, controlaba sereno con la cabeza levantada
en busca del jugador mejor ubicado.
Más adelante, Víctor Merino y José Martínez
eran los encargados de los desmarques y de correr las diagonales.
Por último, López Padilla era la punta de lanza y
la ventosa incómoda sobre los defensores.
Así fue que llegaron al gol al minuto 3 y amenzaron
varias veces más con el ritmo.
En cambio, Águila era puras ganas pero escasa certeza. Simplemente
no estaba entonado.
Los pases resultaban demasiados cortos o demasiados largo y los
botines aparecían unos centímetros adelante o atrás.
Y esa precisión es clave para el funcionamiento colectivo.
Tampoco era una aplanadora contra una casa de madera. La defensa
y el meta emplumado también tenían lo suyo. Por eso
no cayeron más goles.
Pero la lesión de López Padilla y la expulsión
de Paulo Rodrígues entorpecieron la sincronía y Águila
aprovechó muy bien la situación para regresar a San
Miguel con un punto.
Además, los visitantes fueron más agresivos en el
segundo tiempo y, al final, lucieron más cerca del triunfo
que Firpo.
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