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La
historia oculta de ANDA
Conexión Orellana
Carlos
Perla y el gerente de ANDA, Mario Orellana, crearon una estructura
en esa institución en la que hasta la secretaria de este
último manejó cuentas personales por más de
$700 mil. De ellas se le giraba dinero a Perla. Incluso, utilizaron
empleados para constituir sociedades anónimas o abrir cuentas
bancarias con testaferros.
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Como actuaron
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Se confiaron
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Hasta la madre
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Sociedades
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| La
estructura para comisionar a proveedores la montaron desde hace
varios años. El que quisiera ganar una licitación,
debía pagar el 10% |
Tanto
Carlos Perla como Mario Orellana se confiaron tanto en la forma
como sacaban dinero, que hasta los motoristas les cambiaron
cheques. |
En
el tráfico de dinero que montaron, Carlos Perla recibió
una jugosa suma de la madre de la secretaria de la gerencia
de ANDA |
Empleados
ayudaron a Orellana a crear sociedades en las que se recibía
dinero de los contratistas de esa institución pública. |
Xiomara Gómez Salgado, una mujer de 32 años que nació
en Los Ángeles, California, siempre tuvo buenas razones para
sentirse extremadamente cómoda e influyente en ANDA.
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Lea
además |
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Regalías de
una compañía
Los beneficios que se le dieron a Seters representan el primero,
de una serie de casos de corrupción, que enfrentarían
el ex presidente de la ANDA, Carlos Perla, y el ex gerente
Mario Orellana.
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Para empezar, era la secretaria del ex gerente de ANDA, Mario Orellana
y en menos de cinco años su salario inicial de 2,400 colones
se lo cuadruplicaron.
Pero, algo más ligaba a Xiomara con ANDA: rápidamente
se convirtió en una mujer de absoluta confianza, no sólo
de su jefe inmediato, sino también del presidente de la institución,
Carlos Perla.
Tanto, que de una cuenta bancaria abierta a su nombre hasta se daba
el lujo de girarle cheques por cuantiosas suma a su jefe mayor.
Desde su llegada a ANDA, Xiomara creció como espuma por razones
que, mucho tiempo después, se lograron entender: una sociedad
le adeudaba ¢500 mil y hasta se dio el lujo de comprar, en asocio
con su jefe, Mario Orellana, una casa de más de setenta mil
dólares localizada en residencial Altos de Miralvalle, polígono
3.
Las tareas de Xiomara no eran, sin embargo, las que cumple una simple
secretaria. El cuatro de julio llegó a un importante banco
local y abrió una cuenta a su nombre, a pesar de que realmente
quien gobernaba los recursos que ahí se colocaban era Mario
Orellana.
Lo que se enterarían, más tarde, los investigadores,
es que esa cuenta la utilizó Mario Orellana, el mismo ex funcionario
a quien muchos están empeñados en colocarlo en una cárcel,
para recibir dinero de Seters S.A, una empresa que, en muy poco tiempo,
logró contratos de ANDA por más de once millones de
dólares.
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| Al pedirse una comisión del 10 por
ciento a los contratistas de la ANDA, los proyectos se encarecían.
Foto EDH |
Los fiscales están convencidos de que los servicios que Xiomara
prestó a su jefe no fueron más que uno de los muchos
eslabones que tanto Perla como Orellana utilizaron para construir
una telaraña de cuentas bancarias y sociedades para repartir
las jugosas comisiones que pedían a cambio de que cualquier
empresario lograra un contrato con esa institución descentralizada.
La chequera
Xiomara tenía, en su escritorio en ANDA, las chequeras de la
cuenta bancaria a la que llegaban las regalías
de la empresa Seters. Pero, quien ordenaba girar dinero de esa cuenta
era Mario Orellana, un hombre de 47 años, originario de San
Salvador, quien llegó a ANDA en 1995, pero que también
creció como espuma al lado de Carlos Perla.
Las confusiones entre Xiomara, los representantes legales y accionistas
de Seters, la firma cuyas ofertas en ANDA siempre resultaron privilegiadas,
fueron tales que el 20 de octubre del año 2000, ella le transfirió
¢300.000 a Julio Alberto Guevara Valladares, quien compró
un certificado de depósito a plazo en un banco local.
Pero, Mario Orellana no sólo utilizó la cuenta que le
abrió su secretaria para recibir dinero de la empresa contratista
Seters.
Él tenía sus propias sociedades, como Lotes y
Casas y Futuras Inversiones en cuyas cuentas bancarias
también recibió elevadas sumas de dinero de Seters.
Incluso, a esas sociedades le entregaron sumas que sobrepasaban los
$70 mil.
Para Orellana las cosas marcharon tan bien mientras estuvo en ANDA
que en dos años, sólo la cuenta que controlaba de Futuras
Inversiones, recibió depósitos por $816.196.
Para alguien como él, que ganaba ¢37.100 mensuales ($4.200),
esa suma significa el pago adelantado de 16 años de trabajo
como gerente general de ANDA.
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| EN LA ANDA se creó un tejido de sociedades
y prestanombres que se llevó muchísimo dinero
de la entidad. Foto EDH |
Pero, es probable que ese dinero lo repartió Mario Orellana.
Solo así se entendería que en marzo de 2001, de la cuenta
de esa sociedad anónima que constituyó el ex gerente
de ANDA, se le entregaron $126 mil a Carlos Perla, el presidente de
la institución. Más tarde, otros once mil dólares.
La verdad es que el papel de Xiomara Gómez, la antigua secretaria
de Orellana, es tan extraño que hasta su madre, María
Concepción Gómez, transfirió a Perla $24 mil.
Esta última no sólo giró dinero al hombre más
buscado por las autoridades salvadoreñas. También recibió
cuantiosas sumas de empresas contratistas de ANDA.
Lo obvio
Las investigaciones que se han realizado hasta ahora en ANDA muestran
que Carlos Perla y Mario Orellana construyeron un tinglado de prestanombres,
sociedades y colaboradores para recibir dinero de las compañías
que contrataban con ANDA, aunque no gratuitamente.
Además, Perla y Orellana estaban en lo mismo: no sólo
eran los principales ejecutivos de ANDA sino que, a la vez, mantenían
relaciones personales y de negocios muy estrechas.
Si no fuese así, ¿por qué de las dos sociedades
que controlaba Mario Orellana se giraron cuantiosas cantidades de
dinero a cuentas de Perla?
Se puede sólo mencionar algunos ejemplos: en agosto de 2000
se le entregó un cheque a Perla por ¢200 mil; en octubre
otros ¢250 mil; en enero de 2001, le agregaron ¢200 mil;
en marzo de ese año ¢420 mil.
De la sociedad Lotes y Casas, Orellana le transfirió
a Perla, en menos de un año, más de $70 mil.
Con Orellana a su lado, a Perla se le facilitaban muchas cosas. Al
ex gerente también: su jefe estaba en lo mismo que él.
Pero, de todo cuanto hizo en ANDA, Orellana cometió el error
de dejar muchísimas huellas. Así, por ejemplo, la sociedad
Lotes y Casas que usó para recibir muchísimo
dinero de clientes y hasta para traspasar elevadas sumas
a Perla, la constituyó con la ayuda de empleados de la institución
en la que fungía como gerente.
Lo peor, para ambos, es que muchos de esos funcionarios comenzaron
a hablarle a los investigadores. Uno de ellos hasta contó cómo
Orellana le ordenó que se convirtiera en accionista y luego
abriera una cuenta de esa sociedad en un banco capitalino.
La cuenta que abrió el ahora asustado empleado de ANDA recibió,
en menos de dos años, $283.856 que fueron a parar a los bolsillos
de su antiguo jefe y sus socios.
Todo eso muestra que Orellana y Perla no sólo utilizaron a
Xiomara Gómez para distraer el dinero. También a otros
empleados que les sirvieron, en muchos casos sin saberlo, como testaferros
que se prestaron para saquear el dinero de ANDA.
Sólo a la cuenta que abrió Xiomara para recibir dinero
de su jefe manejó, en dos años, casi medio millón
de dólares.
Es probable que, al final, las cosas le resultaran tan fáciles
a Orellana, el enriquecido ex gerente de ANDA que, en más de
una ocasión, le pidió a empleados de ANDA que le cambiaran
cuantiosos cheques bancarios que, a su vez, los diseñaba y
firmaba Xiomara Gómez de la cuenta que manejaba.
Modelo
En un momento, las cosas marchaban tan bien para Orellana, Perla y
la secretaria del primero que, en enero de 2000, Xiomara abrió
una segunda cuenta bancaria, a su nombre, que, en muy poco tiempo,
mostraba depósitos por $214 mil.
Para los investigadores, seguirle los rastros a Xiomara se convirtió
en un asunto clave. Cuando tuvieron los balances completos de las
cuentas hechas a su nombre, y otros documentos financieros, se dieron
cuenta que sólo ella llegó a manejar $765.915. Es probable
que ninguna secretaria de un gerente del país haya acumulado
tanto poder financiero.
Es evidente que cuando se descubre una secretaria manejando tales
cantidades de dinero para su patrón, es porque,
desde adentro, funciona una estructura hecha para el fraude.
Probablemente Orellana y Perla confiaron tanto en que jamás
los pillarían que, por momentos, enviaban a sus motoristas
a cambiar cheques para meterse en los bolsillos el dinero en efectivo.
Uno de ellos narró, con detalle, cómo cambiaba los cheques
librados por la sociedad Seters para depositar, luego, el efectivo
en las cuentas de Orellana.
Cuando se descubrió ese tipo de conductas, los investigadores
concluyeron que se trataba de un modelo construido por Perla y Orellana
que funcionaba desde mucho tiempo atrás.
Por eso es que un empresario que, generalmente, participaba en las
licitaciones de ANDA para tratar de venderle maquinaria y equipo a
esa institución (lo que hacía la sociedad Seters), contó
a las autoridades cómo lo obligaron a entrar en el juego de
las mordidas para conseguir contratos.
El secreto era sencillo: Mario Orellana lo llamó a su oficina
y le dijo, en 1999, que por cada contrato que se le entregara, debía
entregarle el 10 por ciento del valor de la compra.
Incluso, le advirtió que ese porcentaje debía repartirlo
con otros funcionarios de ANDA.
Por más que el empresario se esforzaba por afinar las ofertas
que llevaba a ANDA, o que redujera el precio de los bienes, nunca
ganó una licitación pública en esa institución.
Una vez que aceptó entregarle la comisión del 10 por
ciento a Orellana, entonces tuvo éxito. El dinero de la comisión
siempre lo traspasó a sociedades o personas relacionadas con
la mafia que operaba en ANDA. |
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