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Inicio del Sitio Lunes 17 de Noviembre
 

 

 
 

La historia oculta de ANDA
Conexión Orellana

Carlos Perla y el gerente de ANDA, Mario Orellana, crearon una estructura en esa institución en la que hasta la secretaria de este último manejó cuentas personales por más de $700 mil. De ellas se le giraba dinero a Perla. Incluso, utilizaron empleados para constituir sociedades anónimas o abrir cuentas bancarias con testaferros.

El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Como actuaron
Se confiaron
Hasta la madre
Sociedades
La estructura para comisionar a proveedores la montaron desde hace varios años. El que quisiera ganar una licitación, debía pagar el 10% Tanto Carlos Perla como Mario Orellana se confiaron tanto en la forma como sacaban dinero, que hasta los motoristas les cambiaron cheques. En el tráfico de dinero que montaron, Carlos Perla recibió una jugosa suma de la madre de la secretaria de la gerencia de ANDA Empleados ayudaron a Orellana a crear sociedades en las que se recibía dinero de los contratistas de esa institución pública.
Xiomara Gómez Salgado, una mujer de 32 años que nació en Los Ángeles, California, siempre tuvo buenas razones para sentirse extremadamente cómoda e influyente en ANDA.

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Regalías de una compañía
Los beneficios que se le dieron a Seters representan el primero, de una serie de casos de corrupción, que enfrentarían el ex presidente de la ANDA, Carlos Perla, y el ex gerente Mario Orellana.

Para empezar, era la secretaria del ex gerente de ANDA, Mario Orellana y en menos de cinco años su salario inicial de 2,400 colones se lo cuadruplicaron.

Pero, algo más ligaba a Xiomara con ANDA: rápidamente se convirtió en una mujer de absoluta confianza, no sólo de su jefe inmediato, sino también del presidente de la institución, Carlos Perla.

Tanto, que de una cuenta bancaria abierta a su nombre hasta se daba el lujo de girarle cheques por cuantiosas suma a su “jefe mayor”.

Desde su llegada a ANDA, Xiomara creció como espuma por razones que, mucho tiempo después, se lograron entender: una sociedad le adeudaba ¢500 mil y hasta se dio el lujo de comprar, en asocio con su jefe, Mario Orellana, una casa de más de setenta mil dólares localizada en residencial Altos de Miralvalle, polígono 3.

Las tareas de Xiomara no eran, sin embargo, las que cumple una simple secretaria. El cuatro de julio llegó a un importante banco local y abrió una cuenta a su nombre, a pesar de que realmente quien gobernaba los recursos que ahí se colocaban era Mario Orellana.

Lo que se enterarían, más tarde, los investigadores, es que esa cuenta la utilizó Mario Orellana, el mismo ex funcionario a quien muchos están empeñados en colocarlo en una cárcel, para recibir dinero de Seters S.A, una empresa que, en muy poco tiempo, logró contratos de ANDA por más de once millones de dólares.

Al pedirse una comisión del 10 por ciento a los contratistas de la ANDA, los proyectos se encarecían. Foto EDH
Los fiscales están convencidos de que los servicios que Xiomara prestó a su jefe no fueron más que uno de los muchos eslabones que tanto Perla como Orellana utilizaron para construir una telaraña de cuentas bancarias y sociedades para repartir las jugosas comisiones que pedían a cambio de que cualquier empresario lograra un contrato con esa institución descentralizada.

La chequera

Xiomara tenía, en su escritorio en ANDA, las chequeras de la cuenta bancaria a la que llegaban las “regalías” de la empresa Seters. Pero, quien ordenaba girar dinero de esa cuenta era Mario Orellana, un hombre de 47 años, originario de San Salvador, quien llegó a ANDA en 1995, pero que también creció como espuma al lado de Carlos Perla.

Las confusiones entre Xiomara, los representantes legales y accionistas de Seters, la firma cuyas ofertas en ANDA siempre resultaron privilegiadas, fueron tales que el 20 de octubre del año 2000, ella le transfirió ¢300.000 a Julio Alberto Guevara Valladares, quien compró un certificado de depósito a plazo en un banco local.

Pero, Mario Orellana no sólo utilizó la cuenta que le abrió su secretaria para recibir dinero de la empresa contratista Seters.

Él tenía sus propias sociedades, como “Lotes y Casas” y “Futuras Inversiones” en cuyas cuentas bancarias también recibió elevadas sumas de dinero de Seters. Incluso, a esas sociedades le entregaron sumas que sobrepasaban los $70 mil.

Para Orellana las cosas marcharon tan bien mientras estuvo en ANDA que en dos años, sólo la cuenta que controlaba de “Futuras Inversiones”, recibió depósitos por $816.196.

Para alguien como él, que ganaba ¢37.100 mensuales ($4.200), esa suma significa el pago adelantado de 16 años de trabajo como gerente general de ANDA.

EN LA ANDA se creó un tejido de sociedades y prestanombres que se llevó muchísimo dinero de la entidad. Foto EDH
Pero, es probable que ese dinero lo repartió Mario Orellana. Solo así se entendería que en marzo de 2001, de la cuenta de esa sociedad anónima que constituyó el ex gerente de ANDA, se le entregaron $126 mil a Carlos Perla, el presidente de la institución. Más tarde, otros once mil dólares.

La verdad es que el papel de Xiomara Gómez, la antigua secretaria de Orellana, es tan extraño que hasta su madre, María Concepción Gómez, transfirió a Perla $24 mil. Esta última no sólo giró dinero al hombre más buscado por las autoridades salvadoreñas. También recibió cuantiosas sumas de empresas contratistas de ANDA.

Lo obvio

Las investigaciones que se han realizado hasta ahora en ANDA muestran que Carlos Perla y Mario Orellana construyeron un tinglado de prestanombres, sociedades y colaboradores para recibir dinero de las compañías que contrataban con ANDA, aunque no gratuitamente.

Además, Perla y Orellana estaban en lo mismo: no sólo eran los principales ejecutivos de ANDA sino que, a la vez, mantenían relaciones personales y de negocios muy estrechas.

Si no fuese así, ¿por qué de las dos sociedades que controlaba Mario Orellana se giraron cuantiosas cantidades de dinero a cuentas de Perla?

Se puede sólo mencionar algunos ejemplos: en agosto de 2000 se le entregó un cheque a Perla por ¢200 mil; en octubre otros ¢250 mil; en enero de 2001, le agregaron ¢200 mil; en marzo de ese año ¢420 mil.

De la sociedad “Lotes y Casas”, Orellana le transfirió a Perla, en menos de un año, más de $70 mil.

Con Orellana a su lado, a Perla se le facilitaban muchas cosas. Al ex gerente también: su jefe estaba en lo mismo que él.

Pero, de todo cuanto hizo en ANDA, Orellana cometió el error de dejar muchísimas huellas. Así, por ejemplo, la sociedad “Lotes y Casas” que usó para recibir muchísimo dinero de “clientes” y hasta para traspasar elevadas sumas a Perla, la constituyó con la ayuda de empleados de la institución en la que fungía como gerente.

Lo peor, para ambos, es que muchos de esos funcionarios comenzaron a hablarle a los investigadores. Uno de ellos hasta contó cómo Orellana le ordenó que se convirtiera en accionista y luego abriera una cuenta de esa sociedad en un banco capitalino.

La cuenta que abrió el ahora asustado empleado de ANDA recibió, en menos de dos años, $283.856 que fueron a parar a los bolsillos de su antiguo jefe y sus socios.

Todo eso muestra que Orellana y Perla no sólo utilizaron a Xiomara Gómez para distraer el dinero. También a otros empleados que les sirvieron, en muchos casos sin saberlo, como testaferros que se prestaron para saquear el dinero de ANDA.

Sólo a la cuenta que abrió Xiomara para recibir dinero de su jefe manejó, en dos años, casi medio millón de dólares.

Es probable que, al final, las cosas le resultaran tan fáciles a Orellana, el enriquecido ex gerente de ANDA que, en más de una ocasión, le pidió a empleados de ANDA que le cambiaran cuantiosos cheques bancarios que, a su vez, los diseñaba y firmaba Xiomara Gómez de la cuenta que manejaba.

Modelo

En un momento, las cosas marchaban tan bien para Orellana, Perla y la secretaria del primero que, en enero de 2000, Xiomara abrió una segunda cuenta bancaria, a su nombre, que, en muy poco tiempo, mostraba depósitos por $214 mil.

Para los investigadores, seguirle los rastros a Xiomara se convirtió en un asunto clave. Cuando tuvieron los balances completos de las cuentas hechas a su nombre, y otros documentos financieros, se dieron cuenta que sólo ella llegó a manejar $765.915. Es probable que ninguna secretaria de un gerente del país haya acumulado tanto poder financiero.

Es evidente que cuando se descubre una secretaria manejando tales cantidades de dinero para su “patrón”, es porque, desde adentro, funciona una estructura hecha para el fraude.

Probablemente Orellana y Perla confiaron tanto en que jamás los pillarían que, por momentos, enviaban a sus motoristas a cambiar cheques para meterse en los bolsillos el dinero en efectivo.

Uno de ellos narró, con detalle, cómo cambiaba los cheques librados por la sociedad Seters para depositar, luego, el efectivo en las cuentas de Orellana.

Cuando se descubrió ese tipo de conductas, los investigadores concluyeron que se trataba de un modelo construido por Perla y Orellana que funcionaba desde mucho tiempo atrás.

Por eso es que un empresario que, generalmente, participaba en las licitaciones de ANDA para tratar de venderle maquinaria y equipo a esa institución (lo que hacía la sociedad Seters), contó a las autoridades cómo lo obligaron a entrar en el juego de las “mordidas” para conseguir contratos.

El secreto era sencillo: Mario Orellana lo llamó a su oficina y le dijo, en 1999, que por cada contrato que se le entregara, debía entregarle el 10 por ciento del valor de la compra.
Incluso, le advirtió que ese porcentaje debía repartirlo con otros funcionarios de ANDA.

Por más que el empresario se esforzaba por afinar las ofertas que llevaba a ANDA, o que redujera el precio de los bienes, nunca ganó una licitación pública en esa institución.

Una vez que aceptó entregarle la comisión del 10 por ciento a Orellana, entonces tuvo éxito. El dinero de la comisión siempre lo traspasó a sociedades o personas relacionadas con la “mafia” que operaba en ANDA.
 

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