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Había que sonar,y sonamos

A pesar de no mostrar jerarquía, el 1-0 final nos puso a soñar.

Roberto Águila
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Luis Castro portero del equipo de Sub23 de El Salvador, festeja el gol anotado por Nahum Galdámez contra el equipo Canadiense. Foto: Nelson Dueñas

No cabe duda que iniciar el camino hacia Atenas 2004 con un triunfo, es más que reconfortante. Porque de alguna manera volvemos a enarbolar la bandera de los sueños y a pensar en algo grande.

De modo que ese 1-0 con que vencimos a Canadá, hay que verlo como el resultado justo de una misión cumplida, como haber dado el primer paso que exigíamos desde antes, o como el cumplimiento de una tarea que en algún momento se nos antojó difícil y complicada.

Antes del partido era natural pensar que estábamos en una cuesta empinada, porque habíamos oído muchas cosas sobre Canada, sobre el palmarés de sus hombres, sobre su fortaleza individual y colectiva, Y recelábamos, porque detrás de todo lo que se barajaba estaba un equipo nacional que había caminado tambaleante en los partidos de fogueo.

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A la hora del pitazo inicial las cosas fueron otras. Canadá resultó un rival demasiado receleso de nuestro supuesto nivel futbolístico, y vino a defenderse, a buscar el empate.

Es cierto que Canadá en ningún momento se colgó del travesaño, pero también es cierto que su actitud fue bastante timorata, exageradamente precavida en muchos tramos del encuentro, designando a demasiados hombres a moverse en posiciones defensivas.

Lo primero que hizo Bruce Twamley, el técnico canadiense, fue asignarle marca fija a Eliseo Quintanilla, nuestro conductor. De manera que mientras Cheyo estuvo en el campo, Chris Porniak fue la sombra que lo persiguió hasta cuando Cheyo vino al costado a pedir agua.

La consecuencia fue que Canadá estuvo muy lejos del equipo grande y poderoso que nos habíamos imaginado.

Nuestra respuesta

Tras el triunfo conquistado que nos hace soñar, el 1-0 debería servir para sepultar todo las falencias que el equipo nacional mostró para conseguirlo.

Y en ese sentido nuestra respuesta fue muy escasa. Sobre todo porque no pudimos casi nunca prevalecer con la pelota ante un equipo canadiense que nos respetó demasiado, y que nos regaló algunos espacios para ser más atrevidos.

Lo más notorio fue que nos faltó audacia para arriesgar más en función ofensiva, que en algún momento nos invadió el miedo de salir a proponer algo mucho más riesgoso, y nos quedamos esperando en lo que pudieran resolver Cheyo Quintanilla con su tranco, Josué Galdámez con el despliegue, y Emerson Umaña con su voluntad.

Porque nunca hubo desenganche de los laterales, y los volantes centrales apenas pisaron más allá del medio campo. Nos soltamos en los últimos 15 minutos con la actitud que debería prevalecer siempre, y fue cuando forzamos el penalty y el triunfo. En ese lapso quedó demostrado que el equipo puede ganar jerarquía cuando se decide abandonar la comodidad.

 

 

 

 

 


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