|
|

Había
que sonar,y sonamos
A
pesar de no mostrar jerarquía, el 1-0 final nos puso a soñar.
|
|
| Luis Castro portero del equipo de Sub23
de El Salvador, festeja el gol anotado por Nahum Galdámez
contra el equipo Canadiense. Foto: Nelson
Dueñas |
No cabe duda que iniciar el camino hacia Atenas 2004 con un triunfo,
es más que reconfortante. Porque de alguna manera volvemos
a enarbolar la bandera de los sueños y a pensar en algo grande.
De modo que ese 1-0 con que vencimos a Canadá, hay que verlo
como el resultado justo de una misión cumplida, como haber
dado el primer paso que exigíamos desde antes, o como el
cumplimiento de una tarea que en algún momento se nos antojó
difícil y complicada.
Antes del partido era natural pensar que estábamos en una
cuesta empinada, porque habíamos oído muchas cosas
sobre Canada, sobre el palmarés de sus hombres, sobre su
fortaleza individual y colectiva, Y recelábamos, porque detrás
de todo lo que se barajaba estaba un equipo nacional que había
caminado tambaleante en los partidos de fogueo.
La realidad canadiense
A la hora del pitazo inicial las cosas fueron otras. Canadá
resultó un rival demasiado receleso de nuestro supuesto nivel
futbolístico, y vino a defenderse, a buscar el empate.
Es cierto que Canadá en ningún momento se colgó
del travesaño, pero también es cierto que su actitud
fue bastante timorata, exageradamente precavida en muchos tramos
del encuentro, designando a demasiados hombres a moverse en posiciones
defensivas.
Lo primero que hizo Bruce Twamley, el técnico canadiense,
fue asignarle marca fija a Eliseo Quintanilla, nuestro conductor.
De manera que mientras Cheyo estuvo en el campo, Chris Porniak fue
la sombra que lo persiguió hasta cuando Cheyo vino al costado
a pedir agua.
La consecuencia fue que Canadá estuvo muy lejos del equipo
grande y poderoso que nos habíamos imaginado.
Nuestra respuesta
Tras el triunfo conquistado que nos hace soñar, el 1-0 debería
servir para sepultar todo las falencias que el equipo nacional mostró
para conseguirlo.
Y en ese sentido nuestra respuesta fue muy escasa. Sobre todo porque
no pudimos casi nunca prevalecer con la pelota ante un equipo canadiense
que nos respetó demasiado, y que nos regaló algunos
espacios para ser más atrevidos.
Lo más notorio fue que nos faltó audacia para arriesgar
más en función ofensiva, que en algún momento
nos invadió el miedo de salir a proponer algo mucho más
riesgoso, y nos quedamos esperando en lo que pudieran resolver Cheyo
Quintanilla con su tranco, Josué Galdámez con el despliegue,
y Emerson Umaña con su voluntad.
Porque nunca hubo desenganche de los laterales, y los volantes centrales
apenas pisaron más allá del medio campo. Nos soltamos
en los últimos 15 minutos con la actitud que debería
prevalecer siempre, y fue cuando forzamos el penalty y el triunfo.
En ese lapso quedó demostrado que el equipo puede ganar jerarquía
cuando se decide abandonar la comodidad.
|
|