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Antonio
Lemus Simún
El día que yo cambie es que me voy a morir
Actor,
productor, pionero de la radio y la televisión, creativo
publicista, empresario, pero sobre todo un hombre que parece estar
siempre celebrando el milagro de la vida. Conversar con él
es como ver una película o leer un libro.
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Aunque admite que no había
estudiado para ello, se convirtió en una figura de
las radionovelas nacionales..Foto EDH
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Antonio Lemus Simún es así, una polifacética
caja de sorpresas. Conversar con él es como ver una película
o leer un libro. Los episodios de su vida, hasta los más
tristes, parecen haber sido vividos con un optimismo a prueba de
balas. Un día, Elvira, su madre, le dijo: Salió
en el diario un aviso que dice que si querés actuar en una
película que enviés tu fotografía de frente
y de perfil.
La mandó y le escogieron para actuar en Cuando vuelvas
a mí, una producción mexicana que se filmó
en Guatemala. Hizo el papel del galán. Para ese momento ya
había actuado en decenas de veladas escolares, declamado
millares de poemas y montado, siendo niño, su propio espectáculo
circense, por el que cobraba un centavo la entrada.
Hubo una época en que era un infatigable gerente publicitario,
pero sólo desde las 2:00 de la tarde hasta las 7:00 de la
noche. Cuando salía la Luna se la pasaba muy bien, entre
novias, música y ron, hasta que salía el Sol. Ya
no soy bohemio, pero esta alegría no me la quita nadie.
¿La creatividad es cosa de genes o se aprende...?
Se puede nacer creativo, así como nace el artista. Pero para
que esa creatividad sea intelectual o artística hay que educarla
enriquecerla. Un brillante en bruto lo puedo aceptar, pero todos
necesitamos cultivarnos. Y cultivarse es aprender todos los días.
¿Y a usted de dónde le viene...?
Yo nací artista. A la edad de 5 años tuve mi primera
actuación. Cuando estábamos frente al público
me salí totalmente del libreto. Me fui donde estaba el piano
y la batería y comencé a bailar. Me aprendía
poemas de memoria y después los declamaba. A veces me pagaban
cinco centavos.
¿Tenía dinero su familia?
Mi padre fue una persona acomodada, casado con una mujer de clase
media humilde. Él era gobernador en la época del Presidente
Araujo y era amigo del general Martínez hasta el golpe de
Estado contra Araujo. Eso a mi padre no le pareció. Éramos
dueños de una fábrica de ladrillos. Lógicamente
vino una guerra económica para mi padre. No le llegaba ningún
contrato. Sufrió mucho en ese tiempo, persecuciones, estuvo
dos veces en la cárcel. Fuimos acomodados, pero también
tuvimos momentos difíciles.
¿En dónde vivían?
En San Jacinto, cerca de Casa Presidencial, por la Calle México.
Por esa época, 1941, llegaban circos como el de Chocolate
y Firuliche. A mí me impactaron los payasos y los acróbatas
en los trapecios. Como mi casa era grande, donde había árboles
yo colgaba un trapecio, me vestía con mi pijama... me ponía
colores de mi mamá. Hacía una función por la
que cobraba cinco centavos la entrada.
Siempre buscó rentabilizar sus dotes...
Pedía un premio a un esfuerzo. Nunca lo hice gratuito.
La mayoría de artistas termina siendo un fracaso económico.
Cuando el artista no tiene un concepto administrativo, y la mayoría
no lo tienen, se pierden. Mi primer salario importante fue de 400
quetzales con la película Cuando vuelvas a mí,
en Guatemala, que fue en el año de 1953.
¿Para ese año ya era actor profesional?
No, yo participe porque mi mamá me dijo: Mira, aquí
en el diario hay un anuncio que dice que si quieres ser un
artista de cine manda tu fotografía de frente y perfil al
circuito de teatro en la cuidad de Guatemala. Yo mandé
la fotografía y gané. El premio era participar en
la película de coproducción mexicana-guatemalteca.
¿Cuál fue su papel en la película?
Era el galán. Me lo gasté prácticamente todo
con una mi novia bellísima. Después de la película
entré a formar parte del grupo radiofónico de YSB.
¿De quién era esa radio?
De Boris Eserski... estoy hablando de 1953.
Tras la película vinieron las telenovelas. Todo ello sin
haber tenido ni siquiera un minuto de formación profesional.
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El que fuera gran galán
del la pantalla afrima queuno de mis grandes defectos
es que confío mucho en las personas.Foto
EDH
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En absoluto...
¿Cómo lo logró?
Cuando llego a la radio me dan el papel estelar por haber participado
en la película. Era un gancho publicitario. Rosa América
era la primera voz de la radiodifusión de El Salvador y Antonio
Lemus Simún ganador del premio cinematográfico. Pero
yo estaba conciente de que no podía actuar.
Cuando vino la siguiente novela creí que me iban a dar el
papel estelar, entonces el cubano que estaba a cargo me dijo: Mira,
chico, tú eres un diamantico en bruto, pero tú no
eres actor de radio ni de nada. Te falta mucho, para poder hacer
eso tienes que aprender disciplina y trabajar.
¿Qué hizo usted?
Lloré porque ya me creía Marlon Brando. Me di cuenta
que me faltaba muchísimo, me sirvió de mucho. Me dijo:
te falta mucho, para poder hacer eso tienes que aprender disciplina
y trabajar, eso fue para mí una gran escuela. Pedí
ayuda a René Lacayo, a Guillermo Antonio Hernández
(Albertico). Ellos me ayudaron mucho.
¿Cómo se sintió cuando comenzó hacer
obras de teatro con Edmundo Barbero?
Me sentía como un pececito en el lago. Una vez don Edmundo
Barbero y Baviera, el director de mi película, me vio haciendo
una vez un papel de una vieja teniendo yo 18 ó 17 años.
Baviera me dijo que nunca volviera a hacer eso. Era un libreto donde
dos personajes horribles, físicamente hablando, eran los
galanes y yo que era el galán estaba haciendo una vieja.
Baviera me dijo que cualquier cosa que hiciera desde lo más
fino hasta lo más sencillo debía hacerse con dignidad.
¿Edmundo Barbero lo hizo profesional?
En teatro definitivamente.
¿En radio hacían cada capítulo en vivo?
Lo hacíamos en vivo.
¿Y qué pasaba si se enfermaba el galán?
No se podía enfermar...
¿Qué significó trabajar con Albertico?
Una experiencia linda. Al principio chocamos. Todo fue que me le
enfrentara hombre a hombre y retarle para que nos convirtiéramos
en amigos.
Se nota que disfrutaba esa vida.
Más que eso. Era una vida sana. El microbio del egoísmo
no había penetrado aún. Era otro mundo. Había
camaradería.
¿Y cómo se convierte en uno de los creativos publicitarios
más cotizados?
Empecé con cuñas de radio. Alguien me decía
que hiciera un comercial sobre la Panadería Victoria que
patrocinaba Serenata en tu Balcón y escribía:
Pan Victoria bello por fuera, delicioso por dentro; para bodas,
bautizos, cumpleaños, Pan Victoria, la alegría....
¿Recuerda su primer programa en Canal 6?
El primer programa en vivo fue un fracaso. Se llamó Los
payasitos. Hacía el papel del payaso Tofy. Duró
cuatro programas nada más, porque la gente quería
incendiar el canal y hasta mi mamá negó mi nombre,
porque era infame. Don Boris se quería pegar un balazo, porque
le querían cerrar el canal por culpa del programa.
¿Cuándo fundó su propia agencia?
En 1977. Tenía 30 años parece...
Para esa época ya había ganado mucho dinero, imagino.
No tenía dinero, pero tampoco deudas.
Dejó la bohemia y se hizo empresario.
Ya no soy el bohemio de aquellas épocas, pero la alegría
no me la puedo quitar. Esa es parte de mi vida, pero cuando hay
que ser serio, pues lo soy.
¿Cuántas novias tuvo?
Así novias, novias, quizás unas cinco y prenovias
misteriosas han de haber sido unas 40. Tuve una que fue el noviazgo
más fugaz de la historia. Duró exactamente 20 minutos.
La muchacha, candidata a Miss El Salvador, era algo nerviosa. Cuando
la besé, me dio un pellizco espantoso, odio que me pellizquen,
pegué un grito. Al siguiente beso me da otro pellizco. Cuando
vino el tercer beso a los 20 minutos de haber amarrado, le dije:
Mira, mamaíta, ¿dónde queda el baño?...
y nunca más regresé.
¿Cuál es el lugar más extraño donde
ha hecho el amor?
En el cementerio general...
¿Con quién?
Usted la conoce...
¿De qué se arrepiente?
No me arrepiento de nada.
¿Usted es muy católico?
Católico, católico no, pero sí creo en Dios...
estoy bajo la dirección católica apostólica
romana, pero no soy un visitador de iglesias. Pero hablo mucho con
Dios y con mi mamá que está en los cielos.
¿Siente que le contestan?
Hasta cuando estoy jugando tenis yo les pido ayuda para ganar y
me ayudan.
¿Todavía es un enamorado usted?
Sí, soy un enamorado... me encanta.
¿Qué le pone triste?
La hipocresía y la envidia. Uno de mis grandes defectos es
que confío mucho en las personas.
Eso no es defecto. Es una gran virtud.
Me han dicho que es un defecto, que cambie. ¿Cómo
voy a cambiar? ¿La locura viene de papá o de mamá?
Posiblemente de mi madre, mi padre era más serio, más
drástico.
¿Qué mira usted primero en una mujer??
Primero me impacta el rostro; después el cuerpo; después
las piernas; y después de las piernas...
¿Qué libro le ha marcado?
Cien años de soledad, lo he leído como
20 veces.
¿Y qué obra de teatro en la que ha participado
se ha identificado con ese personaje?
Hay dos personajes que me han gustado, hice Los justos de
Camus y el otro que es este último que hice La
pena de muerte, bandera negra, que es el original en donde
recibí elogios de personas valiosas en el quehacer cultural
como Escobar Galindo, Gustavo Herodier, Waldo Chávez, gente
de ese calibre y en donde yo me sentí totalmente realizado...
¿Nunca se va retirar?
No.
¿Tiene miedo a la muerte?
Hay veces que sí, pero hay veces que no. Hay mucha gente
que dice: No, yo no le tengo miedo. Quiero vivir porque
me encanta ver la risa de los niños, porque me identifico
con los boleritos, porque me identifico con los niños cuando
reciben juguetes en esas campañas... porque definitivamente
es hermoso.
Porque yo entiendo y lo he dicho varias veces: El niño
y el viejo son las dos personas... los dos extremos y hay
muchos viejos que son abandonados.
¿Es usted hombre de muchos amigos?
Sí. Pero amigos, amigos, amigos podré contar amigos
de corazón unos cinco o seis.
¿Quisiera cambiar algo?
Un día una señora me dijo: El día que
cambies, Toñito, es que te vas a morir.
¿Vamos a tener Toño Lemus para rato?
Primero Dios... ojalá, toco madera, Bendito Dios que soy
saludable y soy deportista
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