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Tobar: ángel y demonio

El zaguero fasista puso los goles para ambos bandos en el súper clásico FAS-Águila: primer hizo un desafortunado desvió hacia su meta, pero se repuso al marcar un penal.

Mauricio Quehl/EDH
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Darío Larrosa (Izq.) obstaculiza de forma acrobática al tigrillo Gilberto Murgas. Al fondo, Tobar. Foto: Nelson Dueñas

El clásico entre FAS y Águila terminó en empate con igualdad de goles, y no fue por casualidad. El destino puso a Rafael Tobar para que se encargara de ello.

Porque el zaguero de FAS marcó ayer en dos ocasiones. La primera, para que lo mataran los suyos. La segunda, para que le perdonaran la vida.

Pasó de villano a héroe en cuestión de trece minutos. Al 32’, fue el último en desviar un tiro libre de Alexander Amaya del Cid. Luis Castro, impotente, vio cómo el balón entraba a su derecha, ante la dolorosa mirada de la Turba Roja.

Pero, sobre el 45’, Tobar llegó con rabia a patear un penal sancionado tras una falta de Mártir Paredes sobre William Osorio. Le pegó con odio al balón y fusiló a Sergio Muñoz.

Eso fue el clásico en cuanto a goles. Mas no en emociones, porque si algo tuvo el FAS-Águila fue momentos de drama y agonía.

Era un partido para comerse las uñas. Álex Campos y William Torres, por Águila, eran los que levantaban a los aficionados de sus asientos. Víctor Mafla y Alejandro Bentos lo hacían por FAS. Era un duelo abierto, con dos equipos hambrientos por imponerse ante su histórico archirrival.

Sergio El Gigio Muñoz logra llegar al balón antes que el atacante Emerson Umaña, de FAS. Luis Almada, de Águila, acompaña la acción. Foto: Nelson Dueñas

Pero si algo impidió que estos cuatro protagonistas marcaran anoche, fueron las celosas marcas que estuvieron sobre ellos a lo largo del juego. Aun así, lograron hacer travesuras.

Algo que incidió en el normal desarrollo del juego fueron las expulsiones, que se dieron a granel.
La primera fue de Alfredo Pacheco, quien perdió los estribos e intentó agredir al árbitro.

Luego llegaron las expulsiones de los emplumados Julio Romaña (acumulación de amarillas) y Alexander Amaya del Cid (roja directa).

Pero, aún así, no podrá decirse que el clásico perdió color o vida. Quien diga lo contrario, miente.
Ambos técnicos pusieron a trabajar sus cerebros e intentaron cambiar la historia: Hugo Coria le apostó al ingreso de Nenei de Mello en Águila, mientras que Agustín Castillo se la jugó por William Reyes al filo del pitazo final.

Al final, el empate fue justo para ambos. Y Tobar, a pesar de su error, pudo dormir tranquilo.

 

 

 

 

 


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