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Pasatiempo
de millonario
Roman
Abramovich, un adinerado ruso amante del fútbol, invirtió
$220 millones de dólares para comprar al Chelsea. Conozca
de su vida.
Algunos de los misterios de Roman Abramovich, este hombre capaz
de comprar no sólo al Chelsea, sino también al Manchester
United, al Real Madrid y la Juventus, han cautivado a los aficionados
ingleses y captado la atención del mundo.
Abramovich, el segundo hombre más acaudalado de Rusia y uno
de los multimillonarios de toda Europa, es el gobernador de Chukotka,
Alaska, el vecino más cercano a Rusia en el lejano este,
y es el dueño del Chelsea Football Club, compra que aclaró
no es una operación financiera, sino un hobby.
Si bien la procedencia de su fortuna es cuestionada, producto (según
algunos) de privatizaciones dudosas hechas en los tiempos de Boris
Yeltsin, no tuvo problemas en sacar de su país y desembolsar
220 millones de dólares para comprar al club inglés.
La cantidad fue interpretada en toda Inglaterra como un vuelto
en relación al poder económico del comprador.
Escurridizo
Poco se conoce sobre su vida, orígenes, lo que le gusta o
le disgusta. Lo que sí se sabe es que no es muy dado a conceder
entrevistas y evita las cámaras, y aunque más de alguna
vez se ha escrito sobre su fortuna, las acusaciones que han salido
a la luz no tienen eco en la justicia rusa.
Abramovich, como la mayoría de empresarios rusos, es intocable,
siempre y cuando no caiga en desgracia con el presidente Vladimir
Putin.
Nació el 24 de octubre de 1966 en Saratov, una ciudad industrial
y puerto fluvial del suroeste de Rusia. Sus padres murieron cuando
era bebé y fue adoptado por su tío paterno, un alto
funcionario petrolero. Debido a eso creció en Komi, Siberia.
Nadie sabe exactamente qué estudió , pero lo hizo
en el Instituto Gubkin de Petróleo y Gas, en Moscú,
luego de lo cual usó sus contactos en su ciudad natal y su
fortuna creció a un ritmo acelerado. Se dice que explotó
la transición de Gorbachov a Yeltsin.
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| La inversión del
ruso ha surtido efecto: los hinchas disfrutan de un Chelsea
invicto. Foto: AP |
Esto hizo que sus negocios crecieran abrumadoramente, al grado
de operar en corto tiempo a nivel internacional, mientras su vida
era un misterio. Sus negocios son extremadamente complejos, con
empresas que pertenecen a otras empresas, incluso fuera de su país.
Abramovich vive en un barrio exclusivo de Moscú, prohibitivo
incluso para algunos poderosos, pues ahí sólo viven
los nuevos ricos. Posee un par de yates, le gusta la comida china
y las películas tipo Pulp Fiction y la música
de Soleen, su compatriota y seguramente, su amigo. Son las pocas
cosas que se leen de él en los periódicos rusos.
Aunque ha sido una moda entre los magnates de la antigua Unión
Soviética tomar algunos oscuros clubes rusos o ucranianos
y crear equipos con jugadores muy caros que brillan brevemente y
luego desaparecen, Abramovich no es socio de ningún club
de fútbol ruso.
Su ficha
Roman Abramovich
Nacimiento: 24 de octubre de 1966, en Saratov, Rusia
Esposa: Irina
Hijos: 5
Fortuna: 5.700 millones de dólares
Otros: Gobernador de Chukotka
Demandado en Rusia por evadir 300 millones de dólares
en impuestos.
Al parecer ostenta una licenciatura en derecho.
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El Chelsea no es una
operación financiera,
es un hobby
Roman Abramovich
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El plantel
Presidente: Ken W. Bates
Director de Planificación y Control: Roman Abramovich
Fisioterapeuta: Michael Banks
Entrenador: Claudio Ranieri
Director deportivo: Peter Kenyon
Asistente técnico: Gwyn Williams
Porteros
Marco Ambrosio, Neil Sullivan, Carlo Cudicini
Defensas
Mario Melchiot, William Gallas, Wayne Bridge, Marcel Desailly, Celestine
Babayaro, Robert Huth, John Terry, Glen Johnson
Mediocampistas
Sorele Ndjitap Fotso Geremi, Juan Sebastian Veron (desde 06/08/2003),
Joe Cole (desde 06/08/2003), Claude Makelele (desde 31/08/2003),
Sebastian Kneissl, Emmanuel Petit, Mario Stanic, Frank Lampard,
Alexis Nicolas, Joe Keenan
Delanteros
Jesper Gronkjær, Eidur Smari Gudjohnsen, Jimmy Floyd Hasselbaink,
Adrian Mutu (desde 12/08/2003), Felipe Oliveira (desde 01/10/2001),
Hernan Crespo, Damien Duff (desde 21/07/2003)
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A fuerza de cheques
Antecedentes sobre la compra de clubes y las
inversiones con proyectos futbolísticos similares al
Chelsea FC, se encuentran en Blackburn Rovers y Leeds United,
los cuales terminaron mal.
Los equipos tradicionales ingleses, Manchester United, Arsenal
y Liverpool, los vieron crecer justo para hacer soñar
a sus hinchas, y luego caer dolorosamente.
El Leeds vio cómo su poderío se desmoronaba,
y aunque se salvó a duras penas del descenso, tuvo
que desprenderse de sus mejores integrantes.
El caso del Blackburn fue diferente, pues tocó el cielo
pero luego volvió a caer en la mediocridad: aunque
ahora luce en sus vitrinas el título de la Liga Premier
de 1995, luego fue relegado a la medianía de la tabla.
Por supuesto que el Chelsea aprende de sus propios errores,
y claro, de los de otros. Su historia refleja malas administraciones
que no lo habían dejado despegar hacia la cima futbolística,
pero ahora tiene un propietario lleno de millones y puede
soñar con tener a los mejores del mundo.
Al respecto, el Financial Times escribió
que Abramovich es un dueño de los que la Premiership
nunca ha conocido, para luego agregar que como
en los grandes equipos de España o Italia, él
puede comprar lo que quiera.
Por supuesto, que eso recuerda al Milan de Silvio Berlusconi
o el Real Madrid de Florentino Pérez.
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El llamado de la F-1
Pasó inadvertido cuando presenció
el GP de Europa, invitado por Bernie Ecclestone. Pocos lo
reconocieron en el circuito de Nuerburgring. Menos fueron
los que lo vieron en los boxes de la escudería Minardi.
Luego de gastar más de $100 millones en refuerzos para
el Chelsea, todos lo quieren a su lado. Eso hizo que el jefe
de Minardi, Paul Stoddar, afirmara que tiene los brazos abiertos
para cualquier impulso en su escudería, luego que Eriksson
comentara el interés del ruso en la Fórmula
Uno.
Tanto Stoddar como Eddie Jordan, de la escudería del
mismo nombre, estarían muy interesados en un dólar-espaldarazo
del ruso, sobre todo porque en el automovilismo podría
invertir la mitad de lo que ha puesto en Chelsea y obtener
buenos resultados, eso sí, a mediano plazo.
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