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Estuvieron
tranquilitos
Los
DTs más explosivos del Apertura se vieron las caras ayer,
pero el suave ritmo de juego les calmó la pólvora
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| Los dos técnicos argentinos son conocidos
por su temperamento durante los partidos, pero ayer se comportaron
como dos angelitos, a pesar del dramatismo en el cierre del
partido. Foto: EDH/Húber Rosales
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Un abrazo, de esos que se saben dar los compadres con palmadas
en la espalda incluidas, selló el inicio del combate sobre
el césped del Jorge Calero Suárez de Metapán.
Un duelo de técnicos, de temperamentos, de paisanos y de
estilos, pero sobre todo de fútbol apenas calentaba motores.
Después del abrazo, el argentino Hugo Coria, dueño
del banquillo aguilucho, y su compatriota Raúl Cocherari,
timonel del Metapan, se tomaron el tiempo para platicar por lo menos
cinco minutos de cordialidad, sonrisas y hasta carcajadas mientras
sus pupilos hacían su respectiva calistenia alrededor de
ellos.
Pese a que el inicio fue del juego fue lento y que los técnicos
aún no mostraban su tradicional explosividad todavía,
los estrategas nunca tomaron asiento, ni siquiera por casualidad.
Coria decidió apoyarse en un costado de la caseta de los
suplentes y Cocherari, un pelo más inquieto, recorría
el área técnica a pasos lentos. Eso sí, ninguno
se perdía ni un solo cachito de acción sobre la cancha.
El primero en ceder ante sus impulsos fue Cocherari quien comenzó
a gritarle indicaciones a sus jugadores para multiplicarse en la
marca. Coria, en el otro extremo, se mantenía inmóvil
pero con el mote de concentración que le daba su mano izquierda
soteniendo su barbilla.
Después de media hora de juego, los ánimos comenzaron
caldearse por la ausencia del gol. Del silencio inicial los banquillos
se había pasado a gritos y más gritos hacia sus jugadores.
Coria con menos ademanes que Cocherari pero con un tono más
agudo y de mayor alcance.
En una jugada aislada cerca del técnico de Metapan el volante
aguilucho Anderson Da Silva pasó provocando a Cocherari y
el argentino no se quedó con las ganas de responder en una
conversación no apta para menores de 18 años. Pero
el incidente no pasó a más.
Unos momentos después apareció una recurrente y tenue
lluvia que se mantuvo durante todo el partido y que amainó
los ánimos de los banquillos cuando amenzaban con desbordarse.
Así, sin mayores obresaltos se llegó al final del
primer tiempo. Cocherari calmó su garganta con una bolsa
de agua y Coria relajó su frustración con las manos
en los bolsillos. La pólvora se había mojado en Metapán.
Las acciones no cambiaron hast aque llegó el gol. Después
de varias anotaciones cantadas de los aguiluchos que habían
terminado con las manos de Coria sobre su cabeza Marvin Benítez
dio motivos para sonreir. Coria lo esperó con los brazos
abiertos y Benítez no tardó en llegar y junto a sus
compeñeros lo celebraron allí.
Cocherari se mantuvo ecuánime con el gol en contra. Y dos
minutos después la sartén cambio de dueño.
Wilson Sánchez empataba el marcador y Cocherari explotaba
de emoción. Coria sólo bajó la cabeza buscando
explicaciones.
Sobre el final, Cocherari volvió a celebrar con el gol de
la victoria y desde entonces no perdió la sonrisa. Y cuando
el central pitó el final de las acciones Coria inmediatamente
se dirigió a Cocherari para felcictarlo con otro abrazo igual
que el de noventa minutos antes. El final del combate.
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