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Estuvieron tranquilitos

Los DTs más explosivos del Apertura se vieron las caras ayer, pero el suave ritmo de juego les calmó la pólvora .

Marcelo Betancourt
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Los dos técnicos argentinos son conocidos por su temperamento durante los partidos, pero ayer se comportaron como dos angelitos, a pesar del dramatismo en el cierre del partido. Foto: EDH/Húber Rosales

Un abrazo, de esos que se saben dar los compadres con palmadas en la espalda incluidas, selló el inicio del combate sobre el césped del Jorge “Calero” Suárez de Metapán. Un duelo de técnicos, de temperamentos, de paisanos y de estilos, pero sobre todo de fútbol apenas calentaba motores.

Después del abrazo, el argentino Hugo Coria, dueño del banquillo aguilucho, y su compatriota Raúl Cocherari, timonel del Metapan, se tomaron el tiempo para platicar por lo menos cinco minutos de cordialidad, sonrisas y hasta carcajadas mientras sus pupilos hacían su respectiva calistenia alrededor de ellos.

Pese a que el inicio fue del juego fue lento y que los técnicos aún no mostraban su tradicional explosividad todavía, los estrategas nunca tomaron asiento, ni siquiera por casualidad.
Coria decidió apoyarse en un costado de la caseta de los suplentes y Cocherari, un pelo más inquieto, recorría el área técnica a pasos lentos. Eso sí, ninguno se perdía ni un solo cachito de acción sobre la cancha.

El primero en ceder ante sus impulsos fue Cocherari quien comenzó a gritarle indicaciones a sus jugadores para multiplicarse en la marca. Coria, en el otro extremo, se mantenía inmóvil pero con el mote de concentración que le daba su mano izquierda soteniendo su barbilla.

Después de media hora de juego, los ánimos comenzaron caldearse por la ausencia del gol. Del silencio inicial los banquillos se había pasado a gritos y más gritos hacia sus jugadores. Coria con menos ademanes que Cocherari pero con un tono más agudo y de mayor alcance.

En una jugada aislada cerca del técnico de Metapan el volante aguilucho Anderson Da Silva pasó provocando a Cocherari y el argentino no se quedó con las ganas de responder en una conversación no apta para menores de 18 años. Pero el incidente no pasó a más.

Unos momentos después apareció una recurrente y tenue lluvia que se mantuvo durante todo el partido y que amainó los ánimos de los banquillos cuando amenzaban con desbordarse.
Así, sin mayores obresaltos se llegó al final del primer tiempo. Cocherari calmó su garganta con una bolsa de agua y Coria relajó su frustración con las manos en los bolsillos. La pólvora se había mojado en Metapán.

Las acciones no cambiaron hast aque llegó el gol. Después de varias anotaciones cantadas de los aguiluchos que habían terminado con las manos de Coria sobre su cabeza Marvin Benítez dio motivos para sonreir. Coria lo esperó con los brazos abiertos y Benítez no tardó en llegar y junto a sus compeñeros lo celebraron allí.

Cocherari se mantuvo ecuánime con el gol en contra. Y dos minutos después la sartén cambio de dueño. Wilson Sánchez empataba el marcador y Cocherari explotaba de emoción. Coria sólo bajó la cabeza buscando explicaciones.

Sobre el final, Cocherari volvió a celebrar con el gol de la victoria y desde entonces no perdió la sonrisa. Y cuando el central pitó el final de las acciones Coria inmediatamente se dirigió a Cocherari para felcictarlo con otro abrazo igual que el de noventa minutos antes. El final del combate.

 

 

 

 

 

 


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