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Me
arrepentí cuando vi morir a dos personas
En su segundo viaje hacia EE.UU., Arístides Chavarría
fue testigo de la muerte de su cuñado y de dos indocumentados
más .
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El superviviente fue recibido
en Jiquilisco por su madre, Elena García. Foto
EDH
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Me hubiera pasado a mí mejor. ¿Cómo
pudo pasar esto, madre?, se lamentaba ayer Arístides
Chavarría ante el cadáver de su cuñado José
Osmín Márquez Alvarado.
Márquez, de 22 años, originario del departamento de
Usulután, fue repatriado ayer desde el estado de Oaxaca,
México, donde murió arrollado por un tren.
Arístides y José Osmín salieron el viernes
anterior hacia Estados Unidos desde Jiquilisco, Usulután.
En el barrio La Merced del municipio de Jiquilisco, todo era desconcierto
por la tragedia.
Apenas conteniendo el llanto, Chavarría relató la
travesía. La misma noche que decidí irme, mi
cuñado me dijo que le llevara conmigo, estaba decidido a
irse, dijo el sobreviviente.
Para Arístides no era la primera vez que se aventuraba hacia
los EE.UU.
En 1994 partió para allá, pero cinco años después
decidió regresar. En esa ocasión fue guiado por un
coyote, quien le abandonó a mitad de la travesía luego
de recibir ocho mil colones como pago.
Al llegar a la ciudad de México, Chavarría y José
Osmín fueron chantajeados.
Un grupo de militares del grupo pro inmigrante BETA nos pidieron
600 pesos mexicanos a cambio de dejarnos continuar , aseguró.
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Sólo quería
pagar deudas
Mi hijo
quería que saliéramos de la pobreza, dijo
Ángela Márquez, quien pidió a otros padres
que impidan que sus hijos viajen ilegalmente
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Luego de ser extorsionados, ambos migrantes lograron llegar hasta
Tapachula. Ya nos habíamos logrado lanzar a dos trenes,
pero nos faltaban dos más que nos llevaran de Oaxaca hacia
Veracruz y finalmente otro hacia San Luis Potosí, continuó
Chavarría.
Pero en un poblado de Las Charcas ocurrió lo inesperado.
Era la tercera vez que intentábamos alcanzar el tren.
Iba muy rápido, luego yo me arrepentí porque vi a
dos personas caerse y morir arrolladas por la máquina,
dijo Chavarría.
Una de ellas era una nicaragüense.
Márquez vio la tragedia, pero decidió subirse al tren
en marcha y corrió la misma suerte.
Al paso que llevábamos, hoy hubiéramos llegado
a Houston, dijo Arístides.
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