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Fieles de una iglesia fabrican féretros
La última morada de un ángel

Con martillo en mano y con Dios en el corazón, los jóvenes construyen ataúdes para las personas de escasos recursos.

Margarita Sánchez
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Los féretros son para niños de diferentes edades. Los más pequeños miden menos de 90 centímetros. Foto: EDH/Lissette Moreno

En muchas ocasiones, la falta de dinero para la compra de un ataúd retrasa la entrega de un niño fallecido en un hospital.

En medio del dolor por la pérdida de un ser querido, la familia tiene que hacer frente al pago de un féretro, un desembolso que sobrepasa los 300 colones.
Ese dinero, muchas veces inalcanzable, se convierte en un reto para la trabajadora social del centro asistencial, encarga de apoyar a los dolientes.

La jefa del Servicio de Trabajo Social, Daysi Ramírez de Díaz, señaló que el Hospital Bloom entregó 54 féretros este año a quienes lo solicitaron.

No obstante, quienes viven de cerca esta problemática comentan que la falta de cajas obliga a que, en ocasiones, coloquen en ataúdes de mediano tamaño a bebés de pocos meses.

A los donativos de la Secretaria Nacional de la Familia (SNF), que colabora con el hospital desde hace dos años, hoy se une el esfuerzo de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Conscientes de la situación, los miembros de esta iglesia se reúnen los sábados en el patio de la capilla de Zaragoza, La Libertad, con una misión muy especial: fabricar féretros para luego donarlos a los distintos hospitales.
El proyecto de amor lleva el nombre Morada para un ángel.

Juan José Alvarado pone todo su esmero en la obra.

Voluntad

Para lograr el propósito, jóvenes y adultos dejan sus ocupaciones los fines de semanas y se convierten en carpinteros por unas horas. Muchos nunca han tomado un martillo, pero el deseo de aliviar el dolor de otros les da la habilidad para hacer las ataúdes.

En el transcurso de la semana, don Francisco Rosales, experto carpintero y encargado de la capilla de Zaragoza, corta los pliegos de durapanel en diferentes tamaños. Cada uno de ellos tiene un número que servirá de guía para que los jóvenes armen y peguen las partes de la caja.
Después, otro carpintero quita las asperezas y deja listo el féretro para que sea envuelto en tela y decorado.

Una tarea aparentemente fácil, pero que requiere de tiempo, dedicación y, sobre todo, de la buena voluntad y el espíritu de servicio de quienes ponen su amor en la elaboración de las cajas.
A cambio de este trabajo, los miembros de la iglesia reciben la inmensa satisfacción de colaborar con aquellos no pueden solventar la compra de un ataúd.
Los fondos para la adquisición de los materiales se recolectan entre los integrantes de la mencionada comunidad de ese municipio de Zaragoza.

Donativo
Los ataúdes construidos por los representantes de la Iglesia se distribuyen en tres centros hospitalarios de la red nacional.

Centros

Cien a cada uno. Trescientos féretros serán repartidos a los hospitales Benjamín Bloom, Maternidad y San Rafael.

Varios tipos

De o a 3 años. Los ataúdes tienen distintos tamaños. Están diseñados para niños menores de tres años.

Entrega

Desde agosto
La donación de las cajas se hará en tres períodos: los meses de agosto, septiembre y octubre.

 

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