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Día
del Periodista, mi día.
No
guardo ni recorto mis artículos, a quien le interese que
los guarde de recuerdo, cuando me muera quizá los pueda vender
bien.
Por
favor, queridos lectores, no se molesten en mandarme telegramas
de felicitación, correos electrónicos, mucho menos
flores en el Día del Periodista porque no me considero como
tal.
Probablemente como escribidor, manchador de papel, o contador de
historias.
Paco Marchessini se llamaba, que Dios lo tenga en su gloria, quien
aIlá por 1985 me colgó una cámara al pescuezo,
me dio un carné amarillo, con una foto, que tenía
cara de güillo y me lanzo prácticamente a la calle a
buscar qué escribir.
Cuando decidí aprender a piIotear un avión, me fui
al aire con un instructor; también llevaba un instructor
cuando aprendí a bucear, y un instructor iba conmigo cuando
me lancé la primera vez en un paracaídas. No tuve
instructor cuando me casé, pero iba bien aconsejado, aunque
de nada me sirvió.
Pero cuando me inicié en este oficio de escribir, fui lanzado
a la calle de porrazo, sin anestesia, o sea como volar a un mundo
desconocido, donde y cuando la pluma era mas temida que una ametralladora,
donde la tinta salpicada en el papel acarriando mis ideas y mis
puntos de vista ante un desconocido grupo de lectores era como un
perfume que se imprimía en mi conciencia de crítico
aun no descubierta y sin mas aliciente que la íntima convicción
de escribir de acuerdo a Io que dicta la conciencia.
Debo decirle que de las muchas cosas que he hecho en mi vida, que
son bastantes y raras, pues últimamente me he convertido
en experto en surcar los aires en cables de acero y constructor
de puentes de hamacas, la profesión que más satisfacciones
me ha dado en la vida y en la que más he durado es la de
escribidor.
Si hubiera sabido que iba a terminar prendido de un tablero de una
computadora hubiera estudiado periodismo, o al menos literatura,
o tal vez gramática con un poco de ortografía con
unas cuantas cucharadas de sintaxis y una pisca de prosodia. Pero
no... Nada aquí tienen un ejemplo de un periodista en bruto
que como muchos me dicen tengo más de lo otro.
Pues es aquí en este oficio donde he tenido las más
diversas como impresionantes aventuras y experiencias, es aquí
donde puedo, gracias a la magia de la pluma imaginativa, visitar
lugares que muy pocos han podido y de los cuales muchos nunca han
regresado. Para aquellos que recién me leen quiero recordarles
cuando me caí de la moto en un bache que se había
formado frente a la iglesia San Francisco. Menudo sopapo me dí,
de allí nació Don Bache y la columna de Donlito.
Mi moto ha sido la compañera inseparable de mis aventuras.
Recuerdo cuando me la robaron cuando me caí y desperté
en el ISSS, gracias a Dios no estaban en huelga.
La Na-Lidia entró en la columna de Donlito, para una Semana
Santa que llegué de paracaidista, a su rancho de playa y
se quedó para siempre, eIla por supuesto, ahora se a convertido
en la reina de la información lo que en palabras vernaculares
le llamamos chambre.
A veces le doy descanso, pero siempre me invita a su rancho, sólo
que ahora se ha vuelto bien selectiva, y ya no permite que se practique
el paracaidismo.
No guardo ni recorto mis artículos, a quien le interese que
los guarde de recuerdo, cuando me muera quizá los pueda vender
bien.
Hasta el momento he escrito más de mil columnas humorísticas,
en dieciocho años de quemarme el coco, para que usted querido
lector se alegre un poquito los domingos.
LLego poco a las instalaciones del Diario, porque con la tecnología,
mis artículos los puedo escribir de cualquier parte del mundo,
como lo hice cuando anduve por la India.
Jamás me han invitado el Día deI Periodista a la Casona,
ni a la Asamblea y si alguna vez fui, fue en mi carácter
de diputado. A la única fiesta que voy es a la del Diario.
No pertenezco a ningún club de periodista ni de escribidores,
ni de cuenteros y mucho menos de noveleros, aunque no niego que
vi a "Bety la Fea".
Jamás me he ganado una medalla, ni de cuero, ni un lápiz
de oro, ni un barquito de papel periódico, por escribir lo
que escribo y esto es lo que más me agrada, tener solamente
el reconocimiento de las personas que a diario me saludan con cariño
y me preguntan que si yo soy el tal Donlito de El Diario De Hoy.
Tampoco me interesa dádiva alguna, ni del GOES, ni ANEP,
ni del cielo ni del infierno. Cuando me siento frente a la terminal
y enciende la pantalla se me enciende el foquito para tratar de
entretener a mis lectores. Eso es más que suficiente y el
mejor reconocimiento en mi día. Amén.
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