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La elegancia del triunfo

Su porte y estilo le dieron cinco medallas en los pasados Juegos Mundiales Especiales, realizados en Dublín, Irlanda. Pero el verdadero triunfo de Ana Romilia está en cada día de práctica de su pasión: la gimnasia.

Carlos Vides/EDH
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Ana Romilia es una amante de la gimnasia. Entrena lunes, miércoles y viernes de 1:30 a 4:00 p.m. Foto EDH

La gimnasta que cautivó a Dublín, la dueña de cinco medallas tras su paso en los Juegos Mundiales Especiales de Irlanda, se enamoró de este deporte cuando tenía sólo doce años.

Fue Violeta Castaneda, profesora de Educación Física en el Instituto de Rehabilitación de Inválidos (ISRI), quien le presentó a la pequeña Ana Romilia la pasión por la gimnasia.

‘Rommie’, como calurosamente le llaman su madre, Gloria Marina Cruz, y todas sus amigas, comenzó a entrenarse y poco a poco su talento innato la llevó por la vía del éxito.

“Siempre le gustó la gimnasia, no le costaban los ejercicios”, relata doña Gloria Marina.

En 1987 participó en sus primeros juegos mundiales, en Indiana, Estados Unidos, y logró colgarse dos medallas de plata: una en viga y otra en barras asimétricas.

Pero luego llegaron problemas familiares. La gimnasia quedó a un lado, y nueve años pasaron sin que Rommie volviera a vestir sus adorados leotardos.

Cinco años más tarde, la gimnasia volvió a su vida.

El reencuentro

Irene de Díaz, profesora de Educación Física, quien estaba encargada del área de gimnasia en el Comité de Olimpiadas Especiales de El Salvador, llevaba meses buscando a Rommie.

“Yo sabía que había ganado medallas en el pasado y que podía volver a entrenar. Sabía que podía dar aún más”, recuerda de Díaz, quien para la madre de Ana Romilia es “la razón e inspiración por la que Rommie es gimnasta”.

Así, la atleta comenzó de nuevo su preparación, hasta que su esfuerzo la llevó a formar parte del contingente salvadoreño que viajaba en junio pasado a Irlanda, lleno de esperanzas y sueños.

“Yo sólo quería representar bien a mi país, y si podía, ganar una medalla. Siento pasión por mi país”, explica la misma Rommie, quien se colgó cuatro oros y una plata en la rama artística.

“Estaba concentrada, lo hice excelente, hice mis movimientos bien”, rememora la atleta, quien llamó la atención de los irlandeses por su estilo innato.

“Rommie es creativa, no hace los movimientos sólo por hacerlos”, añade la orgullosa madre. “Tiene una elegancia especial. La gente preguntaba por ella, de inmediato los enamoró a todos por su estilo y su porte, preguntaban si había sido modelo”, explica doña Gloria Marina.

“Yo admiro a las atletas del Tembag por su elegancia, Erika (Crouchet, entrenadora de este gimnasio) es mi amiga”, dice Rommie.

Ese porte propio, con el mentón levantado y la mirada concentrada en la perfección, fue la clave para que Rommie cosechara su éxito.

Tanta emoción aún vive en Ana Romilia: en su casa guarda fotos y recortes de periódico de sus aventuras irlandesas.

El próximo 18 de julio, ella portará la bandera que tan bien representó cuando sean inaugurados los Juegos Nacionales Especiales. La elegancia del triunfo.

Reina de los girasoles

“Espero que ganes, pero si no ganas no estés triste, porque sigues siendo una ganadora en tu interior. La mejor de las suertes”. Esto le escribió una niña irlandesa, Stephanie, a nuestra gimnasta.

Por cada medalla les entregaron una de estas flores. Acá, a la Izq., junto a Ana Yudith Ayala y Claudia Granillo. Rommie recibió varias cartas de admiración de parte de niños y niñas de Irlanda. Acá aparece en la inaguración de los Juegos junto a una de sus incondicionales amigas, Ana Yudith Ayala.

 

 

 

 

 


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