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Golpe de realidad

Estados Unidos derrotó a la selección salvadoreña por 2-0 ayer, en el debut cuscatleco en la Copa de Oro. El equipo resintió su juventud y por ratos se vio intimidado ante el fuelle norteamericano.

Claudio Martínez/EDH-enviado
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Rudis Corrales intenta superar la marca pegajosa de Frankie Hejduk. Foto Huber Rosaler

No hay que engañarse. Desde el mismo día en que se conoció el calendario de esta Copa de Oro el razonamiento era claro: El Salvador probablemente perdería con Estados Unidos –el empate era considerado un gran resultado– y luego le ganaría a Martinica.

Con esa ecuación, el equipo de Paredes accedería sin problemas a la siguiente fase. Era lógica pura. Pero la gran victoria sobre México elevó las expectativas de muchos. Que venga Estados Unidos, pensaron…

Y Estados Unidos vino a Boston para devolvernos a la realidad y dejar en claro que la brecha que separa a los dos equipos todavía es muy amplia.

El Salvador es un equipo en formación. Sobran los ejemplos para confirmarlo: la juventud de su plantel, los nervios en la primera etapa, la irregularidad de los que más saben y la desconcentración en momentos clave.

Todo esto quedó expuesto porque enfrente se tuvo a un rival de peso, con mucho rodaje y una maquinaria colectiva muy aceitada.

No hay estrellas en Estados Unidos. Tampoco tiene grandes secretos.

De hecho, Paredes conocía a la perfección los movimientos de su rival. Pero por ser previsibles no dejan de ser efectivos.

Sufrimiento

Alfredo Pacheco lo vivió en carne propia y nunca pudo frenar los ataques por su sector. Murgas sólo la veía pasar, casi como los 10,000 espectadores salvadoreños que llegaron para alentar a la Selecta.

Pero lo peor del volante de FAS fue su imprecisión a la hora de distribuir el balón, algo muy inusual en él. William Torres Alegría estaba perdido, Guillermo Morán sólo recurría al pelotazo sin sentido, Rudis Corrales siempre hacía una de más. La Selecta era apenas el empuje de Torres Cabrera por la banda derecha y la voluntad de Diego Mejía –siempre en desventaja numérica- en el juego aéreo.

Si Estados Unidos no se puso antes en ventaja fue porque Juan José Gómez tuvo una parada fenomenal ante McBride a los 5’ y porque el travesaño devolvió un misil de Pablo Mastroeni al 7’.

Pero era evidente que las cosas no venían bien, algo que se confirmó al 27’, cuando una exacta asistencia de McBride superó a Pacheco y dejó mano a mano a Eddie Lewis con Gómez para anotar el primer gol.

La actitud cambió, en parte, durante la segunda etapa. Ya no se dejó intimidar. Primer síntoma: al 47’, Alfredo Pacheco, con un potente zurdazo de media distancia que Keller, controló sin sobresaltos, efectuó el primer (sí, primer) tiro al marco en todo el partido.

Estados Unidos se dedicó a hacer circular el balón, pero ya sin ser tan incisivo. En el momento en que El Salvador se animaba a adelantar sus líneas –sólo llegaba con remates de media distancia-, cayó el segundo gol, al 76’. El golpe de nocáut. Steve Ralston desbordó brillantemente por la derecha, desairó a Pacheco y envió el centro para que McBride fusilara de cabeza a Juan José Gómez.

“Ahora hay que pensar en Martinica”, dijo Paredes al abandonar el estadio. Ahí sí, por una cuestión de tradición y de antecedentes, El Salvador llega como favorito. Y no vale otra cosa que no sea un triunfo.

¿Uruguay? ¿Guatemala? no, los‘celestes’ de El Salvador

Eran casi la una de la mañana del sábado 12 cuando los directivos salvadoreños Jorge Rajo, Hugo Villalta y Carlos Méndez Flores llegaron desde el Logan Airport de Boston al Sheraton Hotel Needham, con un cargamento de ocho pesados bultos y una enorme ansiedad en sus rostros. 

Venían de recoger un envío de Guadalajara, México, que les costó a los despachantes alrededor de 500 dólares en concepto de sobrepeso. ¿Que había dentro? Nada menos que las nuevas camisetas, marca Athletica, que usaría El Salvador a partir del primer juego de la Copa de Oro, justo en el debut de ayer contra EE.UU.

Pero la sorpresa fue enorme cuando el utilero Abraham Beltrán abrió uno a uno los bolsos. Las caras de todos se desfiguraron al descubrir que las camisetas no eran azules, sino celestes.

“¿Y esto? No puede ser. ¿Cómo vamos a jugar con los colores de Guatemala?”, fue lo primero que alcanzó a decir Rajo.

Hugo Villalta estaba desconcertado: “No lo entiendo, nosotros les mandamos la muestra del color y por supuesto que no era éste...”. Como la empresa es mexicana, más de uno sugirió que se trataba de una venganza de los mexicanos por el humillante triunfo de los cuscatlecos en Los Ángeles.

Pura desilusión. Los aficionados cuscatlecos tuvieron que aceptar la supremacía yankee. Danny Califf, de EE.UU., le aplica un cariñito a Rudis Corrales.
Steve Ralston, de EE.UU., celebra el gol marcado por Brian McBride (20). Era el 2-0. Alex Campos tuvo problemas para zafarse de sus marcas, pero logró aportar desequilibrio por la izquierda.
Guillermo Morán, de El Salvador, cabecea el balón antes que el estadounidense Earnie Stewart.

 

 

 

 

 

 


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