| |

Primeros
pacientes llegan al ISSS con el crepúsculo
Aunque llegaron temprano a pasar consulta, la suerte de dos pacientes
fue muy distinta.
 |
|
Los derechohabientes se
presentaron en el hospital de Especialidades antes de la salida
del sol.
Foto EDH
|
Los gatos todavía se desperezaban cuando Obel Monterrosa,
de 72 años, cruzaba el portón del hospital de Especialidades
del Seguro Social para pasar consulta por un molesto dolor de oído
que lo agobia desde hace meses.
Acostumbrado a mañanear por su antiguo trabajo
de vigilante, Monterrosa llegó a las cinco de la mañana
y fue el primero en pasar consulta con el especialista.
Sabedores del refrán al que madruga, Dios le ayuda,
varios pacientes se acercaban a esa hora a los consultorios para
ser atendidos cuanto antes y proseguir con sus actividades diarias.
Personas de San Jacinto, Soyapango, Ciudad Delgado hasta de Zacatecoluca
ocupaban los primeros asientos con pocos minutos de diferencia.
 |
Lea además
|
|
|
Código
uno en la entrada...
Apenas dos horas
de abierto el portón, una inmensa fila para pasar consulta
en Neurología rodeaba las instalaciones del centro
de Especialidades.
|
A las 5:15de la mañana, una de ellas, Antonio Ábrego,
de 62 años, obtuvo el boleto número seis.
El golpe que recibió en su brazo izquierdo al caer con fuerza
en un accidente hace 10 meses le hizo merecedor de una incapacidad
de un año. Desde entonces tuvo que visitar varios hospitales
y unidades de salud, ya que la huelga le imposibilitó seguir
un tratamiento en Especialidades.
A las 6:30 de la mañana, fue permitido el acceso al área
de la consulta externa. En ese momento, la diosa fortuna eligió
a Monterrosa frente a Ábrego.
Inconveniente
Mientras el primero buscaba un asiento para esperar la llegada del
médico, Ábrego recibía la noticia de que no
podía ser atendido por la falta de un documento. Poco importaba
que le hubieran asignado el segundo turno para ver al endocrinólogo.
Disgustado por la noticia, Ábrego exigió una explicación
a una trabajadora social. Ella le argumentó que debía
presentar el certificado de su cotización sin importar que
tuviera un año de permiso en su trabajo.
En un costado del hospital, un galeno invitaba a pasar a Monterrosa.
La consulta tardó menos de media hora, pero el septuagenario
tuvo que hacer de nuevo una fila para que le dieran la fecha de
la siguiente cita.
La próxima vez voy a pasar con otro doctor, porque
se ha complicado lo que tengo. Pero voy satisfecho porque pasé
consulta, se despedía. Al señor Ábrego,
ayer no lo acompaño la suerte.
|
Perdí la mañana
|
Contento a medias
|
Estar
a las cinco de la mañana en Especialidades no le sirvió
de nada a Antonio Ábrego. La enfermera que asignaba los
turnos le exigió el certificado de cotización
de la empresa, documento que no reclama desde hace 10 meses,
para pasar con el especialista.
Malhumorado, Ábrego habló con una trabajadora
social, que le dio la opción de esperar hasta las ocho
de la mañana para corroborar su situación. Mejor
me hubiera ido a otro lugar, más lo que perdí
la mañana, exclamó Ábrego.
Al final, la desesperación ganó la batalla. Sin
más, Ábrego se marchó. |
Obel
Monterrosa tendrá la próxima consulta dentro de
un mes. El especialista que lo atendió le recetó
una medicina. Unas pastillitas que me caen bien,
indicó el vigilante pensionado.
Ser de los primeros en la lista le sirvió para pasar
rápido con el otorrino, quien lo examinó y le
prescribió un medicamento. Pero cuando llegó a
la farmacia, le dijeron que se había agotado.
Con un poco de desaliento, miró hacia la salida y exclamó:
Voy a tener que ir a otra farmacia, tal vez a la de Soyapango,
porque aquí no hay medicinas. |
|
|