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La Selección está en Boston
Ayer al mediodía el equipo nacional llegó a lo
que será su sede en la Copa de Oro. Se instalaron en una
pequeña localidad llamada Needham, donde reina la tranquilidad.
Pero ya suenan tambores de guerra...
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| Corrales y Torres Cabrera encabezan la
fila de jugadores al llegar al Sheraton Needham, donde se aloja
la selección en Boston. Foto Huber
Rosales |
Al fin, después de una gira que recorrió Tegucigalpa,
San Francisco, Los Ángeles y Houston, la Selecta se instaló
en lo que será su hogar por lo menos en los próximos
10 días: el Sheraton Hotel Needham, ubicado en una localidad
llamada precisamente Needham, a unos 18 kilómetros al sudoeste
de Boston.
Tras un agotador vuelo de cuatro horas y media donde el avión
tuvo que soportar algunas turbulencias Torres Alegría,
el más temeroso a la hora de subirse a los aviones, quedó
pálido del miedo, la Selecta hizo pie en Boston. Habían
partido tan temprano de Houston que no hubo tiempo para el desayuno,
por lo que el almuerzo fue más que consistente.
Los platos principales fueron lasagna y salmón a la parrilla.
Aprovechen a comer salmón, que ese plato en cualquier
parte cuesta por lo menos 70 dólares, les comentó
Paredes a Diego Mejía y Juan Alexander Campos, con quienes
compartía la mesa.
Cuando el plantel estaba a punto de levantarse para ir a descansar,
aparecieron en escena dos empleadas de hotel. Eran Ana y Rosa, dos
salvadoreñas que trabajan en Boston desde hace 15 años.
Una nació en Apastepeque y la otra en San Salvador, y ambas
aprovecharon para saludar al profesor Paredes y a Juan José
Gómez, entre otros. Además de ellas están Leonor,
Irma y Celestina, otras tres compatriotas orgullosas de su nacionalidad.
En total son 80,000 los inmigrantes salvadoreños que registra
el consulado de Boston.
Recuerdos
El Sheraton Needham tiene su historia. En el Mundial USA 94, allí
se alojaron las selecciones de Argentina y Colombia. También
fue el hogar de El Salvador cuando en noviembre de 1997 jugó
la eliminatoria contra Estados Unidos y perdió 4-2.
Paredes parece conforme con el lugar. Es tranquilo, no hay
demasiada gente, dijo el entrenador. El único con cara
de preocupado era Luis Roberto Hernández preparador
físico y futuro entrenador del Chalatengo, ya que su
bolso tomó otro destino. ¿Montreal? ¿Alaska?
¿Quién sabe? Lo concreto es que tuvo que hacerse una
escapada al centro de Needham a comprar algunas cosas básicas.
Eso sí, antes repartió una a una las tarjetas magnéticas
para ingresar a las habitaciones. Como es costumbre, casi nunca
se repiten las parejas. Juan José Gómez comparte el
cuarto con Henry Hernández, el otro portero.
Víctor Velásquez con William Torres Alegría
viejos amigos desde los tiempos de Dragón, y
Diego Mejía con Alexander Campos, como para que los delanteros
se vayan entendiendo mejor también fuera de la cancha.
Por la tarde, luego de una siesta bienvenida por todos, el plantel
hizo su primera práctica en el Cricket Field, lugar donde
habitualmente hará sus entrenamientos el equipo de Juan Ramón
Paredes.
Al regresar, pasadas las ocho de la noche, no hubo tiempo para ducharse:
la cena -maccaroni & chesee con papas- estaba lista. Y al finalizar,
Lee Barr, un empleado de la CONCACAF que tiene como misión
acreditar a los jugadores, los esperaba para fotografiarlos uno
a uno con su diminuta cámara digital. Todo parecía
sencillo para Barr, pero no le resultó tan fácil.
No, a William Torres ya lo fotografié, decía
en inglés. Le explicaban que había dos con el mismo
nombre, que este otro era Cabrera. Pero a Cabrera ya lo hice
también, Santos Cabrera, ¿no?... Al final, pasadas
las 9 p.m., mientras algunos se iban a dormir y otros a seguir con
atención la telenovela mexicana Niña amada mía,
el pobre señor Barr abandonaba el hotel con una tremenda
cara de preocupación.
Por
Juan José Gómez Arquero ESA
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| El popular JJ tuvo unos minutos
para expresar, a través de este periódico, su
sentir en esta nueva aventura. |
Máxima entrega
Quedan apenas unas horas para que comience la Copa de Oro y la
sensación de todos es un poco ambigua. Por un lado estamos
ansiosos, no vemos la hora de saltar a la cancha.
Pero por otro estamos llenos de confianza. Los partidos de fogueo
marcaron un antes y un después. Antes había un poco
de incertidumbre, ahora hay un notable cambio de actitud que quizás
se notó más en los juegos contra Paraguay y México.
Siento que antes, en otros procesos, entrábamos derrotados
antes de jugar. Ahora es diferente, creemos en nosotros mismos y
además nos encomendamos a Dios. Tenemos un grupo religioso
que se reúne antes de los partidos para orar.
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| William Torres y Santos Cabrera posan con Rosa
y Ana, dos de las cinco salvadoreñas que trabajan en
el Sheraton Needham y que dieron la bienvenida al equipo. |
Al principio eran cuatro, pero de a poco se van sumando. Lo integran
Santos Cabrera, Alex Campos, William Torres Alegría, Henry
Hernández y yo.
El orgullo de defender la camisa nacional cuenta más que
otra cosa. Es probable que Estados Unidos igual que la selección
de México estén por encima de nosotros en jerarquía,
pero eso no significa nada. Nosotros hemos demostrado un crecimiento
importante, y estamos dispuestos a dejar todo para obtener lo que
queremos. Nuestro espíritu de lucha es único.
¿O acaso no vieron cómo corre William Torres Alegría?
En su equipo yo jamás lo había visto hacer algo así...
Eso es lo que tenemos, un orgullo por nuestros colores que nos hace
esforzar hasta el límite de lo imposible.
Qui-zás un jugador esté agotado y sin energía,
pero el sólo hecho de saber que está defendiendo la
camisa de El Salvador le da fuerzas para seguir... Así somos
los salvadoreños.
En
la intimidad
EL CARRO DE LA DISCORDIA
Después de tener que dejar en Los Ángeles el enorme
carro de juguete que compró para su hija, Rudis Corrales
parece haber encontrado la solución.
El juguete de proporciones increíbles le querían
cobrar 170 dólares para subirlo al avión se
lo quedó un amigo del jugador que vive en California, quien
fue a devolverlo a la juguetería.
Con ese dinero, Rudis comprará otro en Boston, pero para
evitar inconvenientes lo enviará por barco. Ese contratiempo
no lo había dejado dormir...
LAZOS
FAMILIARES
William Torres Alegría tiene un hermano que vive en Houston
y que no ve desde hace 14 años. Sin embargo, no se pudieron
encontrar.
¿Qué pasó? Yo ya no lo llamo más,
cada vez que vengo le hablo por teléfono y nunca viene,
se quejó el nuevo jugador de Águila.
JOYA
Si por algo se lo reconoce a Juan Alexander Campos, además
de por su olfato de gol, es por sus zapatos Fila color naranja.
El delantero los cuida con especial cuidado, incluso los barniza con
vaselina para que no se arruinen. ¿Cómo no los
voy a querer si con estos fui campeón goleador? Además,
son algo especial porque me los envió un amigo de Estados Unidos,
confesó.
REENCUENTRO
Antes de partir hacia Boston, el entrenador Juan Ramón Paredes
tuvo una alegría enorme.
En el hotel de Houston se apareció Rafael Toti
Calvo, un amigo suyo de la infancia que no veía desde hacía
23 años.
Está igual, quizás un poquito más gordo,
relató Calvo, quien era inseparable de Paredes durante su
niñez en la Colonia Las Delicias, en Santa Tecla.
Allá a Ramón le decíamos El Venadito.
El Profesor se quedó sin palabras.
AMISTOSO
Asombrado por la cantidad de gente que convoca El Salvador, un contratista
mexicano que está organizando un cuadrangular en Estados
Unidos para agosto preguntó por directivos de FAS, Firpo
o Águila.
Al final encontró a Jorge Rajo, miembro de la directiva emplumada
y presidente de la delegación en la gira, y ya casi arreglaron
todo. Águila jugaría contra dos clubes aztecas y probablemente
uno chapín.
COMPRAS
Al día siguiente del juego contra Guatemala, los jugadores
aprovecharon para ir a hacer compras al Gallery Mall, el centro
comercial con más tradición en Houston, que incluso
tiene una pista de patinaje sobre hielo. La mayoría fue directo
al local de GAP a comprar ropa, como Víctor Velásquez
y Alfredo Pacheco.
En cambio Juan Ramón Paredes, quien a último momento
desistió de comprarse un sombrero tejano, hizo dos útiles
adquisiciones: una almohada inflable para que su cuello no sufra
cuando viaja en avión y un kit de productos de aseo y cuidado
personal.
Diego Mejía fue el único que no concurrió,
ya que prefirió ir a la iglesia. ¿Será para
agradecer por su gol contra México?
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