Turismo
 
Inicio del Sitio Miércoles 9 de julio
 

 

..NOTICIAS

..SERVICIOS
CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
SUSCRIPCIONES
ESCRIBANOS
CONOZCANOS

..REVISTAS

..OTROS SITIOS
MUJER
DIARIOS:
ORIENTE
OCCIDENTE
GUIA DE OCIO
ELSALVADOR.COM
EN EL MUNDO
 
 

El chaparrón atacó

Casi llovieron sapos en la visita de Aznar a Soyapango. El protocolo queda olvidado cuando se trata de no mojarse.

Lauri García Dueñas
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Francisco Flores y José María Aznar se protegen de la lluvia, que hizo pasar momentos inolvidables a todos los presentes. Foto Arturo Silva

Cuando el cielo decide abrir sus compuertas, no hay suceso en la tierra que lo detenga.

Ni siquiera el protocolo o el hecho de que José María Aznar, el Presidente del Gobierno Español, haya tenido que inaugurar ayer un complejo deportivo en Soyapango.

Aznar y su homólogo salvadoreño, Francisco Flores, se las vieron de palitos para no ser alcanzados por el “chaparrón”.

El chubasco apareció con bombos y platillos. Mientras el provincial salesiano, Manuel González, se tomaba largos minutos para discernir sobre la importancia del las instalaciones para la juventud, a lo lejos, el diluvio se anunciaba.

Las palabras del padre eran profundas y apasionadas, de tal forma que las nubes enormes y voraces parecían parte del discurso. Como mandadas a hacer.

El desorden se adueñó del lugar. Unas 5,000 personas apiñadas en unos graderíos, todo un gabinete con invitados especiales reunidos bajo un canopi que resultó siendo muy, pero muy frágil.

Lea además

 

‘Hay modelos que funcionan’
José María Aznar aseguró que los salvadoreños decidirán el tipo de gobierno para los próximos años.

El discurso del sacerdote se alargaba. Un ensayo social sobre la violencia juvenil, la importancia del deporte y la misión de Don Bosco.

Los miembros de la mesa se volteaban a ver disimuladamente, temerosos de la naturaleza implacable.
La gente estaba desconcertada. ¡Casi nadie andaba paraguas! Los graderíos empezaron a vaciarse.

Los alumnos salesianos, que habían soportado por varias horas el intenso calor, empezaban a huir, el viento metía ruido a los micrófonos, el canopi se contoneaba como gigante que anuncia su caída.
Y el sacerdote no soltaba la palabra, la inspiración era abundante.

Por fin, la maestra de ceremonias le dio la palabra a Aznar y, casi al unísono, el cielo se abrió sin pedir permiso. Las palabras del Presidente español fueron acordes con el aguacero.

“Siempre he pensado que no hay que desafiar los elementos de la naturaleza más de lo necesario. Este polideportivo es una realidad, y esta agua lo está bendiciendo”, dijo el mandatario mientras los custodios ya le cubrían las espaldas con un paraguas.

Dicho y hecho. No hubo más discursos ni más intervenciones.

Las figuras se apresuraron a meterse debajo de las sombrillas que se abrieron poco a poco.
El canopi dejaba pasar las gotas que, juguetonas, perseguían los trajes de gala de las personalidades.

Los niños chapoteaban y gritaban alocados por la lluvia incesante, esa que llega sin importar presidentes.

“¿Quién tira el agua?”

- Una monja preguntaba si andaba alguien arriba del canopi tirando el agua porque, de pronto, caían “guacaladas” de lluvia debido a la presión que la naturaleza ejerció sobre la débil lona.

- Alguien se tomó la molestia de explicarle a la hermana de que nadie andaba en el techo y que era simplemente la lluvia que caía a cántaros.

- Aída Mancías, la maestra de ceremonias, sujetaba fuertemente la bandera de España para que nadie saliera golpeado por el nacionalismo.

- Debido al repentino chubasco, el Presidente Aznar tuvo que hacer un recorrido relámpago por el Centro de Salud San Fernando, también para inaugurarlo en menos de un cuarto de hora.

- Las mesa de honor estaba ubicada de tal forma que los invitados no estaban protegidos contra el viento que soplaba y mucho menos contra la lluvia.

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal