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Un deportista natural
Nació para el deporte. Manuel Cornejo, de 21 años,
no le hizo caso a los pronósticos de los médicos y
fue a Irlanda a colgarse tres medallas de bronce en las Olimpíadas
Especiales.
San Sebastián, Cabañas, 23 de septiembre de 1981.
Nace Manuel de Jesús Cornejo, el menor de diez hermanos.
Sin embargo Manolo, como le conocen ahora, no era igual
a los demás.
Yo tenía la experiencia con mis nueve hijos anteriores
y desde que lo vi supe que tenía problemas, aseguró
la mamá de Manolo, doña María Isabel Arias.
Cuando lo llevó con los doctores, le dijeron que tenía
problemas de aprendizaje y se dudaba que Manolo llegara, incluso,
a caminar. Su mamá no se dio por vencida y lo llevó
al Instituto de Rehabilitación de Inválidos (ISRI).
Pero, además del diagnóstico de limitaciones físicas,
lo que no se tomó en cuenta fue la inagotable fuerza de voluntad
de Manolo y su capacidad para superar adversidades. Tanto así
que, después de un año de tratamientos, Manolo se
logró sentar y a los dos años y medio ya caminaba.
Diecinueve años después, Manolo conquistaría
tres bronces en Levantamiento de Pesas en las Olimpíadas
Especiales. Pero la historia no termina allí: en los momentos
que no está entrenando, Manolo trabaja en una maquila de
bolsas; y en sus tiempos libres vende almohadas que él mismo
fabrica.
manolo, el atleta
Pero las pesas no fue el primer amor deportivo de Manolo. Su vida
atlética comenzó a los ocho años con la pista
y campo. Un año más tarde, Manolo ya ganaba medallas
a nivel nacional por sus habilidades en salto alto.
A medida que practicaba, el atletismo le fue aburriendo y su madre
que nunca dejó de impulsarlo al deporte le presentó
la natación. No duró mucho en el agua pues sus problemas
en los bronquios lo obligaron a saltar del trampolín a la
raqueta del tenis de mesa. Sus habilidades no eran muchas en esta
área; a los 19 años conoció el mundo de las
pesas y, con su característica fuerza, se apoderó
de ellas para no soltarlas.
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