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La conquista en tierras alemanas
El último fogueo de las remeras salvadoreñas en
Alemania, previo a los Panamericanos, también les dejó
varias anécdotas.
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| Carolina Figueroa (izq.) y Aída
Turcios reafirman cada vez más su amistad, la cual va
más allá de una regata. Foto:
Huber Rosales |
Después de su último fogueo de 23 días en
tierras alemanas, previo a los Juegos Panamericanos, el cual incluía
la participación en la Copa Mundial de Remo, las atletas
salvadoreñas Aída Turcios y Carolina Figueroa aceptaron
compartir sus anécdotas con nosotros.
Ambas coinciden en que cuando llegaron a Munich, el hecho de viajar
solas les provocó un grado de extrañeza, pero conforme
pasaron los días lograron hacer amistad con sus próximas
rivales en los Panamericanos: México. Aunque también
se encontraron con atletas de Guatemala, Chile, Venezuela y Argentina.
Uno de los momentos gratos para ambas atletas fue el día
de la final B donde tenía que competir Aída. Me
tuve que robar una bicicleta para poder entrar a la zona de los
entrenadores para poder acompañar a Aída en la regata,
recuerda Carolina.
Yo sólo escuchaba que me gritaban Dale, loca...
Levantá... Eso para mí fue bien chivo, porque
yo sabía que había alguien que me estaba apoyando,
afirma Aída.
Para ambas remeras, la experiencia en la Copa del Mundo fue diferente
a las otras competiciones donde habían participado en tierras
europeas (España).
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| El masaje. El fogueo a Munich
ha dejado huella. Foto: Huber
Rosales |
En Munich sí sentimos que el nivel es mucho más
alto. Además, la pista era bastante dura, por lo que Ricardo
Ibarra (quien las entrenó en su estadía en Alemania)
nos sugirió que probáramos diferentes ritmos para
ver con cuál nos sentíamos más a gusto,
relata Aída.
¡Feliz Cumpleaños!
Pero su preparación no sólo incluyó la participación
en la Copa del Mundo, sino que también aprovecharon para
espiar a los remeros del cuatro sin timonel ligero masculino
de Guatemala, quienes serán los rivales de los remeros salvadoreños
en los Panamericanos.
Después de entrenar nos íbamos a ver a los guatemaltecos.
También les preguntábamos cuál era su tiempo
en el remorgómetro para poder decirle a los nuestros,
asegura Carolina, quien también recuerda que otro de los
momentos inolvidables en Munich fue el 15 de junio. Yo cumplía
años el 16 y entonces Aída me lo celebró un
día antes, relata.
Salimos a comernos un sorbete y un pedazo de pastel. Pero
cuando llegó la hora de regresar, nos perdimos, recuerda
Aída entre risas, quien asegura que eso no fue lo peor, sino
que nadie hablaba inglés, por lo que teníamos
que comunicarnos a señas o con papelitos donde estaban escritos
los nombres de los lugares hacia donde queríamos ir.
Luego de un par de horas, logramos regresar, comenta Aída.
Sin duda, un viaje que además de un fogueo también
quedará para el recuerdo.
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