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“Corrían rabiosos, disparaban y disparaban”

Un periodista de El Diario de Hoy presenció el enfrentamiento entre policías y delincuentes en las cercanías del parque Infantil. A continuación su aflictivo relato.

William Alfaro
Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Algunos policías no tuvieron tiempo de sacar sus armas y responder a los delincuentes. Sólo pudieron tirarse al suelo y defenderse detrás de sus motos. La mañana parecía tan tranquila. Foto: EDH /Gustavo Rico

La sensación del café en el paladar. En los dedos, la tinta fresca de la Revista Dominical. Trato de leer en el auto “Todas putas” (Toque de piedra), de Mario Vargas Llosa, antes de llegar a la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” para cubrir la carrera del Día Olímpico. Un domingo de rutina.

Pero todo puede cambiar de un momento a otro en este oficio. La verdad, “uno nunca sabe”.

7:20 de la mañana: Pedro Luis Rivas, motorista de este Diario, atiende el rojo del semáforo entre la Juan Pablo II y 9a. Avenida Norte. Al costado derecho del vehículo pasan dos policías motorizados que no atienden la señal. Es el aviso de que algo malo ocurre.

Se escuchan los primeros disparos (el recuerdo de los años de guerra regresa). Provienen del costado de la Casa Dueñas. Por la acera de la izquierda corren cuatro delincuentes. Llevan pistolas en sus manos.

Comienzan a disparar contra los agentes, quienes no tienen tiempo de reaccionar. Estamos a 20 metros de ellos. Corren buscando ángulo de tiro hasta prácticamente estar frente a frente con los policías.

-¡Pedro, agachate, están disparando!, grité dentro del coche.
El motorista desabrochó con agilidad el cinturón de seguridad y se agachó, mientras yo no podía soltarme. Mis 1.72 metros (en ese entonces malditos) no me permitieron bajar por completo al incómodo piso del pick up. “¿Y esta mierda me salvará la vida?”, cuestioné nervioso.
Los disparos incrementan, es una balacera... pierdo la cuenta de los estruendos. Los delincuentes apuntan contra los agentes, que se cubren tras las motocicletas.

A nuestro costado pasan los prófugos, uno de ellos (vestido de jeans y camisa roja) fija su mirada en el carro, en sus ojos se mira la rabia. En los nuestros, seguramente, se reflejaba la zozobra de la muerte, pero sigue corriendo. Los fugitivos cruzan sobre la 5a. Avenida Norte.

Esperamos a que uno de los motorizados pase de un lado a otro de la vía. El otro revisa la moto, que fue alcanzada por las balas. Luego se lleva las manos al cuerpo para sentirse completo, mira cómo en el piso se riega el combustible de la máquina. Exhala con fuerzas, está ileso y nosotros también.

Carlos Flores / jefe de seguridad de la Corte.
“El dispositivo falló”

Diez minutos más tarde, sobre la 5a. Calle Poniente (atrás del Centro Comercial Gerardo Barrios), se da la primera captura: se trata de Santos del Carmen Cabrera, alias “El Pelos”, líder de la banda de los “Tacoma-Cabrera”, quien al ser registrado se le encontró un teléfono celular. No llevaba documentos de identidad.

Sobre el pavimento se encuentran las vainillas de las balas disparadas. Los radios de los agentes registraban mensajes de la fuga de los “Tacoma-Cabrera”; se habían escapado de las bartolinas del Centro Judicial Isidro Menéndez.

“Al parecer, son 24 los prófugos”, señaló con discreción un agente. En toda la ciudad un enjambre de policías aún los persiguen.

Condenas y sorpresas
Mientras el director de la Policía, Ricardo Menesses, aseguró que ellos sólo custodian a los reos durante los traslados, al menos un magistrado de la Corte Suprema de Justicia aceptó que el sistema es vulnerable

Interrogantes que carcomen
Los filtros de seguridad fallaron en el Centro Judicial, ya que dejaron pasar armas, ropa, celulares, tarjetas para telefonía pública. Todo favoreció a 14 “Tacoma-Cabrera”.
Las armas
No sonó el “bip-bip”.
En las bartolinas están instalados marcos detectores de metales, lo que impide la entrada de armas de fuego y cortopunzantes. Sin embargo, los prófugos iban armados. El jefe de Seguridad de la Corte reconoció que el detector se arruinó, curiosamente, el sábado, un día antes del escape.
La ropa
Buenas “mudadas”
Tanto las armas como la ropa, se supone que entraron gracias a la ayuda de familiares y amigos de los reos. La ropa es usual que entre y los custodios no se oponen, pues, los imputados tienen derecho a recibir prendas limpias. Al momento de su detención, el líder de los Tacoma iba bien vestido. Incluso, llevaba puesta una gran cadena de oro.
Tarjetas de teléfono
Aló, aló...
A Santos Cabrera, presunto líder de la banda, le hallaron tarjetas para teléfono público, lo que para la Policía resulta sospechoso. Se supone que también fueron filtradas en la visita del sábado o en días anteriores. Una vez que se escaparan, se les facilitarían las comunicaciones con sus contactos.
Celulares
Conexión digital
Muchos especulan acerca de la forma en que les proporcionaron estos teléfonos. A Santos Cabrera le decomisaron uno cuando lo capturaron. ¿Se lo habrán llevado los familiares o amigos, adentro de un recipiente con comida? ¿Se los metieron por una ventana o se lo encontró tirado en la calle?...
Austeridad
Una gran responsabilidad
El jefe de Seguridad de la Corte, Carlos Flores, reconoció que dispone de pocos vigilantes para tanto imputado. Los fines de semana, sólo cuatro custodios atienden hasta a casi 100 reos en las bartolinas.
El Centro Judicial debería tener 60 custodios, el mínimo es 25, pero a veces sólo se cuenta con 12.
Al ejecutivo Una ayudadita
La seguridad de los reos no le corresponde a la Corte. En el pasado, cuando constitucionalmente estaba en manos del Ejecutivo, el Órgano Judicial se asumió la tarea.
Desde hace meses, la Corte y Gobernación mantienen pláticas, para que esas tareas delicadas sean retomadas por el Ejecutivo.

 

 

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