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Corrían
rabiosos, disparaban y disparaban
Un
periodista de El Diario de Hoy presenció el enfrentamiento
entre policías y delincuentes en las cercanías del
parque Infantil. A continuación su aflictivo relato.
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| Algunos policías no tuvieron tiempo
de sacar sus armas y responder a los delincuentes. Sólo
pudieron tirarse al suelo y defenderse detrás de sus
motos. La mañana parecía tan tranquila. Foto:
EDH /Gustavo Rico |
La sensación del café en el paladar. En los dedos,
la tinta fresca de la Revista Dominical. Trato de leer en el auto
Todas putas (Toque de piedra), de Mario Vargas Llosa,
antes de llegar a la Universidad Centroamericana José
Simeón Cañas para cubrir la carrera del Día
Olímpico. Un domingo de rutina.
Pero todo puede cambiar de un momento a otro en este oficio. La
verdad, uno nunca sabe.
7:20 de la mañana: Pedro Luis Rivas, motorista de este Diario,
atiende el rojo del semáforo entre la Juan Pablo II y 9a.
Avenida Norte. Al costado derecho del vehículo pasan dos
policías motorizados que no atienden la señal. Es
el aviso de que algo malo ocurre.
Se escuchan los primeros disparos (el recuerdo de los años
de guerra regresa). Provienen del costado de la Casa Dueñas.
Por la acera de la izquierda corren cuatro delincuentes. Llevan
pistolas en sus manos.
Comienzan a disparar contra los agentes, quienes no tienen tiempo
de reaccionar. Estamos a 20 metros de ellos. Corren buscando ángulo
de tiro hasta prácticamente estar frente a frente con los
policías.
-¡Pedro, agachate, están disparando!, grité
dentro del coche.
El motorista desabrochó con agilidad el cinturón de
seguridad y se agachó, mientras yo no podía soltarme.
Mis 1.72 metros (en ese entonces malditos) no me permitieron bajar
por completo al incómodo piso del pick up. ¿Y
esta mierda me salvará la vida?, cuestioné nervioso.
Los disparos incrementan, es una balacera... pierdo la cuenta de
los estruendos. Los delincuentes apuntan contra los agentes, que
se cubren tras las motocicletas.
A nuestro costado pasan los prófugos, uno de ellos (vestido
de jeans y camisa roja) fija su mirada en el carro, en sus ojos
se mira la rabia. En los nuestros, seguramente, se reflejaba la
zozobra de la muerte, pero sigue corriendo. Los fugitivos cruzan
sobre la 5a. Avenida Norte.
Esperamos a que uno de los motorizados pase de un lado a otro de
la vía. El otro revisa la moto, que fue alcanzada por las
balas. Luego se lleva las manos al cuerpo para sentirse completo,
mira cómo en el piso se riega el combustible de la máquina.
Exhala con fuerzas, está ileso y nosotros también.
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Carlos Flores
/ jefe de seguridad de la Corte.
El dispositivo falló
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Diez minutos más tarde, sobre la 5a. Calle Poniente (atrás
del Centro Comercial Gerardo Barrios), se da la primera captura:
se trata de Santos del Carmen Cabrera, alias El Pelos,
líder de la banda de los Tacoma-Cabrera, quien
al ser registrado se le encontró un teléfono celular.
No llevaba documentos de identidad.
Sobre el pavimento se encuentran las vainillas de las balas disparadas.
Los radios de los agentes registraban mensajes de la fuga de los
Tacoma-Cabrera; se habían escapado de las bartolinas
del Centro Judicial Isidro Menéndez.
Al parecer, son 24 los prófugos, señaló
con discreción un agente. En toda la ciudad un enjambre de
policías aún los persiguen.
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Condenas y sorpresas
Mientras el director de la Policía, Ricardo Menesses,
aseguró que ellos sólo custodian a los reos
durante los traslados, al menos un magistrado de la Corte
Suprema de Justicia aceptó que el sistema es vulnerable
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Interrogantes que carcomen
Los filtros de seguridad fallaron en el Centro
Judicial, ya que dejaron pasar armas, ropa, celulares, tarjetas
para telefonía pública. Todo favoreció
a 14 Tacoma-Cabrera.
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Las armas
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No
sonó el bip-bip.
En las bartolinas están instalados marcos detectores
de metales, lo que impide la entrada de armas de fuego y cortopunzantes.
Sin embargo, los prófugos iban armados. El jefe de Seguridad
de la Corte reconoció que el detector se arruinó,
curiosamente, el sábado, un día antes del escape. |
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La ropa
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Buenas
mudadas
Tanto las armas como la ropa, se supone que entraron gracias
a la ayuda de familiares y amigos de los reos. La ropa es usual
que entre y los custodios no se oponen, pues, los imputados
tienen derecho a recibir prendas limpias. Al momento de su detención,
el líder de los Tacoma iba bien vestido. Incluso, llevaba
puesta una gran cadena de oro. |
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Tarjetas de teléfono
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Aló,
aló...
A Santos Cabrera, presunto líder de la banda, le hallaron
tarjetas para teléfono público, lo que para la
Policía resulta sospechoso. Se supone que también
fueron filtradas en la visita del sábado o en días
anteriores. Una vez que se escaparan, se les facilitarían
las comunicaciones con sus contactos. |
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Celulares
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Conexión
digital
Muchos especulan acerca de la forma en que les proporcionaron
estos teléfonos. A Santos Cabrera le decomisaron uno
cuando lo capturaron. ¿Se lo habrán llevado los
familiares o amigos, adentro de un recipiente con comida? ¿Se
los metieron por una ventana o se lo encontró tirado
en la calle?... |
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Austeridad
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Una
gran responsabilidad
El jefe de Seguridad de la Corte, Carlos Flores, reconoció
que dispone de pocos vigilantes para tanto imputado. Los fines
de semana, sólo cuatro custodios atienden hasta a casi
100 reos en las bartolinas.
El Centro Judicial debería tener 60 custodios, el mínimo
es 25, pero a veces sólo se cuenta con 12. |
| Al ejecutivo |
Una
ayudadita
La seguridad de los reos no le corresponde a la Corte. En el
pasado, cuando constitucionalmente estaba en manos del Ejecutivo,
el Órgano Judicial se asumió la tarea.
Desde hace meses, la Corte y Gobernación mantienen pláticas,
para que esas tareas delicadas sean retomadas por el Ejecutivo. |
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