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Apenas un triunfo
La Selección Nacional se impuso al Chalatenango en un partido
cuya cuota de fútbol fue tan limitada que apenas alcanzó
para ganar. En el rendimiento individual y colectivo las dudas siguen.
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Lo mostrado por el equipo nacional nos dejó
una sola conclusión: se jugó muy mal, como si
se tratara de un equipo que recién se junta y le da rienda
suelta a lo que salga.
Foto Ricardo Benítez |
Más allá de que se trataba de jugar para colaborar
en una obra benéfica, y que el partido en sí no tenía
otra trascendencia que el de realizar un entreno, la verdad es que
todo lo mostrado por el equipo nacional nos dejó una sola
conclusión: se jugó muy mal, como si se tratara de
un equipo que recién se junta y le da rienda suelta a lo
que salga.
Naturalmente que el análisis tiene que dividirse entre las
dos formaciones de que echó mano Juan Ramón Paredes
para enfrentar el partido y tener, lógicamente, una dimensión
más clara del rendimiento colectivo.
La primera formación, la de los 45 minutos iniciales que
se fue al descanso en blanco, fue un equipo fatal.
Porque denunció incapacidad para armarse en medio campo y
establecer comunicación constante con los hombres en punta,
pese a la voluntad que pusieron Santos Cabrera y Gilberto Murgas
para juntarse y cimentar el arranque ofensivo.
Pero por sobre los errores de gestación, lo más pobre
de este equipo del primer tiempo fue la disposición para
defender.
Por ejemplo, se iba René Ramos al ataque y tras sus espaldas
quedaba el espacio grande que Alexander Escobar no alcanzaba a cubrir.
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Entonces se producía el pique del chalateco Enríque
Zúñiga y del pequeñito Raúl Galindo
para explotar el espacio y las dudas de Escobar para venir al corte,
o los cierres tardíos de William Torres improvisado como
zaguero centro.
Y ocurre que en cada llegada del Chalatenango, no sólo quedaba
latiendo la posibilidad del gol en contra, sino la muestra de una
debilidad defensiva que no se admite aunque el partido no tenga
relevancia.
El otro equipo
La formación del segundo tiempo fue otra cosa. Pero no tanto
porque fue capaz de marcar tres goles y evitar el ridículo,
sino porque supo meterse en un patrón de juego que no llegó
a ser desbordante, pero que al menos afirmó el control de
la pelota y evitó los riesgos.
Más que los diez cambios ordenados por Paredes en ese segundo
tiempo, lo que le transformó la cara al equipo nacional fue
la versatilidad de William Torres Alegría para funcionar
como rueda de auxilio en cualquier sector del campo.
En apenas 12 minutos Torres Alegría puso a ganar a la selección
con la simpleza de salir de atrás, tocar e ir a pedirla adelante
aplicando la sorpresa que crea lo inusual.
En ese momento el ex-volante dragoniano supo ser el gran auxiliar
de la visión fitbolística de Santos Cabrera.
Pero cuando éste se fue reemplazado por Cristian Alvarez,
el equipo perdió velocidad de maniobra.
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