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Apenas un triunfo

La Selección Nacional se impuso al Chalatenango en un partido cuya cuota de fútbol fue tan limitada que apenas alcanzó para ganar. En el rendimiento individual y colectivo las dudas siguen.

Roberto Aguila/EDH
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Lo mostrado por el equipo nacional nos dejó una sola conclusión: se jugó muy mal, como si se tratara de un equipo que recién se junta y le da rienda suelta a lo que salga.
Foto Ricardo Benítez

Más allá de que se trataba de jugar para colaborar en una obra benéfica, y que el partido en sí no tenía otra trascendencia que el de realizar un entreno, la verdad es que todo lo mostrado por el equipo nacional nos dejó una sola conclusión: se jugó muy mal, como si se tratara de un equipo que recién se junta y le da rienda suelta a lo que salga.

Naturalmente que el análisis tiene que dividirse entre las dos formaciones de que echó mano Juan Ramón Paredes para enfrentar el partido y tener, lógicamente, una dimensión más clara del rendimiento colectivo.

La primera formación, la de los 45 minutos iniciales que se fue al descanso en blanco, fue un equipo fatal.

Porque denunció incapacidad para armarse en medio campo y establecer comunicación constante con los hombres en punta, pese a la voluntad que pusieron Santos Cabrera y Gilberto Murgas para juntarse y cimentar el arranque ofensivo.

Pero por sobre los errores de gestación, lo más pobre de este equipo del primer tiempo fue la disposición para defender.

Por ejemplo, se iba René Ramos al ataque y tras sus espaldas quedaba el espacio grande que Alexander Escobar no alcanzaba a cubrir.

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Entonces se producía el pique del chalateco Enríque Zúñiga y del pequeñito Raúl Galindo para explotar el espacio y las dudas de Escobar para venir al corte, o los cierres tardíos de William Torres improvisado como zaguero centro.

Y ocurre que en cada llegada del Chalatenango, no sólo quedaba latiendo la posibilidad del gol en contra, sino la muestra de una debilidad defensiva que no se admite aunque el partido no tenga relevancia.

El otro equipo

La formación del segundo tiempo fue otra cosa. Pero no tanto porque fue capaz de marcar tres goles y evitar el ridículo, sino porque supo meterse en un patrón de juego que no llegó a ser desbordante, pero que al menos afirmó el control de la pelota y evitó los riesgos.

Más que los diez cambios ordenados por Paredes en ese segundo tiempo, lo que le transformó la cara al equipo nacional fue la versatilidad de William Torres Alegría para funcionar como rueda de auxilio en cualquier sector del campo.

En apenas 12 minutos Torres Alegría puso a ganar a la selección con la simpleza de salir de atrás, tocar e ir a pedirla adelante aplicando la sorpresa que crea lo inusual.

En ese momento el ex-volante dragoniano supo ser el gran auxiliar de la visión fitbolística de Santos Cabrera.

Pero cuando éste se fue reemplazado por Cristian Alvarez, el equipo perdió velocidad de maniobra.

 

 

 

 

 


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