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“Un ser mil veces extraordinario”

Archie Baldocchi, una persona que vivio intensamente su vida, optimista de la vida ,humilde en su trato, amante de los deportes extremos, exitoso empresario, carismatico político, amigo solidario y hombre de familia ejemplar. Deja una huella muy grande de luto en nuestro país.

Heydi Vargas
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Archie Baldocchi, el hombre de hogar, el banquero, el piloto, el arriesgado deportista, el político, el padre apasionado y detallista, el líder nato en los negocios, dejó este mundo ayer, sumiendo en un profundo pesar a sus seres queridos.

Su cuñado y amigo, Ricardo Kriete, lo describe como un ser “mil veces extraordinario” que emanaba paz y prudencia permanente, que amó profundamente a su esposa Angelita y a sus hijos, y a quien considera “insustituible”.

“Era una persona muy prudente, no conflictiva, ni agresiva y siempre le decía a uno con mucho cariño lo que quería decirle”, recordó Kriete.
Baldocchi, según sus amigos más allegados, estuvo consciente de su enfermedad hasta el último momento y pasó de buen ánimo y tranquilidad espiritual sus últimos días en un hospital de la Florida.

Sus amigos más cercanos se turnaron para acompañarlo en su lecho de enfermo, durante varias semanas.

La pesca, la aviación, los deportes extremos y su afición por los caballos, los mezclaba perfectamente con su labor diaria en el Banco Agrícola o en aquellos días que dedicó ardientemente a la política desde el COENA.
Uno de sus mejores amigos, Herbert Tobar, dijo que la cualidad que más resaltaba en Baldocchi, era “su humildad”.

“Él ha sido muy exitoso en sus negocios, era muy hábil, pero la parte que a mí me encantaba como amigo de él, era su humildad y cómo dignificaba a las personas”, subrayó Tobar.
Baldocchi era todo un atleta y los fines de semana acostumbraba cruzar a nado el lago de Coatepeque.

“Todo lo que es agua le fascinaba, buceaba, le encantaba el aire, su helicóptero, su avioneta, sus caballos, salir a pescar…”, relató Tobar.

Una de las pasiones de Baldocchi fue la aviación.


“Le apasionaba por su papá. Él desde chiquito ya volaba, desde los 14 años. Una de sus aficiones era hacer acrobacias, venían los shows de acróbatas y él se metía a volar. Su esposa e hijos se acostumbraron a todos los deportes extremos que él practicaba”, afirmó Tobar.
Era tal su afición por los aviones, que para su último chequeo médico, hace poco más de un mes, pilotó su propio avión.

“Era una persona muy minuciosa, muy cuidadosa para las cosas de aviación y las lanchas. Era muy perfeccionista en cuestiones de aviación, porque era bien delicado” .
Pero además, sus amigos le recuerdan por una generosidad extrema y discreta, lejos de cámaras o comentarios.

“Usted podía notar que donde estaba él, los fines de semana, llegaba gente de los alrededores llevándoles gallinitas, porque tal vez él le había ayudado a la familia, y a contarle cómo seguía de salud el pariente y agradecerle. Él se molestaba que uno se diera cuenta que había ayudado a alguien, porque era un tipo que daba sin esperar nada a cambio”, dijo Tobar.
Era profundamente salvadoreño, con todo y su fuerte acento guanaco con la “j” en lugar de la “s”.
“Él hablaba bien salvadoreño, bien guanaco con la “j” y bien campechano”.
Pero además era un hombre de familia, de hogar, que adoraba a su esposa y pese a lo “desafinado” que era para cantar, le cantaba canciones de amor a doña Angelita.

“Era una persona detallista, muy minuciosa, muy cariñoso con sus hijos y su esposa”, dijo Tobar.
Sus amigos recuerdan un accidente en el Caribe, cuando el velero en el que viajaban se volcó en mar abierto, rodeado de tiburones.

“Él les transmitió tranquilidad a todos”.


Su motivación para ingresar a la política era “un sacrificio para apoyar al país”, tal como recuerda Tobar.
El diputado arenero Rolando Alvarenga, quien compartió de cerca el paso de Baldocchi por el COENA, lo recuerda con especial cariño.
“Era una persona de una enorme calidad humana. No buscó ser protagónico, no era su estilo”, dijo Alvarenga.

Francisco Bertrand Galindo, quien también trabajó estrechamente con Baldocchi en el COENA, dice que éste siempre “generó una gran sensación de respeto y admiración hacia él”.
“Lo que más me gustaba de él era la franqueza. Siempre fue una persona honrada, no sólo en términos de dinero, sino en su palabra. Un hombre optimista que siempre veía las cosas con alegría”, subrayó Bertrand Galindo.

Lea además

 

 

Pasó por la política por el bien de su país

Todo por sus hijos

- Su amigo Herbert Tobar lo recuerda como un padre comunicador que daba independencia y respetaba a sus hijos.
- El día que su hija Sofía se casó, bailó con ella la canción “¿Y cómo es él?”.
- Su hija acaba de tener bebé y él estaba muy feliz de conocer a su nieta.
- La última sorpresa que recibió de su hijo fue que la esposa de éste tendrá un hijo varón, al que bautizarán Archie.
- “Fue un padre exigente, muy estricto en educarlos y enseñarles que todo cuesta”, dijo Tobar. “Les enseñó el valor del trabajo”.
- Pero al mismo tiempo les transmitía la importancia de ayudar al prójimo, de hacer obra social por los más necesitados.

EL HOMBRE DE LAS MIL AFICIONES
Archie Baldocchi se interesó por el polo cuando vivía en Guatemala, pero nunca se olvidó de sus raíces y de su ser salvadoreño. Hablaba con un acento profundamente guanaco, que acentuaba el uso de la “j”, con términos campechanos que todo el mundo entendía y apreciaba. Su generosidad no tenía límites, discreta y desinteresada. En una ocasión, en pleno mar Caribe, se volcó el velero en el que viajaban, en aguas infestadas de tiburones, pero Baldocchi calmó a sus amigos

La Aviación

Baldocchi adoraba el riesgo y los deportes extremos. Adoraba la natación, la pesca, todo lo relacionado a deportes acuáticos.

- Su amor por la aviación era una herencia de su padre, quien también había sido piloto.
- Aprendió a pilotar aviones desde los 14 años y se preocupaba por los más mínimos detalles de la aeronave que le tocaba dirigir en cualquier momento.
- Personalmente revisaba el motor, los niveles de aceite, etcétera.
- Era tal su afición por la aviación, que pilotó su avión hace poco más de un mes, para dirigirse a la Florida a su último chequeo médico. Viajó junto a un copiloto y pese a sus malestares ya evidentes, lo supo hacer muy bien.
- Le encantaban las acrobacias aéreas y personalmente participó en shows aéreos como el de Ilopango.
- Su familia se acostumbró a estos riesgos y temores, y le acompañaban en muchas de sus aventuras.

 

 

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