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Elotes
a la fumarola
Ya
hay elotes, producidos por aquellos que se la jugaron y sembraron
con las primeras pringas o en las humedades del agua fluctuante
del Embalse del Cerrón Grande.
Lo importante
es que ya se puede empezar a disfrutar de los elotes locos, elotes
asados, salcochados, atole de elote, riguas, tortitas y otro montón
de delicatenses que nos da nuestra mata de maíz, venerada
por nuestros antepasados los Mayas.
Tendría que consultar el libro de cocina de doña Refugio,
para mencionarles cien recetas con maíz tierno, pero seguro
estoy que muy pocos de ustedes han comido elotes a la fumarola.
Esta receta me la dio Carolina. También muy pocos conocen
Carolina.
Carolina es un municipio del norte del departamento de San Miguel,
la tierra de Will Salgado. Pero el alcalde de ese municipio se llama
Juan Óscar Hernández, sastre de profesión a
toda honra- y ahora alcalde de casualidad.
Hernández me cuenta que en la época de la guerra le
hizo unos pantalones estilo inglés a Joaquín Villalobos
y ahora son los que más se pone allá en Oxford.
Y antes de seguir adelante, quiero contarles que hay Carolina y
Carolina del Norte, que son la mayoría que vive en los Yunites
Estates y mandan el pisto para construir casotas de puro cemento
para los parientes.
Pero ya me alejé de los elotes a la Fumarola. Resulta que
una de las gracias de Carolina el municipio son sus
fumarolas o sea que a la orilla del nervioso río Torola,
en un lugar llamado Agua Caliente, se ven salir de la tierra chorros
de vapor proveniente de donde algunos creen que se encuentra el
infierno.
Pues a esos chorros de vapor se les hace una poza y tenemos una
olla de agua hirviendo con burbujas de vapor apta para cocer los
elotes que están listo en menos de lo que canta un gallo.
También se pueden hervir pipianes y hasta hacer café
instantáneo.
Dice un refrán chino y de eso sé bastante, pues he
ido tres veces a la China, e iré otra vez cuando pase el
SARS, que para triunfar en la vida, hay que vivir a la orilla
de un río o a la orilla de un rico.
Pues los carolinenses, o Chacalineros como les dicen
sus vecinos de San Luis de la Reina, conocidos como Aguacateros
por la calidad de aguacates que allí se producen, viven a
la orilla del río Torola.
Los Chacalineros son conocidos así, porque el
río les proporcionaba camarones y además otras especies
de peces, como tepemechín, lisa, ilama, róbalo y guabina,
sin contar con los cangrejos. (un tarado envenenó las aguas
y se acabo la fauna del río)
Pero también hay otros platillos que se pueden cocinar en
la inmensa olla ecológica, que es completamente gratis: se
prepara gallina india sudada al infiernillo, receta criolla y autóctona
como la sudada que se echan para agarrar la gallina, que ya aliñada
y condimentada con ajos, pimienta chile verde, albahaca, cilantro,
jengibre y otras hierbas, se introduce en una lata vacía
de leche y se mete a la fumarola.
El olor te dirá cuando esté el plumífero listo
de comer. Pero no sólo eso, después de la comidota,
te puedes dar un baño en las aguas termales que son medicinales,
si usted tiene piojillo, pirruña, salpullido, jiote, rasquín
del bravo y pie de atleta, el agua milagrosa de las fuentes termales
de Carolina te lo quitan, o por lo menos te queman el pie si no
andas con cuidado.
El municipio vecino hacia el oriente se llama San Antonio del Mosco,
a sus habitantes les dicen cariñosamente los mosquitosos,
es el tercer municipio que está en las riberas del río
Torola, donde se fabrican manualmente los petates.
Este río es cabritoso y lo que menos tiene es de mansedumbre,
por el contrario, cuando se hincha, ruge cuesta abajo arrastrando
lo que encuentra a su paso especialmente piedras, y que es de donde
salió aquel famoso refrán cuando el río
suena... piedras lleva.
Como les dije al principio, es tan conveniente vivir a la par de
un río como al lado de un rico, y en este caso los mosquitosos,
los chacalineros y los aguacateros tienen la bendición de
vivir a la par del Torola, porque por esos lares los ricos brillan
por su ausencia.
Los habitantes de esas alejadas zonas de la civilización,
donde el paisaje es gratis y donde la brisa acaricia, próximamente,
un dique le cortará la furia al Torola y su cauce se convertirá
en una apacible laguna de 9 kilómetros cuadrados y volverán
a renacer las ilamas, las lisas y los chacalines.
Habrá agua para regar los campos y los potreros, se producirá
energía eléctrica que tanta falta nos hace y se hará
realidad el proverbio chino de triunfar en la vida a través
de un embalse que tanto beneficio traerá a los tres municipios
más remotos del departamento de San Miguel dando nacimiento
a un nuevo lago: Chaparral. Ver para creer.
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