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Un
choque amistoso
Los
horarios de entrenos de Firpo y San Salvador coinicidieron ayer
en la mañana mientras los toros salían y los panteras
entraban al Estadio Cuscatlán. El encuentro fue cordial y
amable.
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| Erber Burgos, de San Salvador, saluda a
Santos Cabrera de Firpo ayer en el Estadio Cuscatlán.
Foto: EDH/Húber Rosales |
Las gracias del destino juntaron a los dos planteles finalistas
24 horas antes del partido definitorio y en el mismo escenario donde
hoy en la tarde se verán las caras: el Estadio Cuscatlán.
Quince minutos antes de las diez de la mañana fue la hora
elegida, por la fortuna, para el choque amistoso. Sin
embargo, en lugar de ser confrontativa, la reunión se convirtió
en el momento perfecto para los saludos, deseos de suerte y para
el reencuentro de varios compañeros de pasadas batallas.
El día anterior, ambos equipos no se les había permitido
entrenar en el Cusca, para que descansara el engramillado.
Por ello, tanto Firpo como San Salvador se decidieron por un ensayo
el sábado por la mañana.
Los pamperos madrugaron e hicieron su reservación
para las ocho de la mañana, mientras que los metropolitanos
apartaron la cancha a partir de las diez. Los ajustados horarios
hicieron inevitable el encuentro entre los bandos.
El lugar preciso del encuentro fueron las inclinadas gradas de acceso
que unen la entrada del sector tribuna con el césped del
Coloso. Mientras los panteras bajaban los escalones,
los toros se subían y se detenían según las
afinidades.
Pero antes del saludo, los panteras -incluído
el técnico Rubén Alonso- espíaban en las más
altas gradas del sector tribuna la práctica de los toros.
Milos Miljanic, timonel de Firpo, se percató de la presencia
de sus rivales mientras dirigía un juego entre suplentes
y titulares. A la hora del cobro de un tiro libre, el europeo levantó
la mirada y gritó: Misael, ¿No está Misa?,
que lo venga a patear. Pero su petición no encontró
eco. Misael Alfaro aún no había llegado.
En el cruce de equipos, José Martínez, de San Salvador,
y Guillermo García se detuvieron a platicar largo y tendido,
lo mismo que los pamperos Rafael Barrientos y Fidel Mondragón
con el metropolitano William Torres, todos conocidos de selecciones
actuales y pasadas.
Varias gradas más abajo el pantera argentino Rodrigo Lagos
saludaba al brasileño Paulo Rodrigues con un puntapie suave
en la espalda. Rodrigues se voltió y se abrazó con
Lagos.
Ya en la cancha, Erber Burgos llegaba a platicar con Santos Cabrera
mientras este recibía un masaje. ¿Los técnicos?
Nunca se cruzaron. Hoy por la tarde se volveran a encontrar pero
en plena competencia y con un título de campeón en
juego.
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