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Un choque amistoso

Los horarios de entrenos de Firpo y San Salvador coinicidieron ayer en la mañana mientras los toros salían y los panteras entraban al Estadio Cuscatlán. El encuentro fue cordial y amable.

Marcelo Betancourt
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Erber Burgos, de San Salvador, saluda a Santos Cabrera de Firpo ayer en el Estadio Cuscatlán. Foto: EDH/Húber Rosales

Las gracias del destino juntaron a los dos planteles finalistas 24 horas antes del partido definitorio y en el mismo escenario donde hoy en la tarde se verán las caras: el Estadio Cuscatlán.

Quince minutos antes de las diez de la mañana fue la hora elegida, por la fortuna, para el ‘choque amistoso’. Sin embargo, en lugar de ser confrontativa, la reunión se convirtió en el momento perfecto para los saludos, deseos de suerte y para el reencuentro de varios compañeros de pasadas batallas.

El día anterior, ambos equipos no se les había permitido entrenar en el ‘Cusca’, para que descansara el engramillado. Por ello, tanto Firpo como San Salvador se decidieron por un ensayo el sábado por la mañana.

Los ‘pamperos’ madrugaron e hicieron su reservación para las ocho de la mañana, mientras que los ‘metropolitanos’ apartaron la cancha a partir de las diez. Los ajustados horarios hicieron inevitable el encuentro entre los bandos.

El lugar preciso del encuentro fueron las inclinadas gradas de acceso que unen la entrada del sector tribuna con el césped del ‘Coloso’. Mientras los panteras bajaban los escalones, los toros se subían y se detenían según las afinidades.

Pero antes del saludo, los ‘panteras’ -incluído el técnico Rubén Alonso- espíaban en las más altas gradas del sector tribuna la práctica de los toros.

Milos Miljanic, timonel de Firpo, se percató de la presencia de sus rivales mientras dirigía un juego entre suplentes y titulares. A la hora del cobro de un tiro libre, el europeo levantó la mirada y gritó: “Misael, ¿No está Misa?, que lo venga a patear”. Pero su petición no encontró eco. Misael Alfaro aún no había llegado.

En el cruce de equipos, José Martínez, de San Salvador, y Guillermo García se detuvieron a platicar largo y tendido, lo mismo que los pamperos Rafael Barrientos y Fidel Mondragón con el metropolitano William Torres, todos conocidos de selecciones actuales y pasadas.

Varias gradas más abajo el pantera argentino Rodrigo Lagos saludaba al brasileño Paulo Rodrigues con un puntapie suave en la espalda. Rodrigues se voltió y se abrazó con Lagos.

Ya en la cancha, Erber Burgos llegaba a platicar con Santos Cabrera mientras este recibía un masaje. ¿Los técnicos? Nunca se cruzaron. Hoy por la tarde se volveran a encontrar pero en plena competencia y con un título de campeón en juego.

 

 

 

 

 


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