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Reseña
histórica de Ceuta
Los
orígenes de Ceuta se sitúan en la leyenda. De hecho,
antiguos relatos de tradición judía y árabe
citan a Sabt, nieto de Noé, como fundador de la ciudad.
Los textos griegos y latinos ubican en ella a la columna
sur de Hércules que junto con la contrapuesta columna, ahora
Gibraltar, al norte, marcaban el límite del mundo conocido,
el paso hacia el Jardín de las Hespérides y el umbral
del tenebroso océano de Atlante.
Su bahía fue puerto esencial para el comercio marítimo
y puente natural para el flujo de culturas y comercio entre continentes.
Por lo privilegiado de su situación estratégica y
su geografía de bastión inexpugnable, Ceuta fue desde
la antigüedad codiciada como plaza fuerte y disputada como
magnífico enclave comercial. La Ciudad ha sido testigo del
paso de beréberes, púnicos, romanos, vándalos,
visigodos, bizantinos, árabes, portugueses, españoles,
hebreos e hindúes.
De todas las razas, culturas y regiones que pasaron por Ceuta, cuatro
continúan vivas y en pacífica convivencia hoy en día.
En el 709, los árabes llevaron a Ceuta la cultura islámica,
como al resto de España, que se mantuvo hasta 1415. Ceuta
se convierte en este período en el puerto más importante
del Mediterráneo occidental.
A la llegada de los portugueses en 1915 y su incorporación
en 1640 a la corona española la población cristiana
se afianza definitivamente en Ceuta.
La presencia de la comunidad judía está documentada
desde la antigüedad y se mantiene plenamente enraizada, mientras
que la comunidad hindú aparece a comienzos del Siglo XX,
por los contactos comerciales con Gibraltar y Tánger.
La población de Ceuta es así un crisol en el que conviven
en armonía cristianos, musulmanes, hebreos e hindúes.
De ello se sienten muy orgullosos los propios ceutíes y es
lo que inspiró a la Fundación a crear el Premio Convivencia.
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