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La
fiesta que no fue
Jucuapa
vivió un ambiente incomparable antes y durante el partido.
Al final, tuvieron que tragar sus ilusiones y aplaudir el esfuerzo.
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| La afición del Aspirante le cumplió
con creces a su equipo. Foto: EDH/Ricardo
Benitez |
Aspirante no pudo pedir un mejor ambiente para quemar su último
cartucho para subir a Primera División. La fiesta se respiraba
en Jucuapa varias horas antes del juego.
A varias cuadras del estadio Municipal, en el parque central, unos
técnicos instalaban luces de discoteca en el techo de una
carpa que se utilizaría para celebrar.
Afuera del estadio, una vendedora aseguraba haber mercado más
de 50 vinchas con los colores del Aspirante, mientras algunos aficionados
preguntaban por el precio de los monitos de coco vestidos
con las camisetas de Waldir Guerra y René Ticas.
Los graderíos habían sido ocupados por la Barra
Coco desde tempranas horas de la mañana y explotaban
en papelitos y vejigas a cada momento. No había un solo cuadrito
de espacio a la deriva sin ser acaparado por los aficionados de
Jucuapa.
En un rincón, formada por un grupo de no más de treinta
personas, la Barra Morada golpeaba un tambor y discretamente
apoyaba al Arcense. Los hinchas morados habían
partido desde Ciudad Arce a las nueve de la mañana.
La locura inundó al pequeño estadio cuando Aspirante
salió a la cancha. Mientras los jugadores de Arcense entraban
al engramillado en fila india y con rostro serio y blanco, el presidente
de Aspirante, Manuel Turcios, abrazaba uno a uno a sus jugadores.
Sin embargo, la Barra Coco perdió fuerza mientras
pasaban los minutos y su equipo no anotaba. Arcense tampoco llegaba
al gol, pero el pequeño grupo morado no dejaba
de saltar ni de golpear su tambor.
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| La batalla entre pumas y leones
se dio a muerte. El partido tuvo un trámite emocionante
hasta el final. Foto: EDH/Ricardo Benitez |
A los dos minutos del complemento, el estadio vibró. Las
mallas metálicas bailaban de un lado a otro impulsadas por
los aficionados. El volante local Nelson García abría
la cuenta.
Pero al 66, un frío mortal cayó sobre la espalda
de la hinchada de Aspirantes. El estadio enmudeció con el
empate de Diego Romero. El golpe los mantuvo sometidos hasta que
el árbitro sancionó un penalti a favor de los locales
al minuto 90.
El público entero gritaba por Waldir Guerra, pero fue Sergio
Pereira el encargado de patear y de fallar. La mayoría del
público abandonó el estadio. Sólo los más
fieles esperaron hasta el final para aplaudir a sus jugadores.
Los morados más apasionados ingresaron a la cancha
para cargar al volante Gerson Mier, al DT Ricardo Guardado y al
meta José Luis Monzón, con el grito de Sí
se pudo.
Los jugadores morados no dejaban de abrazarse. A su lado, algunos
jugadores locales aún lamentaban la derrota, tirados en la
cancha.
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