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Tráfico de madera y ventas clandestinas
Padre Tamayo exige respeto a los bosques

El padre José Tamayo, párroco de Salamá, Olancho, cree que hay que detener la destrucción del medio ambiente para preservar la vida de los seres humanos y el futuro de la región.

Lauri García Dueñas
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
El pueblo de Salamá, en el departamento de Olancho, en Honduras, es punto de comercio clandestino de madera. Foto: EDH/Lissette Moreno

“Una vez me escandalicé porque la gente iba a enterrar a un muerto envuelto en plástico, para aprovechar la madera de la caja”, dice José Andrés Tamayo, sacerdote salvadoreño, defensor de los bosques de Olancho.

Y es que para Andrés, la madera no es lo más importante, sino el ser humano. “Hay tanta riqueza por la madera y los niños no tienen pupitres para sentarse a estudiar”, reclama.

El padre cree que los recursos naturales, incluyendo la madera, deben estar al servicio de las causas y problemas sociales, no del capital.

En Honduras, uno de los principales recursos económicos son los bosques y la madera, pero según señala el padre Andrés, éstos han sido diezmados desmesuradamente sin tomar en cuenta las consecuencias que puede traer para la vida humana.

Por eso ha sido amenazado de muerte en las reuniones privadas de los madereros y el alcalde del pueblo mencionó una vez que “el problema ambiental en Olancho sólo se resolverá matando al padre Tamayo”.

Amenazas


El 19 de mayo los madereros expresaron un ultimato, expresando que el último día de ese mes, el padre debía abandonar Honduras,  pero Andrés no está pensando en irse, más bien, pretende seguir conciliando y admite que el alcalde ya se acercó a pedirle perdón.

La filosofía del sacerdote es que hay que cuidar la naturaleza, si no los recursos que el hombre necesita se van agotando cada vez más. “Y este es un problema no sólo de Olancho, sino de Honduras, y del mundo”, sostiene.

“Olancho era antes la tierra prometida”, cuenta el padre. Pero poco a poco, hectáreas de tierra han sido taladas. Este problema salta a la vista.
Entre las montañas, algunas lucen llenas de pinos, pero logra visualizarse parcelas de tierras secas, llenas de piedras y sin árboles.

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Cuando las motosierras destruyen

El padre pretende seguir defendiendo el ambiente y no tiene miedo de morir. Su único temor es que el pueblo desfallezca en su lucha.

La Corporación Hondureña de Desarrollo Forestal (Cohdefor), que supuestamente tendría que regular la tala de árboles, es juez y parte, porque también está encargada de la comercialización de la madera.

Según Tamayo, se necesita más acción del Gobierno y menos corrupción de la Policía y las autoridades ambientales. La solución exige un trabajo en conjunto.

Padre Tamayo
La guerra contra el deterioro ambiental es sin tregua para el párroco salvadoreño.

- Asegura que el 80 por ciento de la tala es ilegal y el resto tiene permisos adecuados.
- Gracias al poyo de Amnistía Internacional, el padre Tamayo tiene la protección del Gobierno hondureño.
- El sacerdote no quiere entrar en conflicto con las autoridades, ya que teme que lo expulsen de Honduras.
- Sus planes son continuar con la labor de concienciación de los lugareños para que exijan sus derechos.
- Mucha madera es sacada de forma ilegal del territorio hondureño y comercializada en el exterior.

 

 

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