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Brilló
el morado
La
celebración en el estadio fue apenas el inicio de una fiesta
que se extendería toda la noche.
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| Los aficionados chalatecos celebraron idílicamente
los dos goles de su equipo. Los alacranes cumplieron.
Foto: EDH/Alvaro López |
Más de una docena de fotógrafos presionaban los obturadores
de su cámaras mientras el defensor chalateco Omar Segovia,
golpeado por el llanto de la celebración, buscaba los brazos
de su compañero Antonio Landaverde. El sueño del campeonato
era una realidad.
Segovia encontró en las lágrimas el desahogo a cuatro
años en los cuales luchó con los morados para poder
volver a la Primera División después de casi 14 años
de disoluciones.
Lloro de felicidad, este es el mejor momento de mi vida. Por
fin he logrado el sueño que es subir a la Liga Mayor,
apuntó el defensor morado.
A escasos 20 metros, los jugadores amarillos del Aspirante
buscaban la entrada a los camerinos; sólo Waldir Guerra dio
la cara, tomó aire y fue a recibir la copa del segundo lugar.
A los usulutecos sólo les queda el repechaje. Y saben que
su futuro es incierto.
lágrimas y ovaciones
Los aficionados del Aspirante iniciaron el regreso hasta Usulután
mientras las barras chalatecas gritaban incansables Ahí,
ahí esta el campeón. Algunos, los más
osados, saltaron la valla metálica y abrazaron a sus héroes,
les suplicaban un recuerdo, una calceta, un taco... la camisola
sudada de la final.
Chalatenango está de fiesta, gritaba un aficionado
disfrazado de fantasma. ¡Vamos a Chalate!, nos
invitó desde un pick up un aficionado que en
su mano derecha llevaba el zapato izquierdo de Enrique Zúniga.
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