|
|

Oswaldo
La Guagua Rivas fuera de serie
Se
aficionó por el béisbol y llegó a ser el mejor
pitcher de su época. Jugó baloncesto y fue un brillante
pasador. Es Oswaldo Rivas, un hombre súper dotado.
 |
| Oswaldo Rivas contándonos
su vida deportiva, con el álbum como testimonio cierto.
Foto Arturo Silva |
¿A cuántos hombres conoce usted que practiquen dos deportes
y que en ambos sean estrellas de primer orden? Posiblemente a ninguno,
porque es casi imposible, puesto que para hacer eso se necesita haber
nacido con unas condiciones atléticas especiales.
O sea, ser un tipo de otra dimensión.
Le cuento que yo conocí a uno que a lo mejor es su vecino.
Se llama Oswaldo Rivas pero en el ambiente deportivo todos lo identificaron
siempre como La Guagua Rivas.
Ocurrió que este tipo, cuando era un niño, salía
a la calle de su barrio San Jacinto y jugaba de lo que fuera y donde
hubiera una pelota, sin importarle para nada si el deporte era fútbol,
baloncesto, voleibol o béisbol. Y para todo era bueno.
Sin embargo, cuando entró a la escuela y sobre todo al
Liceo Salvadoreño su preferencia deportiva se inclinó
más por el baloncesto y el béisbol.
El béisbol siempre fue mi obsesión. Me apasionaban
los Yanquis y estaba al tanto de las series mundiales. El baloncesto
me llegó por vocación, y porque en el Liceo Salvadoreño
era el deporte rey, recuerda Oswaldo.
Aparece lo insólito
 |
 |
|
Aquí está en
Guatemala, de basquetbolista, metiendo fuerza bajo el tablero
salvadoreño.
|
Y aquí como beisbolista,
con su pose de pitcher imbatible y tirando su bola de fuego.
|
Justamente ahí, en el Liceo Salvadoreño, es donde comenzó
la leyenda única de este prototipo de deportista genial.
Porque por las tardes se ponía la franela de beisbolista, se
paraba en el montículo y comenzaba a lanzar las bolas de fuego
que siempre fueron su firma de pitcher invencible; establecía
récords de ponches para conducir al equipo marista al título
de campeón colegial de béisbol.
Y por la noche, como si el desgaste vespertino no fuera más
que otro incentivo en su vida triunfal, se vestía de corto,
con la camiseta blanca número 13, se juntaba con los otros
fenómenos del baloncesto colegial como lo eran Tatum Pereira,
Roberto Selva y Juanito Mateu Llort, y se divertía haciendo
malabares en el gimnasio nacional y pasándole encima a los
rivales hasta levantar la copa de campeón.
Por estas cosas que no podían pasar inadvertidas para nadie,
en 1956, cuando sólo contaba con 16 años de edad y seguía
jugando para el Liceo Salvadoreño, fue llamado para integrar
la selección nacional de baloncesto y la de béisbol.
¿Cómo hacía para atender ambos compromisos y,
además, estudiar? Él mismo lo explica con la sencillez
que no lo ha abandonado a pesar de los años: Como casi
nunca coincidían los horarios de entreno, podía cumplir
con ambas disciplinas.
El problema era cuando las dos selecciones viajaban al exterior y
con distinto destino. Entonces las federaciones tenían que
decidir con cuál viajaba. Por esta razón muchas veces
me perdí eventos de baloncesto o de béisbol en los que
deseaba estar.
Doble esfuerzo
La vida deportiva de Oswaldo Rivas duró 20 años. Y siempre
fue de aquí para allá, cambiando de uniforme a las volandas,
queriendo ser dos para tener un tiempo de respiro. Pero él
la recuerda como la época más linda de su existencia,
porque le permitió hacer amigos en todas partes, convivir en
dos mundos diversos del deporte y conocer sus secretos.
De todos los equipos que integró, el que más recuerda
es el Universidad Nacional. Con él fue campeón doble
varias veces, béisbol por la tarde y baloncesto por la noche.
Hasta su retiro en 1976.
|
La guagua en breve
|
| Padres: Jesús
Rivas y Celia Martínez |
| Esposa: Sofía
Orellana |
| Hijos: Sofía
Carolina, Claudia Marcela y Néstor Oswaldo. |
| Logros en baloncesto: 10
títulos de Campeón con Universidad Nacional. Subcampeón
con Ademar. 20 años integrante de la Selección
Nacional. |
Logros en béisbol:
4 veces campeón con Universidad Nacional. Subcampeón
con Gringos. Impuso récord de ponches: 170, en 1968. |
|
|