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Oswaldo “La Guagua” Rivas fuera de serie

Se aficionó por el béisbol y llegó a ser el mejor pitcher de su época. Jugó baloncesto y fue un brillante pasador. Es Oswaldo Rivas, un hombre súper dotado.

Roberto Aguila/EDH
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Oswaldo Rivas contándonos su vida deportiva, con el álbum como testimonio cierto. Foto Arturo Silva
¿A cuántos hombres conoce usted que practiquen dos deportes y que en ambos sean estrellas de primer orden? Posiblemente a ninguno, porque es casi imposible, puesto que para hacer eso se necesita haber nacido con unas condiciones atléticas especiales.

O sea, ser un tipo de otra dimensión.

Le cuento que yo conocí a uno que a lo mejor es su vecino. Se llama Oswaldo Rivas pero en el ambiente deportivo todos lo identificaron siempre como “La Guagua” Rivas.

Ocurrió que este tipo, cuando era un niño, salía a la calle de su barrio San Jacinto y jugaba de lo que fuera y donde hubiera una pelota, sin importarle para nada si el deporte era fútbol, baloncesto, voleibol o béisbol. Y para todo era bueno.

Sin embargo, cuando entró a la escuela –y sobre todo al Liceo Salvadoreño– su preferencia deportiva se inclinó más por el baloncesto y el béisbol.

“El béisbol siempre fue mi obsesión. Me apasionaban los Yanquis y estaba al tanto de las series mundiales. El baloncesto me llegó por vocación, y porque en el Liceo Salvadoreño era el deporte rey”, recuerda Oswaldo.

Aparece lo insólito

Aquí está en Guatemala, de basquetbolista, metiendo fuerza bajo el tablero salvadoreño.
Y aquí como beisbolista, con su pose de pitcher imbatible y tirando su bola de fuego.
Justamente ahí, en el Liceo Salvadoreño, es donde comenzó la leyenda única de este prototipo de deportista genial.

Porque por las tardes se ponía la franela de beisbolista, se paraba en el montículo y comenzaba a lanzar las bolas de fuego que siempre fueron su firma de pitcher invencible; establecía récords de ponches para conducir al equipo marista al título de campeón colegial de béisbol.

Y por la noche, como si el desgaste vespertino no fuera más que otro incentivo en su vida triunfal, se vestía de corto, con la camiseta blanca número 13, se juntaba con los otros fenómenos del baloncesto colegial como lo eran Tatum Pereira, Roberto Selva y Juanito Mateu Llort, y se divertía haciendo malabares en el gimnasio nacional y pasándole encima a los rivales hasta levantar la copa de campeón.

Por estas cosas que no podían pasar inadvertidas para nadie, en 1956, cuando sólo contaba con 16 años de edad y seguía jugando para el Liceo Salvadoreño, fue llamado para integrar la selección nacional de baloncesto y la de béisbol.

¿Cómo hacía para atender ambos compromisos y, además, estudiar? Él mismo lo explica con la sencillez que no lo ha abandonado a pesar de los años: “Como casi nunca coincidían los horarios de entreno, podía cumplir con ambas disciplinas.

El problema era cuando las dos selecciones viajaban al exterior y con distinto destino. Entonces las federaciones tenían que decidir con cuál viajaba. Por esta razón muchas veces me perdí eventos de baloncesto o de béisbol en los que deseaba estar”.

Doble esfuerzo

La vida deportiva de Oswaldo Rivas duró 20 años. Y siempre fue de aquí para allá, cambiando de uniforme a las volandas, queriendo ser dos para tener un tiempo de respiro. Pero él la recuerda como la época más linda de su existencia, porque le permitió hacer amigos en todas partes, convivir en dos mundos diversos del deporte y conocer sus secretos.

De todos los equipos que integró, el que más recuerda es el Universidad Nacional. Con él fue campeón doble varias veces, béisbol por la tarde y baloncesto por la noche. Hasta su retiro en 1976.
La guagua en breve
Padres: Jesús Rivas y Celia Martínez
Esposa: Sofía Orellana
Hijos: Sofía Carolina, Claudia Marcela y Néstor Oswaldo.
Logros en baloncesto: 10 títulos de Campeón con Universidad Nacional. Subcampeón con Ademar. 20 años integrante de la Selección Nacional. Logros en béisbol: 4 veces campeón con Universidad Nacional. Subcampeón con Gringos. Impuso récord de ponches: 170, en 1968.

 

 

 

 

 


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