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¡Sorpresa!
Traslado a otra clínica
El
ánimo de comprobar el funcionamiento de una clínica
condujo al descubrimiento de una red de abortistas. El involucrado,
ahora, atiende casos más estudiados.
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| Plan distinto: El aborto, debido a un cambio
de planes, se efectuaría en este lugar. Además,
sería otro ginecólogo el que llevaría a
cabo el procedimiento. hora: 11:15 a.m. Día: Miércoles
14 de mayo. Foto: EDH |
Curiosamente, del otro lado del teléfono escucho una voz
femenina, temerosa. Pregunto por la doctora Hernández y,
sin vacilar, me contesta que está en sala de operaciones.
Le explico mi problema, lo del atraso menstrual, y se limita a pedirme
el teléfono y decir que me llamará más tarde.
Hora y media después, vuelvo a marcar. La respuesta es la
misma: la doctora está en sala, pero, esta vez, tiene la
disponibilidad de ayudarme. Me indica un lugar, un restaurante sobre
la 25a. Avenida, y una hora, las 11:00 de la mañana.
Al día siguiente, una hora antes de lo acordado, confirmo
el encuentro. La contacto irá vestida con una blusa y falda
negra.
Con mi compañero llego puntual a la cita. Ella llega con
15 minutos de retraso y la reconozco enseguida. De esa voz temerosa
del día anterior no queda nada, se muestra sonriente y se
presenta diciéndome si soy la que llamó el día
anterior.
Le contesto que sí y entramos en materia. Le repito lo del
atraso y que el examen de embarazo dio positivo. Insiste varias
veces en que el costo del trabajo variaba según las semanas
de atraso. En mi caso, ocho semanas suponía un pago de seis
mil colones.
Mi compañero comenta la idea de una rebaja, pero es inútil.
Corta la conversación e insiste en mi decisión. Contestamos
que sí.
Sin perder tiempo, sale del local con el celular en la mano y hace
una llamada. Siete minutos más tarde, entra y habla de un
cambio de planes.
La doctora sigue en sala, no va a llegar, pero en su lugar me iba
a atender un doctor. Nos levantamos y salimos. En el camino hace
varias preguntas sobre alguna identificación y el laboratorio
donde hice el examen. No quiere sorpresas. Explica que hace un tiempo
llegó una mujer con un examen, pero no era de ella. Con énfasis
recuerda que la tal mujer era una agente policial infiltrada.
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Encuentro: Reunión con el
contacto para ultimar los detalles. Al final, los planes cambiaron
y la clienta fue llevada a otra clínica, para sorpresa,
de ejercicio particular y debidamente establecida.
hora: 11:00 a.m.
Día: Miércoles 14 mayo. |
Nos detenemos frente a un edificio amarillo, con rótulos
de consultorio y laboratorio clínico, y una venta de comida
al lado.
La mujer entra a la consulta del doctor y dos minutos después
me llama junto a mi acompañante.
Entramos. Hay varios diplomas sobre las paredes. Uno, el de la Universidad
Nacional, que lo acredita como doctor en Medicina, destaca sobre
el resto.
De tez morena, con anteojos, entrado en los 50, el médico,
vestido con su atuendo de batalla, ve mi caso como uno más
en su lista. Pide la fecha del atraso y repite el precio: seis mil
colones.
Asiento con la cabeza y lacónico se limita a decir que el
proceso del aborto por succión dura media hora y que no duele.
Vuelve a repetir lo del precio y añade que, al ser el primer
niño, el cuerpo no tiene las condiciones para el aborto.
Me muestra donde está el baño y pide que me quite
la ropa para examinar el feto.
Entre tanto conversa con mi acompañante. Le pregunta por
los trabajos anteriores y responde que son muchos, que siempre salían
negocios.
Debido a la demanda y la situación económica, le
comenta que deja de hacerlos en el hospital y los pasa a la clínica.
La seriedad en su rostro no le desaparece en todo el momento, menos
aún cuando salgo del baño, finjo que lloro, y le digo
que quiero pensarlo de nuevo. Tampoco pierde esa pasividad en sus
movimientos. Simplemente nos invita a salir de la clínica,
a pensarlo bien y que regresemos.
El primer contacto
-
Buenas, con Liz, por favor. Hablo por el anuncio del periódico
- Ella no se encuentra en el país, pero yo puedo ayudarlo.
Dígame, ¿cuál es el problema?
- Es que a mi novia hace ya más de dos meses que no le viene
la regla.
- ¿Cuándo fue la última vez que le vino? ¿qué
día fue?
- A finales de enero y principios de febrero.
- Déjeme ver. Entonces estamos hablando de casi ocho semanas.
Todavía se puede hacer el trabajo. ¿Y ya le hizo la
prueba de sangre?
- No, todavía no.
- Y ustedes, ¿cuál es el tratamiento que emplean?
- Es con tres inyecciones. Se le aplica una por día. Cada
una cuesta 60 dólares.
- ¿Y eso no tiene complicaciones?
- Ninguna. Tenemos clientes que vienen hasta tres veces en el año.
- ¿Y por dónde tienen su clínica?
- Mire, podemos reunirnos en algún lugar...
- No tiene usted algún número fijo donde pueda llamarlo,
porque esto me resulta demasiado caro...
- Mire, puede llamarme al 284-217... pero sólo antes de las
8:00 de la mañana..
- ¿Cuál es su nombre?
- Ricardo López.
- Vaya pues, yo le llamo.
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El precio del aborto depende de las semanas
de embarazo.
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