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La
oferta
Para todos los gustos
El
modus operandi de las clínicas presenta ciertas
similitudes. Sin embargo, cada una defiende su territorio y a sus
clientes. No se esconden para definir su método abortivo
como el mejor .
Al revisar la forma de operación de las distintas clínicas
que se anuncian en los clasificados, podría pensarse que
todas actúan en conjunto. Sin embargo, varias de ellas guardan
celosamente su territorio y no dejan que otra persona aparezca de
repente y les robe sus clientes.
Es más, cada una alega que su método empleado para
el aborto es el mejor, y no duda en criticar agriamente
las técnicas empleadas por sus colegas.
Para el caso, la clínica dirigida por Liz, una
de las que aparecen publicadas, ofrece tres inyecciones, cada una
a un costo de 60 dólares.
Al llamar al celular habilitado por esta persona, contesta un tipo
con acento sudamericano, quien explica que Liz se encuentra
fuera del país.
El hombre, que dice llamarse Ricardo López, explica que se
tiene que poner una inyección por día y que tiene
que cancelarse una por una. En teoría, diez días después
de aplicado el método, la regla va a aparecer.
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Una de las abortistas criticó
la metodología empleada por sus colegas.
Afirma que las inyecciones producen severas hemorragias y
el curataje o legrado, graves infecciones.
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Otra clínica, la de la doctora Hernández, ofrece
la técnica de succión. A cambio de tres mil colones
la interesada puede deshacerse del producto sin ningún
dolor.
Mercy, la persona que atiende el teléfono y se encarga de
establecer las reuniones para desarrollar el aborto, asegura que
aquí vienen hasta mamás con sus hijas violadas
para que la doctora les saque el niño.
Nosotros empleamos material descartable traído de
Estados Unidos. Usted no corre ningún riesgo y si quiere,
hasta puede quedar embarazada más adelante, detalla
la mujer, de tez blanca y con dos coronas en sus dientes superiores.
El procedimiento, en este caso, dura, aproximadamente, una hora.
En media hora le succiona al niño y tiene que descansar
otra media hora. Se le pone anestesia local por diez minutos,
sostiene Mercy, quien aceptó que en su juventud se practicó
varios abortos.
Otra clínica clandestina, y la única que pone a disposición
un número de teléfono fijo, ofrece el método
de óvulos vaginales para realizar el aborto.
$60 dólares
El precio más bajo que se paga en
una de las clínicas clandestinas por abortar. Equivale
al pago por una inyección que induce a la menstruación.
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$800 dólares
Es el precio a pagar por un proceso de succión
o aspiración del feto en una clínica ginecológica
particular, debidamente establecida como consultorio.
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En este lugar es directamente la médica abortista quien
contesta las llamadas. Sin pudor alguno da su nombre y la dirección
exacta de la casa donde puede llegar la interesada para poder consumar
el procedimiento.
A cambio de dos mil colones y 15 minutos de tratamiento, la ginecóloga,
que detalló que trabajaba para un hospital público,
y que si quieren que los atienda tienen que ser muy puntuales,
ofrece un tratamiento sencillo mediante el cual la menstruación
aparece dos horas después.
El último de los centros consultados ofrece, además
del teléfono, el nombre de la clínica, bendecida por
una santa.
Un hombre con voz grave, el doctor Selva, atiende las consultas.
Explica que la interesada tiene que llevar consigo, aparte de la
correspondiente prueba de sangre, 25 dólares para la consulta
e igual cantidad para una ultrasonografía.
Para reunirse, solicita que la mujer aborde determinada ruta de
buses y llegue hasta un centro comercial en las cercanías
de la colonia Centroamérica, en San Salvador. Lugares y clínicas
que salen como la espuma, fruto de una práctica que está
a la orden del día.
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Hasta madres vienen con sus hijas
violadas para que aborten.
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