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La triste historia de padre e hijo
Penurias cerca del río Acelhuate

Las primeras tormentas les botó la champa de láminas y madera. Ahora viven debajo de un plástico. Esta es la situación en la que viven muchos desafortunados.

Lorena Baires
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
El invierno ya empezó a hacer estragos en la morada de Julio César. La noche del jueves, todas sus pertenencias se mojaron.
Foto EDH

Un suave manto de humedad envolvió la noche del domingo. La misma que ablandó el terreno de la ribera del río Acelhuate, en el barrio Lourdes.

De pronto, la casa de madera y láminas corroídas, en donde vivían Julio César Rodríguez y su hijo Elías, comenzó a deslizarse en dirección de las agitadas aguas del crecido río.

Desesperados, comenzaron a sacar de la casa las pocas pertenencias que tenían: una cama, una vieja cocina, un destartalado radio y una pequeña refrigeradora.

Cada minuto que pasaba, la casa parecía que se derrumbaba.
“Ligero empezamos a quitar las láminas y los maderos que detenían la casa. Después, ‘afianzamos’ otra vez las bases y pusimos un plástico, como techo y paredes, para cubrirnos de la otra tormenta”, explica con tristeza Julio, quien vive en ese lugar desde hace dos años.

Él es mecánico y tiene un pequeño taller improvisado sobre la acera del bulevar Venezuela. Pero la ubicación del taller, es su peor enemigo, por el peligro de la zona.

“Hace dos días vinieron dos clientes a dejarme dos motos para que se las arreglara, pero como no tengo donde guardarlas, me robaron todas las piezas de las motos. Ahora no sé como voy a pagarlas”.

Miseria

Esos no son los únicos problemas que debe enfrentar este hombre, pues la mujer con la que procreó dos hijos, a Elías y a una pequeña más, lo ha demandado ante la Procuraduría General de la República. La señora quiere que le pase una pensión mensual por la niña.

“Yo le expliqué a la trabajadora social que no me alcanza y que no tengo un sueldo seguro. Ella me dijo que mi hijo no puede seguir viviendo conmigo, por las condiciones en que vivo”.
Para el 20 de mayo, él debe presentarse ante la Procuraduría para decidir el futuro de su hijo adolescente.

Con la llegada del invierno la situación ha empeorado. Julio debe repartir su tiempo entre trabajar en el taller y la reconstrucción de su casa.

“Es difícil decir que voy a terminar mi casa rápido, porque tengo que trabajar en el taller. Si no reparo motos, no comemos, pero si no construyo mi casa, seguro me encuentran en el río Lempa”.
Julio César espera que el invierno le de tiempo para levantar las láminas y rehacer su morada.

 

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