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Se mataron a goles

En un partido que fue digno marco de una verdadera fiesta de goles, los panteras del San Salvador se impusieron merecidamente a Limeño.

Roberto aguila / EDH
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
San Salvador 5
Municipal Limeño 3
Antes de entrar en el detalle de lo que fue el partido, hay que dejar en claro que en un encuentro colmado de goles como lo fue éste, normalmente gana el equipo que se muestra más efectivo frente a la portería rival.
Foto Oscar payés

Antes de entrar en el detalle de lo que fue el partido, hay que dejar en claro que en un encuentro colmado de goles como lo fue éste, normalmente gana el equipo que se muestra más efectivo frente a la portería rival. Y ese equipo, en este caso, fue el San Salvador.

Primero, porque en los 18 minutos iniciales, cuando no se vislumbraban posibilidades porque Municipal Limeño se mostraba más metido en su línea de juego ofensivo y trabajaba con más orden, el San Salvador tuvo la capacidad de dejar en las redes del arquero Santos Rivera su primera llegada: rechazo trabado de la zaga limeña, el rebote que le queda a Alex Obregón, toque hacia atrás para la llegada franca de Denis Alas, y derechazo violento que se coló junto al palo izquierdo de Rivera. Golazo.

Sobre los 38 minutos el equipo capitalino perdió a Denis Alas por expulsión, y se tuvo que mover un poco conservadoramente.
Sin embargo, a partir del gol y sobre todo en el segundo tiempo, el camino hacia el arco rival le quedó más despejado a los panteras.

¿Por qué? Porque Municipal Limeño, que había iniciado exhibiendo una postura con mucha mentalidad de ataque y jugaba bastante abierto, el gol en contra y la obligación de buscar el empate terminaron por abrirlo más.

Y todo mundo sabe que esa es la situación que mejor saben explotar los panteras del San Salvador, por su innegable capacidad de matar a través de su contraataque letal.

En su oficio

De manera que cuando el Municipal Limeño adelantó sus líneas y dejó el espacio tentador y explotable a sus espaldas, lo único que hizo el San Salvador fue agruparse en su fondo para sortear la presión cuchera, y destaparse en contragolpe cada vez que recuperó la pelota.

Entonces la consigna pantera fue entregarle la pelota a Emiliano Pedrozo para que hiciera puente en el camino hacia Santos Rivera, y enseguida habilitar a Alexander Obregón para que hiciera el resto.

Este fue el origen de la fiesta de goles. Porque mientras Limeño luchaba por acortar distancias, y lo conseguía en gran medida, los hombres de Rubén Alonso dejaban su estocada en la red santarroseña cada vez que llegaban.

San Salvador llegó a ponerse arriba 4x1 en algún momento, y sin embargo Municipal Limeño no bajaba los brazos. Al contrario, cada gol pantera encendía más los ánimos cucheros. A tal punto que llegó a ponerse 2-4 en el marcador y revestido de un accionar que quería más.

Fue en ese momento en que le cayó el quinto gol pantera, sin tiempo para Limeño de rescomponer la goleada. Lo suyo sólo alcanzó para un gol más. Para el definitivo 5-3. La victoria pantera fuemeritoria, porque la hizo con diez hombres.

“ Cometimos muchos errores defensivos que el San Salvador supo aprovechar. Quisimos levantar, pero fue difícil. ” Edwin González Defensor de Limeño.


“El gol fue obra de Dios”: Misael
“Ese gol no lo hice yo, lo hizo Dios”, desfclaró el arquero al final del partido.
Foto Oscar payés

Iban 57 minutos del partido cuando el arquero Alvaro Misael Alfaro vino a cobrar un tiro libre. Le puso el chanfle justo y marcó un golazo.

Lo que no es usual en nuestro fútbol y constituye un reto, como el hecho de que un arquero marque un gol en un partido, Alvaro Misael Alfaro lo afronta con decisión y le pinta la cara a cualquiera.

Eso hizo ayer en el encuentro que su equipo San Salvador sostuvo contra Municipal Limeño, cuando vino a cobrar un tiro libre y se unió a la fiesta pantera marcando un golazo.

Se jugaban 57 minutos del partido cuando Alexander Obregón fue derriba a cinco metros del área y se sancionó un tiro libre. El disparo tenía que efectuarse un poco a la izquierda de la media luna, justamente propicio para un tirador derecho.

Y allá fue Misael a pedir que se lo dejaran a él el cobro del tiro libre.

Accedieron.

Alfaro acomodó la pelota en medio de la tensión que trae este tipo de jugadas, miró el ángulo propicio en el arco de Santos Rivera, y metió el derechazo perfecto que se coló junto al paro derecho del meta santarroseño. Visto así, desde las gradas, fue un golazo.

“Ese gol no lo hice yo, lo hizo Dios”, desfclaró el arquero al final del partido. Y agregó, envuelto en la emoción, que el el gol número 17 que marca en su carrera deportiva, y que se lo dedicaba a Alvaro Misael junior, su querido hijo.

Misael Alfaro es sin duda el primer arquero salvadoreño que se atreve a este tipo de desafíos, y no es la primera vez que vence a sus colegas rivales.

“Practico mucho este tipo de disparos.

Por lo menos 200 veces diarias”, dijo.

 

 

 

 

 


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