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¿Comó le salió la foto al Presidente?
La Espiga Dorada volvió a relucir en manos de los mejores.
Merecido tributo recibido ayer por atletas, periodistas y dirigentes
deportivos que más destacaron el año pasado.
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Flores no tuvo problemas
en tener un espacio junto con los fotoperiodistas y camarógrafos
que cubrían el evento.
Foto EDH
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Francisco Flores no tenía un buen ángulo desde su
posición para tomarle la foto a su hijo, que recibiría
la Espiga Dorada como novato del año en Squash.
Pero sí la buena disposición de un padre orgulloso
porque su retoño destaca en el deporte nacional.
Desde que supe que el Presidente llevaba consigo una cámara
comencé a insinuarle a pura mímica que
se colocara donde estábamos los periodistas. Con un gesto
me solicitó paciencia. Los minutos comenzaron a pasar. Lentos.
Y cuando me percaté de que Juan Marcos, su hijo, iba a subir
al podio para recibir el galardón, animé al Presidente
para que se acercara. Flores dudó. Sacó su cámara
y desde su lugar quiso sacar la foto. Era imposible. La nube de
fotógrafos se lo impedía.
Cuando se decidió, gracias a cierto empuje de la Primera
Dama, se arregló el saco, se puso recto y caminó hacia
donde estaban los comunicadores.
China, ahora, sacale la secuencia le dije a Lissette
Lemus, fotoperiodista de El Diario de Hoy.
Como respuesta sólo pude escuchar el traqueteo de la cámara
disparando seis cuadros por segundo.
El Presidente avanzó y llegó hasta el punto exacto
desde donde podría hacer las instantáneas con su pequeña
cámara. La suerte le sonrió aunque sólo durante
unos pocos segundos. Porque como un verdadero enjambre, los fotoperiodistas
se voltearon y, entonces, él se convirtió en el personaje
del momento.
Por casualidad, yo había quedado justo detrás de él
y cuando retornaba a su asiento tuve el atrevimiento de decirle:
Presidente, vaya a darle un abrazo a su hijo. Flores
volvió a dudar. Insistí. Accede. Más fotos.
¡China, agarralo! Otro traqueteo de la cámara.
El enjambre humano envuelve al Presidente al tiempo que sus guardaespaldas,
cosa extraña, no intervienen. Lo dejan disfrutar del instante.
El acto se ha detenido momentáneamente, pero después
de algunos minutos continúa. Y cuando termina la entrega
de las espigas me acerco y le solicito una de sus fotos para
publicarlas.
Claro, con mucho gusto. Entendete con él (se refiere
a uno de sus acompañantes).
¿Tiene celular? le pregunto al acompañante.
Sí.
¿Cuál es el número?
7...
Cuatro horas más tarde aprieto en varias ocasiones el botón
verde de un celular con la esperanza de ver el resultado fotográfico
del mandatario. Pero una dulce voz responde siempre: Por favor,
deje su nombre y un mensaje.... Insisto. Nada.
De su puño y letra
Como dudaba que Flores diera declaraciones después del evento,
tuve otro atrevimiento: ponerlo a escribir en mi libreta lo que
sentía sobre el triunfo de su hijo. Me costó decidirme.
Pero en un momento en que lo peor es que a uno le digan no,
hice el intento. Escribí la pregunta y se la envié.
Aceptó de buena gana y comenzó a dictarle a su esposa
lo siguiente:
Nosotros nos sentimos
1) orgullosos
2) felices
Nosotros nos sentimos, también, esperanzados que la disciplina,
el esfuerzo, el coraje y la vida saludable que requiere el deporte
se traslade a su vida como adulto y pueda, así, lograr sus
metas.
Después, el mandatario brindó declaraciones similares.
Pero teníamos la letra de la Primera Dama.
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