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Mayra fonseca
Aquella raqueta de oro

Se trata de Mayra Fonseca, la estrella del tenis de mesa que mandó en el istmo centroamericano durante trece años.

Roberto Aguila
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Mayra en su vida de hoy, con su esposo Alfredo y su hija María José. Foto EDH

Nadie supo nunca si Carlos Fonseca, un apasionado por naturaleza del tenis de mesa, fue consciente de lo que estaba fabricando aquel día en que se le antojó poner una raqueta en las manos de su hija Mayra y enseñarle a jugar.

Mayra, la única hembra de los tres hijos que procreó el matrimonio de Carlos Fonseca y Esperanza Leyva, tomó la raqueta y, mientras aprendía lo más rudimentario del juego, comenzó a hilar un sueño que acaso no estaba en la mente de su papá maestro: convertirse en la figura máxima del tenis de mesa femenino del país.

En esos momentos Mayra tenía apenas once años, pero tomó tan en serio su decisión que un año después, en 1979, se aventuró en participar en su primer torneo nacional y consiguió ubicarse tercera.
A partir de entonces su ascenso fue fulminante, y el momento justo para comenzar a construir una cadena de triunfos que hasta hoy resulta impresionante. Tanto, que durante trece años (de 1981 a 1994) mantuvo la hegemonía en el tenis de mesa femenino a nivel nacional y centroamericano.

Fue la época en que sus rivales del istmo se resignaban a pelear por las medallas de plata y bronce, porque sabían de antemano que la de oro estaba reservada exclusivamente para ella. Era la satisfacción permanente, la jugadora espectacular que lo garadntizaba todo. Era el legado que Carlos Fonseca, antes de morir, le había entregado al tenis de mesa nacional, para que siempre estuviera en el lugar más alto del podio.

Cuando Mayra Fonseca decidió retirarse en 1994 después de conservar su título de campeona en los V Juegos Deportivos Centroamericanos celebrados en San Salvador, contaba con un palmarés único en la historia deportiva del país, que incluía tres medallas de bronce ganadas en Juegos
Centroamericanos y del Caribe, múltiples nominaciones para la Espiga Dorada y tres veces elegida como Atleta del Año. Todo ésto le sirvió para ser considerada la Atleta del Milenio y ser premiada por el presidente Francisco Flores.

La empresaria de hoy


Han pasado trece años después de que Mayra Fonseca tomó la determinanción de guardar la raqueta para siempre. Y en esos trece años su vida se convirtió en muchas otras cosas que nada tienen que ver con el deporte.

Comenzó por casarse con Alfredo Antonio Reyes, su novio de siempre, un año después del retiro (1995). Enseguida regenteó con Esperanza, su madre, un restaurante distinguido en una zona de ricos, y después apareció como socia de sus hermanos en el negocio de computadores que tiene un nombre que lo dice todo: “Fonseca Computadoras”.

Todas estas actividades la sacaron mucho de la nostalgia del tema deportivo, al que solamente vuelve cuando se lo recuerdan, o cuando mira su colección de medallas y trofeos que conviven con ella como testimonio de su glorioso pasado deportivo.

Pero lo que más la cambió de aquella jugadora aguerrida a esta señora tranquila y realizada que es hoy, fue la llegada de María José, su preciosa hija que hace poco cumplió un año de brindarle felicidad y dicha.

Ahora Mayra está completa, como ella misma lo afirma, porque tiene un negocio que atender, un marido que la apoya en todo, y a una María José que la espera siempre para decirle mamá. Realmente, a Mayra Fonseca ya no le hace falta nada.


Ficha de Mayra
Lugar de nacimiento:
San Salvador
Fecha: 7 de octubre de 1967.
Hija de: Carlos Fonseca y Esperanza Leyva
Casada con: Alfredo Antonio Reyes
Hija: María José, de un año de edad.
Logros deportivos: Campeona nacional y centroamericana de tenis de mesa, de 1981 a 1994..
Nominada Atleta del milenio.
Fecha del retiro: julio de 1994.

 

 

 

 

 


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