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Mayra
fonseca
Aquella raqueta de oro
Se
trata de Mayra Fonseca, la estrella del tenis de mesa que mandó
en el istmo centroamericano durante trece años.
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Mayra en su vida de hoy,
con su esposo Alfredo y su hija María José.
Foto EDH
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Nadie supo nunca si Carlos Fonseca, un apasionado por naturaleza
del tenis de mesa, fue consciente de lo que estaba fabricando aquel
día en que se le antojó poner una raqueta en las manos
de su hija Mayra y enseñarle a jugar.
Mayra, la única hembra de los tres hijos que procreó
el matrimonio de Carlos Fonseca y Esperanza Leyva, tomó la
raqueta y, mientras aprendía lo más rudimentario del
juego, comenzó a hilar un sueño que acaso no estaba
en la mente de su papá maestro: convertirse en la figura
máxima del tenis de mesa femenino del país.
En esos momentos Mayra tenía apenas once años, pero
tomó tan en serio su decisión que un año después,
en 1979, se aventuró en participar en su primer torneo nacional
y consiguió ubicarse tercera.
A partir de entonces su ascenso fue fulminante, y el momento justo
para comenzar a construir una cadena de triunfos que hasta hoy resulta
impresionante. Tanto, que durante trece años (de 1981 a 1994)
mantuvo la hegemonía en el tenis de mesa femenino a nivel
nacional y centroamericano.
Fue la época en que sus rivales del istmo se resignaban a
pelear por las medallas de plata y bronce, porque sabían
de antemano que la de oro estaba reservada exclusivamente para ella.
Era la satisfacción permanente, la jugadora espectacular
que lo garadntizaba todo. Era el legado que Carlos Fonseca, antes
de morir, le había entregado al tenis de mesa nacional, para
que siempre estuviera en el lugar más alto del podio.
Cuando Mayra Fonseca decidió retirarse en 1994 después
de conservar su título de campeona en los V Juegos Deportivos
Centroamericanos celebrados en San Salvador, contaba con un palmarés
único en la historia deportiva del país, que incluía
tres medallas de bronce ganadas en Juegos
Centroamericanos y del Caribe, múltiples nominaciones para
la Espiga Dorada y tres veces elegida como Atleta del Año.
Todo ésto le sirvió para ser considerada la Atleta
del Milenio y ser premiada por el presidente Francisco Flores.
La empresaria de hoy
Han pasado trece años después de que Mayra Fonseca
tomó la determinanción de guardar la raqueta para
siempre. Y en esos trece años su vida se convirtió
en muchas otras cosas que nada tienen que ver con el deporte.
Comenzó por casarse con Alfredo Antonio Reyes, su novio de
siempre, un año después del retiro (1995). Enseguida
regenteó con Esperanza, su madre, un restaurante distinguido
en una zona de ricos, y después apareció como socia
de sus hermanos en el negocio de computadores que tiene un nombre
que lo dice todo: Fonseca Computadoras.
Todas estas actividades la sacaron mucho de la nostalgia del tema
deportivo, al que solamente vuelve cuando se lo recuerdan, o cuando
mira su colección de medallas y trofeos que conviven con
ella como testimonio de su glorioso pasado deportivo.
Pero lo que más la cambió de aquella jugadora aguerrida
a esta señora tranquila y realizada que es hoy, fue la llegada
de María José, su preciosa hija que hace poco cumplió
un año de brindarle felicidad y dicha.
Ahora Mayra está completa, como ella misma lo afirma, porque
tiene un negocio que atender, un marido que la apoya en todo, y
a una María José que la espera siempre para decirle
mamá. Realmente, a Mayra Fonseca ya no le hace falta nada.
Ficha de Mayra
Lugar de nacimiento: San Salvador
Fecha: 7 de octubre de 1967.
Hija de: Carlos Fonseca y Esperanza Leyva
Casada con: Alfredo Antonio Reyes
Hija: María José, de un año de edad.
Logros deportivos: Campeona nacional y centroamericana de
tenis de mesa, de 1981 a 1994..
Nominada Atleta del milenio.
Fecha del retiro: julio de 1994.
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