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Médicos
frente al abuso
Lo
disfrazan de accidente, callan para encubrir al agresor y, al final,
reconocen lo sucedido ante las múltiples evidencias que los
médicos señalan a los acompañantes. Estadísticas
del hospital Bloom registran 45 casos de abuso sexual en niños
en 2002
Junia Sigüenza/Ivette Amaya/J.R.
Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Gestos inusuales. Miedo hacia el médico. Preguntas sin respuesta,
con evasivas. El personal médico de la sala de emergencias
del hospital nacional de niños Benjamín Bloom
se enfrenta a casos fuera de lo común: las víctimas
del abuso sexual.
Se trata de niños y niñas que, en la mayoría
de los casos, llegan acompañados de la madre o la abuela.
Con frecuencia, en la primera primera versión de los hechos,
casi siempre, aparece la palabra accidente. Una versión
donde casi nunca concuerda lo que se expresa y lo que los médicos
temen y observan a primera vista.
Cuando los indicios de esa sospecha médica ganan más
peso, los nervios sustituyen a esa primera etapa de negación
de lo acontecido.
Siempre según el relato de los especialistas,
al acompañante del niño o niña le invade por
un tiempo el tartamudeo, las palabras vacías que, en algunos
casos, tienen un solo fin: esconder al agresor de la víctima.
En 2002, de los 45 casos reportados por los especialistas, en 12
el agresor era un miembro de la familia. Además, otros 14
violadores quedaban clasificados como desconocidos o no saben
quienes.
MUCHA ATENCIÓN
La apatía de los padres y la desconfianza
del niño son obstáculos que debe afrontar
el personal que trabaja el tema del abuso.
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A veces los padres no
hacen nada porque no quieren aceptar que son sus propios familiares
.
Monserrat Facchinetti
Psicóloga infantojuvenil
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Ocho de los abusos sexuales
registrados corresponden a menores de dos a cuatro años.
Depto. de Estadística
Hospital Benjamín Bloom
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Se muestran apáticos
y no permiten que las personas se les acerquen... además
evitan las preguntas.
Marta Luz Menjívar
Jefe de enfermeras
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Miedo y desconfianza
El comportamiento del menor es otra fuente importante de información
que tiene en cuenta el equipo de médicos que lo atiende.
La ansiedad, la desconfianza y la depresión quedan envueltos
en un halo de miedo, en parte, por lo padecido o por las amenazas
y regaños recibidas a posteriori.
En los minutos, las horas siguientes, mientras se espera la llegada
del expediente del paciente que confirme o no la reiteración
de un abuso que pudo empezar tiempo atrás, se prepara al
menor para los exámenes más minuciosos.
El tipo de abuso, las señales en la piel como golpes o arañazos,
o en el peor de los casos, si existe contagio de enfermedades de
transmisión sexual, son las incógnitas que se resuelven
en la camilla de la sala de emergencias del hospital.
El Dr. Carlos Alvarenga, jefe de ese servicio del hospital Bloom,
señala que se estudia la parte del cuerpo más afectada.
Se revisa si está intacto el himen, si hay desgarre,
subraya.
Posteriormente, una revisión más extensa descubre
el tiempo de las lesiones, se trata, como dice Alvarenga de
cicatrices en el himen u otro tipo de lesiones.
La observación es meticulosa y examina también los
posibles restos de semen, hecho que puede determinar el infortunio
del contagio de alguna enfermedad venérea.
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| Especialistas examinan con cuidado cualquier
detalle que pudiera hacerles pensar que alguien abusó
del menor. Foto: EDH |
Con mordidas
La tarea no es exclusiva de los médicos. La jefe de enfermeras
de esa área, Licda. Marta Luz Menjívar, se refiere
a casos de abuso sexual más claros.
Hay niñas y niños que llegan con mordidas en
sus piernas y pezones. Así que por más que los padres
digan que fue un accidente, las evidencias son otras, asegura.
Ese abuso sexual, diagnosticado por los médicos y que se
mantiene como sospecha a falta del veredicto final, pasa a manos
del área de Pediatría Social, quien se comunica con
la Fiscalía General de la República. Personal de esta
institución visita el centro para recabar la información
pertinente y dar con el agresor.
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Él no
quería abrazarlo...
Estela escuchó el grito de
un niño. Cuando la vecina le trajo a su hijo en brazos,
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peor.
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En 2002, los médicos dieron parte de 45 casos de este tipo,
12 más que durante 2001. Las niñas, víctimas
de esta problemática, representan entre el 60 y el 70 por
ciento de los casos.
Respecto a la edad de los niños, la mayoría tiene
entre 5 y 10 años. Es significativo que en ocho de las denuncias,
los niños tenían entre dos y cuatro años.
A parte del daño físico, este abusos afecta la conducta.
Los niños se aislan. El comportamiento cambia, se queda
solo en el cuarto, no platican mucho, existe una falta de interacción,
sobre todo con desconocidos, asegura Montserrat Facchinetti,
sicóloga infanto-juvenil.
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