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Los milagros de los salvadoreños
El 70 por ciento de los obreros que reconstruyeron el Pentágono
son salvadoreños
Francisco Ayala-Silva
Especial para El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
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Obreros salvadoreños almuerzan con
sus tradicionales pupusas en las afueras del Pentágono.
El Presidente Bush inaugurará la obra el próximo
miércoles.
Foto Digital Francisco Ayala |
Washington DC. Ningún salvadoreño murió en
el Pentágono y ese fue el primer milagro. El segundo: los
salvadoreños lo reconstruyeron.
Juan es su nombre, es salvadoreño y él vivió
el milagro. El martes 11 de septiembre de 2001 amaneció limpio
y luminoso. Ese día, Juan y decenas de compatriotas suyos
limpiarían el Pentágono, su labor de cada día
del año.
En esa mañana de verano, Juan sobrevivió para ver
el amanecer del siglo XXI. Juan y sus compatriotas trabajan para
Able Service, la compañía de limpieza de José
Barahona, un inmigrante salvadoreño nacido en Potonico, Chalatenango,
que llegó a Estados Unidos sin documentos y ahora es propietario
de una próspera empresa.
Milagros así ocurren en Estados Unidos. Ese 11 de septiembre,
el milagro sería conservar la vida.
José y sus compatriotas aún no estaban en sus puestos
de limpieza cuando rugió el motor de un avión, demasiado
cerca de la tierra para ser normal. El rugido se convirtió
en trueno; el trueno, en explosión. Doscientas personas acababan
de morir, ninguna salvadoreña.
El Pentágono estaba siendo remodelado cuando en su costado
sur se estrelló un avión con los tanques de bencina
aún repletos y medio centenar de pasajeros. Los atacantes
escogieron el Pentágono porque es el símbolo del poder
militar de los Estados Unidos, tan simbólico que la gente
olvida que es un edificio. Se había comenzado a levantar
otro 11 de septiembre, en 1941, y su construcción se aceleró
con otro ataque: el de Pearl Harbor.
Ahora, la compañía encargada de la remodelación
era Facchina, y el encargado de las obras era un salvadoreño,
Carlos Lizama Morales, teniente coronel de la reserva del ejército
de Estados Unidos, grado que lo llevó por las bases de Filipinas
y Alaska.
Luego del ataque, la remodelación se convirtió en
reconstrucción. Era lógico que fuera hecha por salvadoreños,
porque en Washington, Virginia, y Maryland, los trabajos de construcción,
albañilería y pintura son labor de salvadoreños
y algunos andinos de Bolivia y Perú.
El 85 por ciento de los que reconstruyeron el Pentágono
eran inmigrantes hispanos, hombres y algunas mujeres. Casi el 70
por ciento eran salvadoreños. En pleno invierno, cuando los
charcos se congelan, ellos llegaban a trabajar antes que amaneciera
en el invierno boreal, es madrugada a las 7:00 y reconstruyeron
lo destruido en 9 meses.
Casi todos habían llegado a los Estados Unidos sin documentos
y reconstruían el símbolo del poder de Norteamérica
temerosos de que Norteamérica les negara permiso para permanecer
aquí, para triunfar aquí. El Estatus de Protección
Temporal alivió sus dudas, provisionalmente.
En otros lados, la historia continuaba. Asimismo, había
guerra en los desfiladeros de Asia Central. Entre los que combaten
en Afganistán está la hija de un emigrante salvadoreño,
Isaías Pérez, quien llegó hace dos décadas,
sin documentos, sin hablar inglés, a lavar platos en restorantes
chinos. Ahora habla inglés, chino y tiene su propio restorán
y discoteca.
Esas son historias de salvadoreños que se contarán
seguramente cuando el Presidente Bush inaugure las reconstruidas
instalaciones el próximo miércoles.
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