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Viudas y huérfanos lloran a sus seres queridos
Las otras víctimas del metanol

Esta vez Sonsonate se ha convertido en el nuevo epicentro de la tragedia. Al menos cinco personas han muerto por la supuesta ingesta de metanol

Ana Lidia Rivera
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Todos quedaron huérfanos. Julia Ruiz Montano, de 22 años, ayer durante una entrevista en el patio de su casa en el caserío Nueva Esperanza. Al fondo, su hijo, Alfredo Ruiz, de nueve años (sin camisa y pantalones) con unos amigos.Foto Franklin Rivera

Todo está verde en el cantón Las Higueras y el caserío Nueva Esperanza en Sonsonate.
Las lluvias de las últimas semanas han transformado el paisaje. Lo que no logra transformarse es la tristeza de las familias de los jornaleros Alfredo Díaz, de 33 años, y Rodolfo Marroquín, de 45, quienes perecieron la pasada semana por la supuesta ingesta de metanol.

“Él murió en mis brazos. No alcancé a llevarlo al hospital”, cuenta entre lágrimas, Julia Antonia Ruiz, de 22 años, compañera de vida de Alfredo Díaz, desde que ella tenía 12, y con quien procreó dos pequeños, Alfredo Montano Díaz, de 10, y Alba Montano Díaz, de 4.

“Era nuestro único sustento. Sin él todos quedamos huérfanos”, dice Julia, al tiempo que mira una de las fotografías donde Alfredo aparece cargando a su pequeña hija Alba el día que la bautizaron.
Julia Antonia, que luce un rostro moreno prematuramente envejecido, insiste en que de ahora en adelante tendrá que enfrentar sola la crianza de sus hijos.

Desde que se acompañó, Julia se dedicó al cuido de sus hijos y Alfredo trabajaba de forma eventual como jornalero. Con los ingresos del marido la iban pasando.

“Nos ayudábamos entre los dos. Lo que era de uno era del otro”, dice Julia, sentada en el patio de la casa que compartió por 10 años con Alfredo.

Tres pesos

Por esa costumbre de ayudarse mutuamente fue que el mediodía del martes, Alfredo le mandó a pedir dinero a Julia.

“Le mandé un dólar con el niño. Sin duda que lo ocupó para el trago porque después le encontré el vuelto en el pantalón que andaba puesto ese día... Compró tres pesos de alcohol”, dice.

La familia de Alfredo Díaz asegura que en la zona son varias las personas las que se dedican a vender alcohol y que es allí donde la Policía Nacional Civil debe iniciar las investigaciones.
A casi cuatro días de la muerte de Alfredo, la PNC no se había acercado al caserío Nueva Esperanza.

Más dolor

A muy pocos kilómetros del hogar de los Ruiz Díaz, en Las Higueras, otra familia lloraba la muerte de Rodolfo Marroquín, de 45 años.

Sus sobrinos y su hermana, con quienes compartía una humilde vivienda construida con 12 láminas, extrañan su presencia y reclaman justicia para que la muerte de Rodolfo no quede impune.

“No entendemos cómo hay gente tan malvada, capaz de hacer semejantes cosas y que la policía no haga nada”, expresa con indignación la hermana del jornalero fallecido, María Rosario Marroquín, de 34 años.

Rodolfo era el sustento de su hermana y los cinco hijos de ésta. Cuando encontraba trabajo como jornalero, ayudaba a cubrir las necesidades de la familia.

A estas familias las une no sólo el dolor si no la pobreza que asoma y abunda por todas partes.
Ahora, una de las mayores preocupaciones de las familias dolientes, es cómo hacer para pagar los precios de los ataúdes en que fueron enterrados sus seres queridos.

“Se tomó tres pesos de alcohol.
Se murió bien rapidito”.
Julia Antonia Ruiz, Nva. Esperanza.

“Yo le hablaba pero él me decía que sólo me oía, que no me veía”
María R. Marroquín
Ctón. Las Higueras.

“Sólo le tememos a Dios, sólo a El”

El riesgo de morir por ingerir metanol parece no preocupar a las más potenciales víctimas.

Son las diez de la mañana del sábado en la ciudad de Izalco, en Sonsonate. En el expendio de agua ardiente No. 21 se aglomera el grupo de habituales clientes.

Después de hacer “la cabuda”, uno de ellos se encarga de comprar el trago que habrán de compartir con pedazos de una tortilla con aspecto de hace ya varios días.

“Sólo le tememos a Dios”, expresa entre salivazos, Nelson Antonio Vargas, de 31 años, como argumento para no dejar de tomar, a pesar de conocer sobre la muerte de al menos cinco personas por ingerir alcohol adulterado.

Según Nelson y sus compañeros de trago, ellos no corren riesgo de morir intoxicados, ya que todos consumen otro tipo de licor.

“Aquí compramos Tres Puentes y Trenzuda, y hasta el día de hoy nadie se ha envenenado”, dice otro en apoyo a su amigo.

El grupo argumenta que hay una gran diferencia en el procedimiento a la hora de tomar el licor.
“Lo primero es el agua, después la tortilla y al final el trago”. Este orden de cosas, -según ellos-, contribuye a que el licor no les afecte y menos les provoque la muerte.

Todos los expendios en la ciudad de Izalco, permanecen abiertos.

De momento no se reportan registros policiales en los puntos de venta ni capturas de sospechosos en los casos de intoxicación.

 

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