| |

Una
lluvia, pero no tóxica
Cada
vez que macheteamos un árbol o arrojamos una bolsa a la calle,
es un vaso de agua menos para sus hijos.
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
¡Púchica!
La última tormenta que tuvimos fue la famosa tormenta tóxica.
Cuando leí la noticia, me imaginé que había
llovido y que la lluvia era tóxica, porque si ustedes no
lo saben, las primeras tormentas traen un poco de acidez e impurezas
que arrastra la primera lluvia de nuestro contaminado medio ambiente.
Pero para desgracia de los agricultores y de nuestras nuevas generaciones,
la tormenta en cuestión se trataba de toxicidad maligna,
es decir: drogas de las que matan y que hacen daño a los
cipotes, y a los grandotes también. Pero no dejó inundaciones,
ni tampoco se taparon los tragantes, ni se inundó el barrio
Modelo; como tampoco se manifestó el COEN en estado de alerta,
y creo que hasta para el mismo Carlitos Mendoza, de la Cruz Roja,
pasó inadvertida tal tormenta.
Nuestro país está seco, de color café, deshidratado,
polvoriento, sediento, marchito, caliente y pobre. Pobres... Bueno
siempre lo hemos sido, sólo que ahora un poquito más.
Menos mal que la mara gruesa no tiene chirilicas, porque de lo contrario
sería un temporal o Mitch Tóxico ¡Calientes!,
Claro que estamos calientes, no sólo por la alta temperatura
sino más que todo porque en lugar de desaparecer los partidos
políticos, están proliferando, -entre más se
dividen más proliferan- como que no les hiciera falta la
lluvia para que germinen, parecen verdolaga, crecen y se reproducen
como plaga.
Marchito, porque nada nace, con excepción de los cipotes,
esos como que no necesitan de tormenta... vienen y vienen y vienen.
Gracias a Dios que de mi parte, todavía no se me marchita
el espíritu ni la pluma. Pero me da tristeza ver a la naturaleza
marchita, marchito el café, sin flor porque no le ha caído
ni siquiera una escupida.
Sediento... bueno ahora gasto además de gasolina, agua, pero
no para el radiador, sino para mi garganta.
Sé que mal de muchos consuelo de tontos, pero en Tegucigalpa,
por donde pasé hace unos días, hasta los chorros están
sedientos y la única fuente de agua potable está casi
seca. Aquí aún hay agua, a veces con aire, pero siempre
cara.
Polvoriento: Usted querido amigo limpia su carro en la mañana,
o su mesa de comedor o el refrigerador, verá que en la tarde
está cubierto por una fina capa de polvo que se filtra por
todas partes, respiramos mitad aigre y la otra mitad
humo y polvo. Esto, para los que vivimos en la capital, pero los
que viven en Teotepeque, Las Pilas y para no ir más lejos
Huizúcar, viven en, para, sobre y entre polvaredas. No hay
tormentas a la vista, por más que el Cacique Huatamara que
ha venido a sustituir al cacique Esquino Lisco diga lo contrario,
seguiremos comiendo polvo.
Y también estamos deshidratados. La catarata de Panchimalco
ya no es catarata, sino una piedra chulona sin agua, el río
Acelhuate apenas llega con un chorrito contaminante al embalse del
Cerrón Grande, que a la altura de Colima vuelve a ser un
río en lugar de un embalse, se deshidrató el embalse.
Verde que te quiero verde. Ojalá que pudiéramos ver
verde en la campiña salvadoreña. Entre más
al oriente más café, más chamuscado. Claro
que café de color café, porque café de tomar,
creo que este año no habrá cosecha, porque no hay
flor. San Isidro Labrador nos ha fallado, lo mismo que las Nereidas
y las Ondinas que son los elementos del agua, no nos han visitado,
tienen miedo de morir de sed.
Todos tenemos al menos un amigo delgado a quien le decimos seco
o peche.
Nuestro país está peche, como el chero al que se
le miran las costillas, pero también está seco, porque
por mucho que se le quiera exprimir, no se le saca ya ni lagrimas.
Esta sequía es la luz roja de la natura. No nos sintamos
honrosos de ser los subcampeones en la deforestación después
de Haití, ni la de ser la penúltima ciudad del continente
menos apta para vivir.
Las lluvias se han ausentado, no porque Dios no nos quiera, sino
porque nosotros los hombres que vivimos en este terreno hemos sido
necios y le hemos declarado la guerra a los árboles, a los
pájaros y hasta los garrobos, los cuales aplacan el hambre
como también la Flor Nacional, la que nos la comemos con
huevo, cuando hay... flores. Hemos roto el balance natural y ahora
empezamos a recibir el castigo.
No me extrañaría que a un futuro empiecen la procesiones
pidiendo agua, con el coro Que llueva, que llueva, la virgen
de la cueva pero como dice el refrán, a Dios
rogando y con el mazo dando, es por eso que cuando nuestra
mano se levante con un machete contra una rama o un árbol,
o tire una lata o una bolsa a la carretera, recuerde que esa acción
es un vaso de agua menos para sus hijos.
|
|