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Nash,
el cerebro privilegiado
John
Forbes Nash, esposo de Alicia Lardé, se convirtió,
antes de los 30 años, en uno de los matemáticos más
avanzados de su época. Nació el 13 de junio de 1928
en Virginia. Es hijo de un ingeniero electrónico y una maestra.
El Diario de Hoy
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Desde su infancia era un superdotado intelectual aunque mostraba
una rara aversión a la disciplina. Creció, además,
rodeado de pocos amigos. Sólo dos personas establecieron
relaciones personales con él, cuando, en la adolescencia,
instaló en su sótano un laboratorio para fabricar
explosivos.
Uno de ellos, Herman Kirschner, se mató cuando manipulaba
un artefacto. El otro, Donald Reynolds, lo metieron sus padres en
una academia militar para que se alejara de Nash.
En 1945, Nash ingresó al Instituto Carnegie de Tecnología
de Pittsburgh. Allí probó, sin éxito, la ingeniería
y la química. Después se interesó en las matemáticas.
Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial, muchas universidades
de los Estados Unidos se disputaron a Nash. En 1948 decidió
enrolarse en Princeton, donde comenzó a obsesionarse con
problemas de geometría y lógica.
Pero, sin duda, siempre fue un personaje extraño. Quería
aprenderlo todo por sí solo. Era excéntrico en una
universidad, como se dice, en la que todo estudiante tiende a la
rareza.
Cuando sólo tenía 21 años, Nash elaboró
su tesis doctoral de 27 páginas. Allí incluyó
algo que revolucionaría la teoría económica.
Lo que hizo fue aplicar la teoría de los juegos de Von Neuman
a situaciones de conflicto y ganancias.
Concluyó que la partida terminaba cuando cada
jugador, en forma independiente, elegía su mejor respuesta
a la estrategia de sus adversarios.
Esa idea simple, que se llama el equilibrio de Nash,
permitió sustituir, con razonamientos científicos,
la vieja magia de Adam Smith, padre del liberalismo, en la que la
mano invisible movía los mercados.
Después de hundirse en su tesis doctoral, Nash comenzó
a hundirse en la locura. Luego encontró un puesto como profesor
en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Allí
conoció a una mujer universitaria llamada Eleanor Stier,
con quien tuvo un hijo.
Fue en el MIT donde conoció a Alicia Lardé, con quien
se casó en 1957. Antes de la boda, los padres de Nash supieron
de la existencia de su hijo y rompieron con él.
Después empezaría el verdadero drama de Nash: se
asomó en él, con más fuerza que nunca, la esquizofrenia
neurótica. Cuando decía que los extraterrestres se
comunicaban con él por medio del Nueva York Times, un profesor
del MIT que lo visitó al psiquiátrico le preguntó:
¿Cómo puede un hombre tan inteligente y lógico
creer que los extraterrestres le envían mensajes?
La respuesta fue simple:
Porque las ideas sobre seres sobrenaturales vinieron a mí
de la misma forma que las ideas matemáticas. Por eso las
tomé en serio.
Nash se despeñó. Se hundió rápidamente
en la locura. Se perdió frente al mundo y los hombres. Pasó
treinta años en las tinieblas, pero llegó Alicia,
su esposa, quien lo ayudó a salir de ese falso mundo que
construyó su mente, hasta llegar al Premio Nobel de Economía.
John Nash está de nuevo en la investigación científica
desde 1990, cuando recuperó la cordura. En su página
en Internet relata sus trabajos. La dirección electrónica
es:jfnj@math.princeton.
edu.
En una medida significativa, la historia de Nash es la historia
de la salvadoreña Alicia Lardé, con quien se casó,
tuvo un hijo e hizo su vida miserable.
Fue ella la que tomó decisiones que muchos criticaron:
la de internarle -a la fuerza-en centros psiquiátricos;
la decisión de internar un genio en lugares en los que le
podrían aplicar tratamientos que destruirían su mayor,
su -para muchos-único tesoro, la capacidad creativa.
José Manuel Sánchez Ron
Crítico literario de diario El País, de España.
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