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Vida
de salvadoreña conmueve al mundo
Película
sobre su historia al lado de Premio Nobel de Economía podría
ganar 6 Oscar
A base de amor y lucha, sacó a su esposo de la esquizofrenia
y lo convirtió en una celebridadPresentación:
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
La vida de Alicia Lardé, una salvadoreña de 69 años
que vive en Nueva Jersey, se ha transformado en un libro y una película
(Mente brillante) de muchísimo éxito.
Ella pasó al lado de su esposo, John Nash, toda suerte de
dificultades por el fantasma de la esquizofrenia que se apoderó
de su mente. Alicia lo ayudó a regresar a la cordura hasta
que, en 1994, ganó el Premio Nobel de Economía. Por
lo general, este tipo de historias periodísticas se publica
en las páginas de cine.
Pero la historia de Alicia es real y llena de orgullo a todos los
salvadoreños. Merece ser contada en nuestras páginas
principales.
La vida de Alicia Lardé, una salvadoreña de 69 años
que actualmente reside en Nueva Jersey, se ha convertido, con intensos
destellos, en una historia de éxito a la que sólo
pueden llegar muy pocas mujeres.
Alicia se casó en 1957 con John Forbes Nash, un genio estadounidense
de la matemáticas que enloqueció poco después
de realizar un estudio que, con el tiempo, revolucionaría
la teoría económica.
La fe, la abnegación y la entrega de Alicia sacaron, treinta
años después, de la esquizofrenia neurótica
a su esposo para que éste, en 1994, obtuviera el Premio Nobel
de Economía frente al reconocimiento de todo el planeta.
La historia de Alicia junto a ese hombre, uno de los pocos que
está de regreso después de sufrir la brutal esquizofrenia,
fue narrada, primero, en un libro de mucho éxito.
Recientemente, la obra se transformó en una película
aún con más brillo (Mente Brillante) que,
por su calidad e impacto mundial, está postulada a seis Oscar
de la Academia de Artes Cinematográficas, que se entregarán
el próximo 24 de marzo.
En la película -que será estrenada en el país
el 26 de marzo próximo-actúan Russell Crowe, ganador
de un Oscar por su actuación en El Gladiador,
y Jennifer Connelly, una hermosa actriz que interpreta, con destreza
y talento, la vida de la salvadoreña Alicia Lardé
López Harrison.
Alicia estudió física en los años cincuenta
en una de las universidades más importantes de los Estados
Unidos. Su marido, de 72 años, enseña, actualmente,
en la universidad de Princeton, la meca de las matemáticas
donde trabajaron Albert Einstein y Robert Oppenheimer (creador de
la bomba atómica).
Esa mujer, cuya biografía y la de su esposo es leída,
actualmente, en todo el mundo, debió soportar toda suerte
de miserias y dificultades al lado de su esposo, quien, desde los
20 años, ya era considerado un superdotado estudiante de
matemáticas.
Alicia conoció a Nash en el Instituto Tecnológico
de Massachussets (MIT), después de convertirse en una de
las dos mujeres admitidas en ese centro para estudiar física.
Aquello fue un verdadero acontecimiento para ella, quien, desde
esa época, mostraba un nutrido talento para las ciencias.
En 1957 se casaron, pero poco después, mientras ella esperaba
a su único hijo (quien ahora, a los 43 años, también
es esquizofrénico y muestra, al igual que su padre, una abultada
facilidad para las matemáticas), John Nash perdió
la cordura.
Prueba de eso es que el 31 de diciembre de 1958, durante una fiesta
de fin de año, apareció vestido con un pañal
y se acurrucó junto a Alicia. Más tarde, los síntomas
de la esquizofrenia aparecieron con mayor fuerza. El futuro Premio
Nobel decía que lo perseguían hombres con corbata
roja que participaban en una conjura comunista.
También decía a sus amigos que estaba destinado a
ser emperador de la Antártida. Además, los extraterrestres
se comunicaban con él por medio del diario The Nueva York
Times. Finalmente, terminó encerrado en un hospital psiquiátrico
durante 50 días.
La crisis mental del genial matemático se prolongaría
durante 30 años, hasta que Alicia cumplió, como pocas
personas, un descomunal papel como esposa, lo que le permitió
a Nash volver a la realidad y recibir, en 1994, el Premio Nobel
de Economía.
Casi todos esos hechos se reflejan en la película Mente
Brillante, que mantiene encandilados a todos los cinéfilos.
¿Quién es?
Alicia Lardé (Lichi, para su familia), nació
en San Salvador el día de Año Nuevo de 1933. Fue la
segunda hija del matrimonio de su padre, el médico Carlos
Lardé.
Su familia escapó de El Salvador en 1943, cuando acabó
la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez. A
los 11 años se estableció con sus padres en Biloxi,
Missisippi, en el Golfo de México. Luego se trasladaron a
Nueva York, donde su padre ejerció la medicina hasta que
murió, en 1962.
Alicia estudió en las mejores escuelas católicas
de Nueva York. Entre sus compañeras estaban las hijas del
beisbolista Joe DiMaggio, la del actor Jackie Gleason y del violonchelista
Pablo Casals.
Después de conocer a Nash, mientras le daba clases de física
en el MIT, ambos decidieron caminar juntos.
Ambos querían mucho a sus madres; ambos tenían padres
intelectuales, aunque poco comunicativos.
Ella tuvo que demorar su graduación, pero pudo seguir viendo
al Dr. Nash, quien había convertido el sobrenombre Lichi
en leech(sanguijuela).
Cuando su esposo enloqueció, comenzó a vagar por
las calles y a desaparecerse. Por más que intentó
ayudarlo, no podía con él.
Fue por eso que, en 1962, Alicia pidió el divorcio. Incluso,
pretendió con eso proteger a su hijo. En 1968, Nash fue recogido
por su madre. Cuando ésta murió, el profesor le envió
una carta para que lo admitiera de nuevo en la casa.
Como jamás dejó de amarlo, en 1970 Alicia lo readmitió
en su casa en Princeton. Después de ser uno de los más
brillantes profesores de la universidad de ese lugar, Nash se convirtió
en un fantasma que deambulaba por las aulas, mendigando monedas
o cigarrillos o formulando cuestiones enigmáticas.
Ahí se le permitía eso por su pasado en esa universidad.
Algunos alumnos que lo creían muerto se lo encontraban dándose
cabezasos contra la pared.
Después, el amor de Alicia lo trajo de nuevo a la cordura.
En 1994, ella lo acompañó a recibir el Premio Nobel
de Economía. Él le dedicó parte de su discurso.
Sabía, y morirá con eso, que volvió a la realidad
gracias a esa mujer salvadoreña que, con frecuencia, visita
a sus familiares en este país.
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