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Los Kriete
Una familia en la vanguardia social

Pocos conocen la obra social que realiza la familia Kriete. Un premio entregado por FUSAL permite conocer lo que hacen sin que nadie se los pida. La herencia social es monumental.

Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

La Policía Nacional Civil (PNC) ha contado con el apoyo
de la embajada de Estados Unidos para este proyecto. Foto: EDH/Mauricio Caceres

El premio delató a toda una familia. La delató cuando menos lo esperaban, porque todo lo hacen sin esperar nada a cambio. Y escogieron ese camino, porque así trabajan los verdaderos filántropos.
Fue FUSAL, una fundación creada por la familia Poma, la que, el martes por la noche, entregó un premio a la familia Kriete y con eso corrió el velo de una obra social que, cuando se conoce, sorprende a cualquiera.

Construir una urbanización de 250 residencias para damnificados por el terremoto, ayudar a niños huérfanos y desamparados, donar ayudas para quienes necesitan intervenciones quirúrgicas en el exterior o reconstruir por completo una comunidad devastada por un fenómeno natural es apenas parte de lo ahora se conoce de la familia Kriete.
Si se buscan las raíces de cuánta contribución anónima hacen los siete hermanos Kriete, es necesario escuchar las extraordinarias historias de una abuela bonachona y una madre piadosa que, cada año, regala y entrega cuanto puede a los pobres, a la obra social de la Iglesia, a quien lo necesite.

Dar es, en el fondo, parte de una historia familiar que para algunos de los hermanos Kriete arranca, como es el caso de Ricardo, presidente de TACA, a los 11 años, cuando su abuela Lilian le quitó el reloj y se lo regaló a un sacerdote.
Si de lo que se trata es de encontrar los fundamentos de esos benefactores en la actualidad, cualquiera se topa con una modernísima concepción del papel social del empresario en el que siempre tratan de devolverle a la sociedad parte de lo que les ha entregado la vida y, por supuesto, el esfuerzo personal de cada uno de los miembros de la familia.

Así actúan ellos


El 13 de enero de 2001, cuando un terremoto hincó a miles de familias salvadoreñas, Ricardo Kriete, quien dirige las actividades industriales de la familia, pasó en su auto por el poblado de Las Delicias, cerca de Comasagua. De repente, miró a un hombre que, agarrado del único muro que le quedaba de pie a su casa, observaba los escombros como si él y toda su familia hubiesen caído en el sótano de la vida.

Ese mismo día, les comunicó a todos los miembros de su familia: “Quiero construir 250 viviendas para toda la gente de Las Delicias, que se ha quedado sin nada”.
El día en que lo expuso en el consejo familiar, nadie le dijo nada. Mucho menos protestaron, porque así actúan los Kriete.

Poco tiempo después, y con la ayuda de otras instituciones y de Gerardo Balzaretti Kriete y su familia, alistaron un enorme terreno de su propiedad y construyeron, poco a poco, albergues temporales para las 250 familias que censaron algunos trabajadores sociales.
Hace algún tiempo, la aspiración de Ricardo se cumplió: Finalmente inauguraron 250 viviendas para todas las familias damnificadas. Le entregaron las escrituras de propiedad a cada una de las familias a las que un terremoto les había arrancado todo lo que tenían.

Pero ahí no acabó la obra, pues a los campesinos de Las Delicias los han ayudado a socializar, a procurar el orden, a producir para que puedan vivir con dignidad y hasta se disponen a crear una cooperativa para que la vida en común se torne más llevadera ante los retos que tienen encima.
Otro buen día, Angelita Kriete miró la brutal devastación que los terremotos causaron en Santa María Ostuma. Y entonces siguió el camino de su hermano Ricardo: Miró el horizonte, aceptó el reto, buscó la ayuda de sus hermanos y de algunas instituciones y, hoy, ese pueblo es un ejemplo de reconstrucción impulsada por una benefactora. El pueblo recobró la dignidad y todos los pobladores recuperaron la autoestima.

Y cuando el terremoto cargó de dolor, muerte y destrucción a El Salvador, fue Roberto Kriete, quien, una hora después, llegó al despacho de Francisco Flores y le dijo: “Presidente, estoy enteramente a sus órdenes”.
Pocos después, sin cobrar un céntimo, todos los aviones de TACA traían al país buena parte de la ayuda que ofrecían gobiernos e instituciones privadas en todo el mundo.
La verdad es que, para inventariar, con las contribuciones que calladamente ha hecho la familia Kriete al país, se llenaría un libro de miles de páginas.
Los Kriete son siete hermanos: Florence, Ricardo, Angelita, Roberto, Lily, Eduardo y Cristina.

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Los Kriete

Los Kriete son una familia muy unida. Los siete hermanos sienten una influencia muy fuerte de su madre, Gloria, quien toda su vida ha sido una mujer muy católica, aunque de carácter fuerte y con mucha vocación para orientar a sus hijos para que entreguen a la sociedad sus mejores aportes.

Ella es la menor de once hermanos que nacieron como parte del matrimonio de Ricardo Kriete, el abuelo estadounidense, un verdadero aventurero que, después de vagar por todo el mundo en barco, llegó a El Salvador a principios del Siglo XX, y una mujer de Berlín acostumbrada a la vida dura, aunque apacible, del campo.

El abuelo Ricardo fue un hombre que llegó a El Salvador sin nada en el bolsillo. No mucho tiempo después, luego de muchas victorias y fracasos empresariales, compró el 30 por ciento de las acciones de TACA, cuando esa línea aérea se encontraba a una abismal distancia de lo que es hoy.

En esa época, además de otras empresas que manejaba el abuelo Kriete, TACA se dedicaba, exclusivamente, a transportar carga y correo por algunas rutas de Centroamérica, después de ser fundada en 1938, en Honduras.

Esa compra del abuelo Kriete fue visionaria. Quizá fue hija del asombroso talento que tenía para abrir una brecha donde naciera alguna oportunidad para hacer negocios.
El padre de los siete hermanos Kriete, Ricardo, heredó muchísimo del abuelo. Hombre empeñoso, visionario, constructor de grandes obras, honrado y listo para los negocios. Siguió la obra con enorme empeño y como pocos empresarios de su época.

Con el tiempo, logró reunir su pasión empresarial con proyectos que se extendieron a la agricultura, a bienes raíces, a la industria, a todo cuanto fuera necesario para contribuir al progreso de El Salvador.

Quizá por todo eso, y por estar incluidos en una familia unida, de muchos valores, en la que la lealtad y la rectitud en los actos se privilegian, es que a los siete hermanos Kriete no les costó mucho tomar las bases que les heredaron sus padres y abuelos y trascender, con energía propia, la obra de muchos años.

Un conglomerado de empresas de muchísimo éxito en las que los empleados poseen un enorme sentido de pertenencia a ellas y desde las que se realiza una obra social que impacta a toda la sociedad salvadoreña es parte de lo que los Kriete manejan ahora.
Saben lo que tienen. Pero poseen algo más: un afinadísimo sentido de la responsabilidad social y un espíritu creador y emprendedor como casi nadie en Centroamérica lo ha logrado reunir.

 

 

 

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