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La
mano infantil de los silbadores
En
el área rural de Cuscatlán, decenas de familias de
escasos recursos económicos emplean a los niños para
completar el proceso de producción de los silbadores,
conocido como enmechado. Un trabajo que implica un riesgo
latente de accidentes y que genera opiniones encontradas entre los
fabricantes, trabajadores y autoridades como Bomberos.
Mario Posada
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
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David P., de 12 años,
trabaja como tantos niños en el enmechado
de silbadores. Foto EDH / Franklin Rivera
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Nerys Alfonso cuenta con apenas 11 años. En el año
que se avecina cursará el Sexto Grado en el Centro Escolar
San Francisco , en Cuscatlán.
Mientras tanto, Nerys ha dejado de lado el bolsón, los cuadernos
y los lápices por las mechas, el engrudo y el papel de china.
Con una asombrosa habilidad -gracias a un par de años de
experiencia-, el infante colabora en una actividad que mantiene
a flote la economía del hogar: la elaboración de silbadores.
El caso de Nerys no es ni el primero ni mucho menos el único.
Decenas de familias del área rural de Cuscatlán, encuentran
en el enmechado y taponeado de silbadores
una forma de ingresos de febrero a diciembre
Cada una de las 40 familias de las zonas aledañas a la Villa
San Cristóbal, empujadas por el deseo de satisfacer sus necesidades
básicas, se ven en la obligación de echar
mano del trabajo de los niños para sacar adelante una tarea
que, en la mayoría de veces, oscila entre 18 y 20 mil silbadores
semanales.
El dinero que reciben es exiguo. Por cada mil silbadores
terminados reciben cuatro colones. Más allá del aspecto
económico, el empleo de menores en la elaboración
de cohetes es un punto espinoso.
La todavía vigente Ley de Bomberos prohíbe la participación
de menores de edad en cualquier fase del proceso que incluya un
contacto directo con la pólvora.
José Amílcar Mejía, jefe de la Estación
de Bomberos de Cojutepeque, explica que el enmechado
y el taponeado son partes del proceso peligrosas, porque
sí se tiene contacto con la mezcla (de la pólvora).
El riesgo se corre debido a que el benzoato y el clorato, sustancias
químicas utilizadas en la elaboración del cohete,
son altamente explosivas. Con un solo golpe, acota Mejía,
pueden detonar.
Las mismas sustancias , tal y como apunta el neumólogo pediatra
Adam Figueroa, se acumulan en las vías respiratorias y, a
largo plazo, producen daños en la mucosa de los bronquios,
lo que facilita la penetración de bacterias.
María Cristina M., abuelita de Nerys, recalca que no
hay ningún problema en que los niños nos ayuden con
esto, porque no hay ningún peligro que los silbadores
agarren fuego.
La señora, que lleva más de 18 años en el oficio
pirotécnico, explica que nosotros tomamos todas las
medidas de seguridad para evitar cualquier incendio. Gracias a Dios,
nunca hemos tenido ningún accidente.
Esta afirmación contrasta con la realidad que El Diario de
Hoy constató puertas adentro de la casa: los nietos de doña
María Cristina enmechaban los silbadores
a la par de una cocina encendida y un tambo de gas.
María Marta Gómez, propietaria de la cohetería
El Indio, que provee trabajo a la mitad de la población
rural de Cuscatlán, detalla que esa gente se encarga
de la finalización del proceso. Eso no reviste peligro para
nadie.
La mujer, con más de dos décadas de experiencia en
la pirotecnia, afirma que toda la gente que trabaja para mí,
en el área rural, no utiliza niños para esto.
Cuando se le hizo la observación de que se había observado
a menores en el proceso de finalización del silbador,
argumentó que hasta el 31 de diciembre de este año,
no existe ninguna prohibición. Nada está prohibido.
La Ley de Defensa no ha sido aprobada.
En todo caso, el enmechado no tiene riesgo. El
riesgo es el taqueado. Eso es lo que la gente no entiende,
subrayó Gómez.
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