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Tableros trotamundos
Los grandes maestros Pablo Zarnicki, Víctor Mikhalevski
y Vitali Golod nos visitaron, jugaron un torneo y nos dejaron mucho
de su destreza.
Roberto Águila/EDH
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
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El Argentino Pablo Zarnicki quedó
cuarto en la general, 0.5 puntos abajo del salvadoreño
Héctor Leyva. Los Grandes Maestros se fueron complacidos
con el nivel de juego.
Foto Digital Felipe Ayala |
Sitios en el internet los puso junto al juego ciencia nacional.
La Federación Salvadoreña de Ajedrez hizo el contacto
y las gestiones, y ellos hicieron el resto para estar presentes
en el Primer Torneo Intenacional San Salvador 2002.
El argentino Pablo Zarnicki fue contactado en la página del
International Chess Club (ICC), y los rusos-israelitas Víctor
Mikhalevski y Vitali Golot por medio de Ajedrez en Madrid. Su faena
en el certamen internacional fue brillante, al margen de la oportunidad
que le brindaron a los ajedrecistas nacionales y centroamericanos
de medirse contra rivales de gran nivel.
Zarnicki es un joven ajedrecista nacido en Buenos Aires, Argentina,
y formado en la alta escuela del juego ciencia que construyó
el gran maestro Najdorf a su llegada a tierras bonoarenses en 1953.
Alli, en ese ambiente de ajedrez grande, Pablo Zarnicki adquierió
sus enormes conocimientos que le permitieron ascender en el mundo
ajedrecísticos hasta arriba al título más alto,
el de Gran Maesdtro.
Sus oponentes más ilustres han sido Shirov y Polger, grandes
maestros que hicieron de Zanicki un hombre acostumbrado a jugar
frente a rivales de más de 2600 puntos de rating. Este es
uno de los grandes maestros que vino a animar el reciente torneo
internacional.
Golot y Makhalevski
Los dos nacieron en la extinta Unión de Repúblicas
Socialistas Soviética (URSS), Vitali Golot en Bielorrusia,
y Víctor Mikhalevski en Ukrania. El primero tiene 18 años
y el segundo 23, lo que significa que ambos vivieron su niñez
bajo la dictadura comunista.
Según refieren, cuando sucedió la catástrofe
de Chernobil que llenó de zozobra a los habitantes del lugar,
sus respectivas familias dispusieron marcharse a Israel. Por su
afiliación judía el gobierno soviético no puso
reparos en extenderles los permisos para abandonar el país.
Así fue cómo Golot y Mikhalevski asumieron la ciudadanía
israelita con la que ahora viajan por el mundo.
Desde niños juegan ajedrez, de manera que cuando surgió
el éxodo a Israel se llevaron el tablero con el ellos, y
allá, con el concurso de sus padres que son también
connotados ajedrecistas, maduraron mucho hasta convertirse en grandes
maestros.
A lo largo de su carrera han alernado con hombres de la talla de
Anand y Topalov, además de que en algún momento se
cruzaron con Karpov en una contienda de blitz.
Impresiones del medio
Los tres grandes maestros llegaron al país por primera vez.
Para ellos fue una gran sorpresa encontrarse con una ciudad donde
se respira la buena inversión en edificios y tecnología.
Además, les fue grato reconocer la calidez con que los salvadoreños
los recibieron, con tanta cordialidad que manifestaron sentirse
como en casa.
El día que platicamos con ellos acababan de regresar del
Boquerón, y venían impresionados por el paisaje agreste
y el silencio de siglos que se advierte. Un día antes habían
estado en las Playas de San Diego, también maravillados porque
por primera vez se bañaban en el Pacífico.
Dijeron sentirse satisfechos por las atenciones brindadas, y agradecidos
por los momentos gratos que habían pasado al lado de los
salvadoreños.
¿Y el nivel de los rivales?
Cuando se tocó el tema del Torneo Internacional de Ajedrez
por el que habían arribado al país, no encontraban
palabras para describir la sorpresa que habían recibido al
encontrar un nivel de juego en sus oponentes que jamás habían
soñado.
Hablaron mucho de la calidad de los salvadoreños Héctor
Leyva, Boris Pineda, Salvador Infante, Marvin Guevara y Lemnys Arias,
y de los centroamericanos Carlos Reyes, Carlos Juárez, José
Guillén y Daniels Olivares.
Mikhalevski se detuvo un momento para ponderar la capacidad del
guatemalteco Eduardo Gálvez, quien sin tener un rating envidiable
le dio problemas en su partida de la tercera ronda. La recomendación
que dejaron es que este tipo de certámenes debe de realizarse
más a menudo, porque es la única manera de superarse
en todo sentido.
Dijeron que talentos como los de Nelson Martínez, Héctor
Chávez, Juan Carlos Liévano, Gustavo Zelaya y Marvin
Guevara, por tratarse de jugadores jóvenes, deberán
seguirse apuntalando con inteervenciones en el más alto nivel.
¿Cómo se hace un gran maestro?
La pregunta los hizo sonreír. Para ellos no hay ningún
otro secreto que el de estudiar a fondo todas las aperturas del
mundo, dedicación absoluta en el apredizaje y la mayor concentración
posible a la hora de jugar.
Los tres estuvieron de acuerdo que para sobresalir es necesario
el talento natural, pero que ello no lo es todo si no se cultiva
a través del estudio de los grandes maestros, memorizar la
mayor cantidad de jugadas, y la contínua confrontación
con jugadores de alto nivel. Pablo Zarnicki dijo que para triunfar
es preferible un jugador con más inclinación al estudio
que uno talentoso.
En relación a lo que se comenta sobre que un gran maestro
acusa mayor desconcierto enfrentando a un rival inferior que a uno
igual por el tipo de jugadas con que el inferior responde,
Mikhalevski dijo que no había tal cosa: Si mi rival
me hace una jugada boba, no me sorprende para nada porque las hacemos
todos en algún momento. Lo que yo hago en este caso es aprovecharme
del error del contrincante. Asi de simple, subrayó
el ruso-israelí.
Lo que dejaron
Al final del torneo internacional, con algunas sorpresas que no
estaban en el manual de los grandes maestros, los tres ilustres
visitantes se ubicaron en los primeros lugares del certamen.
Entre ellos se colaron los nacionales Héctor Leyva y Marvin
Guevara, y el guatemalteco Carlos Juárez, el primero igualado
en 7.5 puntos con Mikhalevski y Golod, y los segundos con Zarnicky
al sumar 7.0 puntos cada uno.
Pero al margen de la ubicación alcanzada en el torneo, que
al fin y al cabo fue una competencia por invitación, lo que
dejaron Zarnicki, Mikhalevski y Golod fue que el ajedrez es un arte
para quienes lo juegan en esa dimensión. La enorme satisfacción
que brindaron a quienes compitieron con ellos, más allá
del resultado obtenido.
Justamente por ese placer de jugar contra un gran maestro que se
maneja en otros estratos del ajedrez mundial, es que el recién
finalizado torneo internacional tuvo un ambiente de reto permanente.
Cada uno de los 120 ajedrecistas que lo cubrieron querían
ganar para tener la honra de enfrentarlos. Pocos tuvieron la dicha
de hacerlo, pero con seguridad será algo que guardarán
para toda la vida.
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