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La
capital es demasiado ruidosa
A
los 30 años, los habitantes de San Salvador podrían
haber perdido 5 decibeles de su capacidad auditiva, porque se exponen
demasiado al ruido.
Guadalupe Hernández
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
¿Quién puede escuchar bien en el centro capitalino?
Casi nadie, todo mundo debe alzar la voz para poder transmitir un
mensaje correcto.
Hacer una caminata por el centro, dejó de ser un paseo agradable
desde hace muchas décadas, debido a la contaminación
acústica que predominan en las grandes urbes.
En San Salvador, la ocasiona la circulación de una flota
vehicular calculada en unos 50 mil automotores diarios.
Así como también más de 8 mil ventas informales
que ocupan las principales calles y aceras.
A este movimiento, se suman las ventas de discos compactos y cassettes,
gracias a ellas el Centro Histórico se ha convertido en una
discomóvil permanente. Algunos almacenes y ventas de electrodomésticos
han adoptado la modalidad de sacar parlantes a las calles y anunciar
a los cuatro vientos sus productos a fin de atraer más clientes.
Algunas mediciones realizadas en los últimos años,
por instituciones ambientalistas, indican que los ruidos estridentes
que pululan en el centro capitalino sobrepasan los 90 decibles (dB),
es decir, una intensidad de sonido mayor a la capacidad auditiva
de los seres humanos.
Zonas
Las mediciones comprobaron que las zonas más ruidosas están
por la Catedral Metropolitana y el sector de los hospitales de Maternidad
y el Rosales.
¿Qué le pasará al capitalino con tanto ruido?
De acuerdo al doctor Julio César Echegoyén, otorrinolaringólogo,
lo más seguro es que la audición resulte bastante
afectada.
Asegura que en las personas que viven en grandes urbes se exponen
tanto al ruido que a los 30 años tienen la probabilidad de
haber perdido 5 decibeles de su capacidad auditiva.
Estudios científicos señalan que cuando los ruidos
alcanzan frecuencias de 85 dB o más, ocasionan daños
en la audición, y a la salud en general, que se evidencian
en afecciones como dolores de cabezas, mareos, pérdida del
apetito, cansancio, insomnio y hasta mal humor.
Cuando una persona se expone a ruidos persistentes está en
riesgo de padecer sordera parcial o total, confirma el otorrinolaringólogo.
Los zumbidos en el oído son las primeras señales
de sordera, explica el doctor Echegoyén.
A su juicio, las comerciantes de la calle, representan un grupo
de posibles sordos, ya que se exponen a toda la contaminación
acústica durante largas jornadas.
Quejas
Los usuarios del transporte colectivo de buses y microbuses, que
portan parlantes de alta potencia, también se exponen a sufrir
malestares en el aparato auditivo.
Los pasajeros que se transportaban en un microbús de Apopa
a San Salvador, quienes tuvieron que soportar una música
de rock a todo volumen, son ejemplo de ello.
El conductor de la unidad, con el pie en el fondo del acelerador
y la adrenalina al máximo, no se percató en ningún
momento las molestias que causaba a sus pasajeros. El tradicional
aquí me quedo, pasó desapercibido por
el sonido estridente.
Otra fuente de ruido que no puede dejar de mencionarse, son las
iglesias de toda denominación que transmiten sus mensajes
religiosos por altoparlantes. Conflicto que viven los vecinos de
la colonia Flor Blanca, ahí por 43 Avenida Sur, quienes están
cansados de los cultos nocturnos que hace una iglesia protestante,
porque la música y los aplausos no les permite dormir tranquilos.
Aseguran que los cultos inician a las 9 de la noche y terminan hasta
en la madrugada. Sabemos que esto contraviene el Código
Municipal, ya que no sólo atentan contra la paz y la tranquilidad
de todos los vecinos, sino que coartan el legítimo derecho
al descanso nocturno, sostienen los residentes.
Los negocios nocturnos de música en vivo, los talleres de
reparación y las fábricas no escapan a las quejas
de los ciudadanos.
El licenciado Luis Servellón, jefe del departamento jurídico
del Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM), explicó que de
enero al 11 de noviembre recibieron un total de mil 120 quejas por
ruido de iglesias, talleres, perros que ladran demasiado, negocios
escándalosos, entre otros.
El exceso de ruido se ha convertido en la denuncia número
uno de la ciudadanía. Sin embargo, aún no cuentan
con los instrumentos legales para sancionar este tipo de faltas.
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