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De tú a tú con sus ex “camaradas”

Américo Martín fue el jefe de la guerrilla venezolana en la década de los sesenta. Por esas paradojas de la vida, ahora es, quizá, el principal negociador de los antichavistas, un anti marxista.

Lafitte Fernández
Enviado especial/
El Diario de Hoy
Caracas, VENEZUELA.

nacional@elsalvador.com

Los grupos de chavistas (abajo) estuvieron a punto de enfrentarse a grupos de la oposición en las calles de Caracas. Foto EDH / AP

Al antiguo comandante general de la guerrilla venezolana, en los años sesenta, su pueblo lo sacó de un cubículo universitario y lo puso a negociar, contra el gobierno, la salida de Hugo Chávez y el adelanto de las elecciones.

A sus 64 años, Américo Martín, el líder guerrillero que dejó el marxismo en los años ochenta, ya no anda botando gobernantes con una ametralladora en su hombro: ahora usa la palabra para quitar a Chávez.

Américo es uno de los principales líderes de la oposición que negocia, frente al Secretario General de la OEA, César Gaviria, que Chávez se marche.

Asimismo, es, en Venezuela, un espigado e ilustrado hombre casi mítico que se convirtió en un negociador de la oposición porque se lo pidieron los representantes de eso que llaman ahora sociedad civil.

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En los años sesenta peleó, con las armas, contra la dictadura de Pérez Jiménez y ahí estuvo su primera equivocación: creyó que bastaba el marxismo y un fusil para quitar a cualquiera del poder, como lo dice ahora.

En aquellos tiempos en que querían poner a hablar español al socialismo, vivió mucho tiempo al lado de Fidel Castro.

Américo confiesa que todavía respeta su inteligencia pero sus ideas no. Mucho menos admira su papel de dictador o de partero de aspirantes a tiranos, como percibe a Chávez.

Cuando jefeó la guerrilla venezolana, al lado suyo pelearon varios salvadoreños cuyos nombres no recuerda. Los conoció por sus seudónimos.

También albergó, en residencias estudiantiles de Caracas, a quienes, más tarde, llegarían a ser los principales líderes guerrilleros de Nicaragua, Guatemala y El Salvador.

Américo, quien se deshizo del marxismo después de tomarse un “purgante de sensatez y vergüenza”, era, a los 16 años, presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de Venezuela. ¡Todo un fenómeno intelectual, en aquellos tiempos!

Diputado dos veces y candidato presidencial del MIR, un partido de izquierda, en 1978, es un hombre de prolongada calvicie y con dotes naturales de líder.

Fue Pietro Lungo, un joven abogado, desapasionado analista político y profesor de la escuela militar, quien me presentó a Américo, aunque ya muchos otros me habían hablado de él.

 

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