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¿Qué le pasa a Firpo?
La
pregunta se queda sin respuesta clara, porque ni los jugadores ni
el cuerpo técnico tienen una explicación cierta que
aclare la caída sin fondo que experimenta el cuadro pampero
Roberto Aguila
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
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El conjunto usuluteco se
cayó de la noche a la mañana, y nadie se explica
los motivos que influyeron en el descalabro. Foto
EDH
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El conjunto usuluteco se cayó de la noche a la mañana,
y nadie se explica los motivos que influyeron en el descalabro.
Sobre todo, porque no tuvo presiones de ningún lado, siguió
contando con el apoyo incondicional de sus directivos, y hasta se
reforzó con el defensor Juan Pablo Chacón y el delantero
Israel Castro Franco para curarse de algunas fisuras funcionales
que padeciera.
Sin embargo, contando con esos refuerzos, el cuadro pampero recibió
tres derrotas, y logró un triunfo y un empate en sus últimas
cinco presentaciones, marcando un solo gol y recibiendo ocho. A
partir de esta caída en picada, comenzaron las especulaciones
alrededor de un hecho que no entra en el marco de lo racional. Como
consecuencia se llegó a dudar de la capacidad de Milos Miljanic,
su técnico, para manejar los resultados. Se llegó
a pensar en una rebeldía sin justificación de los
jugadores. Con todo, nada de lo supuesto contó con un respaldo
de veracidad.
¿Qué pasa, entonces?
Leonel Cárcamo Batres, que ahora actúa en el plantel
como preparador físico, pero que como jugador se convirtió
en el símbolo de un Firpo incontenible que arrasaba con todo,
tampoco tiene una explicación fácil, a pesar de que
conoce más que nadie la índole de reacción
de muchos jugadores pamperos por haber compartido alegrías
y penas con ellos.
Cuando lo abordamos para tocar el tema, nos dijo: Este asunto
tiene un trasfondo que no logramos entender. Porque no se trata
de deficiencias técnicas, tácticas o físicas.
Ni siquiera se asoma a la falta de actitud de los jugadores, porque
usted ha visto que el equipo propone el partido, busca el resultado
con la misma postura de siempre, pero no logra plasmarlo en la meta
rival. Y lo dijo con la sinceridad que siempre manejó
en sus años de jugador.
Concluyó que la respuesta hay que buscarla en la frustración
que el jugador enfrenta cuando realiza el mayor esfuerzo por ganar,
pone todo el empeño y supera al rival en todos los aspectos
del juego, y llega una y otra vez al marco contrario, pero la pelota
no entra. Todos los que hemos jugado fútbol sabemos
lo que eso significa, la desesperación que lo consume a uno
por revertir la mala racha, la presión que termina extenuando
al jugador. Yo creo que esa situación es la que estamos viviendo
en Firpo. La charla diaria con los jugadores ha girado en torno
a éso: no desesperarse y enfrentar los partidos que faltan
con la mayor tranquilidad. A ver qué pasa, finalizó
Cárcamo Batres.
Nuestra visión
Algunas cosas las compartimos con Leonel Cárcamo, otras no.
Y éstas entran en el orden funcional que asume Firpo en todos
los partidos, sin un mínimo de cambio porque el rival es
distinto y va a proponer otra cosa muy distinta a lo que propuso
el rival de la semana pasada.
Así la situación, Firpo lateraliza el juego con cualquiera
que tenga enfrente, sin asegurar el camino al gol como lo aseguraba
antes de que la maniobra fuera archiconocida por todos. Es más,
últimamente lateraliza el juego sin conseguir desborde, como
lo conseguía antes, y entonces el centro de Jorge Sánchez
o de Héctor Canjura, por no ganar desborde, termina siendo
un pelotazo de frente que los zagueros rivales devuelven con comodidad.
Sin embargo, esta falta de ideas ofensivas no lo es todo. Porque
enfrentando a Limeño, el domingo pasado, Israel Castro ganó
la última línea del fondo y metió el centro
atrás, justamente por donde entraba Santos Cabrera con todo
el arco de frente. Y ocurrió lo insólito: que Cabrera
sacó el derechazo y no le pegó a la pelota. O sea,
la consecuencia de lo que afirma Cárcamo Batres: la inseguridad
que ha invadido el alma pampera.
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