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La búsqueda y captura de los asesinos de Leticia

Todo pasó entre las 10:00 p.m. y la medianoche. Una joven socorrista fue asesinada por una pandilla de rateros. La Policía los pudo capturar

Roxana Huezo
Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Los restos de sangre en el pantalón de Karla Xiomara Mejía, de 20 años, delataban su crimen. Foto: EDH/Carlos Hermann Bruch

Alcancé a ver cuando el alma abandonaba el cuerpo de Leticia Alvarado.
Leticia caminaba por la 2a. Avenida Norte, en compañía de su primo, Osmani Aparicio.
De repente, tres “muchachos” se les atravesaron en el camino. Querían robarles. Leticia y Osmani no tenían dinero. Uno la sujetó a ella, los otros dos a él. El más “pequeño” de los tres jóvenes le robó la vida a Leticia con tres puñaladas.

Otros tres adolescentes también fueron asaltados. A uno de ellos le robaron un zapato. “Me lo quitó una bicha que parecía niño, pelo corto. ¡Una marimacha!”, dijo. Hasta ese momento se supo que el asesino de Leticia era una mujer.

Los jóvenes no dudaron en guiar a los policías hacia los delincuentes.
Osmani lloraba. Socorristas de la Cruz Roja le dijeron que había muerto.
“¡No la quiero dejar! ¡Hagan algo, aunque sea la paja! ¡Llévenla al hospital!”, les suplicaba mientras ponía sus manos sobre la cabeza.
Le tocó lo más duro. Escuchó las últimas palabras de Leticia y habló a la madre de su prima para notificarle la tragedia.

“Yo le dije que corriera, pero ya no pudo. Lo único que les dijo a los ladrones fue ‘cálmense’. Le hice parada a varios taxis y no pararon. ¡Yo les iba a pagar!”, contó.
“¡Hey vengan... vamos a la delegación centro, parece que ahí los tienen!”, anunció uno de los policías.

Reconocimiento

Ahí estaban esposados cuatro jóvenes y una pequeña mujer. Los capturaron en la “Ramada”, sobre la Alameda Juan Pablo II. Su apariencia era como la había descrito uno de los testigos: pelo corto, parecida a un niño.

“¡Yo no he matado a nadie! Yo lo que ando son cuatro dólares y una cadena que me regaló mi mamá para mi cumpleaños. Esas argollas de plata son mías”, repetía hasta el cansancio Karla Xiomara Mejía Henríquez, la supuesta asesina, de tan solo 20 años.
-¡Esa bicha a saber quién es! ¡Yo no la conozco!- aseguraba Benjamín Rivas.
- Hey Benjamín, no lo negués, ¡si vos sos mi marido! Vos me regalaste esas argollas de plata- dijo Karla.

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- Yo no le he dado nada. Yo pasando iba- contestó.
Más atrás estaba José Raúl Juárez, quien se declaró marero. A la par estaban otros dos tipos.
Los testigos identificaron a Karla, José Raúl y a Benjamín como los asaltantes. Les decomisaron un enorme cuchillo, todavía con restos de sangre.

“A ella la traen bastante seguido a la delegación”, comentó un policía. Aunque reincidente, nunca había sido acusada de asesinato.
“¡Calmate! ¡Vamos a salir en tres días!”, pronosticó Karla, mientras hablaba casi en secreto con Benjamín.
Leticia seguía tirada en la acera. Su madre llegó para identificar a la joven socorrista y estudiante de Medicina.

 

 

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