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Los otros juegos

Con la presencia de Fidel Castro, Cuba inauguró su Olimíada Nacional. El líder cubano aprovechó para criticar a El Salvador.

AGENCIA EFE
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

El presidente de Cuba, Fidel Castro, afirmó el martes por la noche que El Salvador, sede de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, "no tenía condiciones físicas ni morales" para recibir a los deportistas cubanos que iban a afrontar esta competición.

El líder cubano inauguró, junto al colombiano Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura, la primera Olimpiada Nacional del Deporte Cubano, que se desarrollará como alternativa a la ausencia de los antillanos a la cita regional salvadoreña.

"Después de un año de tenaz esfuerzo, de preparación y entrenamientos, por razones absolutamente ajenas a nuestra voluntad nos vimos obligados a suspender la asistencia de nuestros atletas a un evento deportivo, al que a lo largo de muchas décadas, desde su propia fundación, jamás nuestro país ha dejado de asistir", manifestó.

El presidente cubano señaló que los representantes de su país estuvieron presentes incluso "en aquellos tiempos en que sólo unos pocos atletas integraban la delegación cubana, que, a base de coraje y patriotismo, obtenían algunas medallas como gloriosos precursores de la potencia deportiva" que es hoy Cuba.

"De una forma o de otra muchas veces nos trataron de excluir de las competiciones internacionales. Constantemente los eventos son escenarios de provocaciones y hostigamientos, siempre desafiados por nuestras valientes delegaciones", dijo Castro.

"Incluso -añadió- en una ocasión estuvimos dispuestos a llegar a nado desde nuestro transporte marítimo a unas competiciones centroamericanas", en referencia a la cita de Puerto Rico’66.

"Ahora no valía la pena hacer algo parecido" apostilló Castro.

"Un país (El Salvador), que con el total apoyo de su gobierno ha sido y es guarida de asesinos mercenarios, se han llevado a cabo hasta años bien recientes ataques terroristas contra nuestros hoteles, han fraguado proyectos para destruir monumentos históricos, con riesgos de sangrientos masacres para nuestra población, dirigidos y pagados por la mafia terrorista de Miami", afirmó el líder cubano.

Agregó que "un país cuyas autoridades han sido cómplices del trasiego de armas y la organización de planes de asesinatos contra la representación cubana en importantes eventos internacionales, donde la ley y el orden interno han dejado de existir, no estaba en condiciones de ofrecer la menor garantía para la integridad física y moral de nuestros atletas".

A esta situación, dijo Castro, "se añadió la gota que colmó la copa, pues ni si quiera se accedió a la solicitud de contactos con las autoridades de ese país para discutir las cuestiones de seguridad para una delegación de casi 1.000 cubanos, allí donde ni siquiera existe una sede diplomática de Cuba".

"Al parecer, los terroristas y sus aliados, creían que nuestro país no renunciaría a las medallas y los récords que obtendría su delegación en esos Juegos, prefiriendo arriesgar a sus atletas, entrenadores y dirigentes deportivos, poniéndolos a merced de criminales cobardes y sin escrúpulos", expresó.

"Creyeron -agregó- que era posible olvidar y dejar de tener en cuenta que precisamente allí en esa ciudad actuó impunemente como hoy actúan sus cómplices y aliados, uno de los dos principales responsables de la voladura en pleno vuelo de la nave aérea en que viajaba el equipo juvenil cubano de esgrima", al referirse, sin mencionar su nombre al anticastrista Luis Posada Carrilles, detenido actualmente en Panamá por un presunto intento de atentar contra la vida del líder cubano en la X Cumbre Iberoamericana.

 

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